La única feminista en el Vaticano: "En la Iglesia, las mujeres no existen, nadie las escucha"

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En la Iglesia “las mujeres no existen, nadie las escucha”, pero la Iglesia no tiene futuro sin las mujeres, que son la otra mitad del cielo. La única feminista del Vaticano,

Lucetta Scaraffia, 70 años, madre de Sofia y abuela flamante de Davide, 2 meses, está particularmente indignada por el ultimo escándalo que estalló dentro del maxi escándalo de los desmanes sexuales de los curas: el abuso sexual de las monjas, con denuncias que se han difundido en varios países del mundo.

Scaraffia es la responsable del suplemento Mujer Iglesia Mundo del diario vaticano L’Osservatore Romano y colabora con los mejores diarios y revistas italianas. Es profesora de Historia Contemporánea en la Universidad de Roma, La Sapienza.

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-Usted sostiene que los abusos de las religiosas son la punta de diamante de la discriminación a las mujeres en la Iglesia.

-Mientras las mujeres sean abusadas por los curas, jamás serán respetadas. Aunque pongan algunas mujeres en los Consejos Pontificios, elegidas por su obediencia. La Iglesia no ha nombrado ni una comisión para demostrar que el problema existe. A las mujeres no las ven, no existen. Cada tanto hacen una mínima apertura.
En el último año hubo muchas denuncias sobre los abusos de las monjas y han comenzado a hablar.Tienen derecho a que las respeten. La condición de la mujer en la Iglesia debe cambiar. No puede seguir cerrando los ojos ante esta tragedia. Además la violación de las monjas comporta la procreacion y este es el origen de los abortos impuestos y de los hijos no reconocidos por los curas. Si la Iglesia no modifica radicalmente esta situacion la opresión de las mujeres en la Iglesia no cambiará nunca.

Mientras las mujeres sean abusadas por los curas, jamás serán respetadas.

Lucetta Scaraffia

-Hay un caso que fue famoso en su momento y sobre el cual descendió después un silencio blindado. En mayo 2001 los vaticanistas fuimos convocados por el portavoz de Juan Pablo II, Joaquín Navarro, que sin mencionar a Africa describió las graves denuncias presentadas por superioras de órdenes norteamericanas como sor Maura O’Donohue y sor Marie McDonald.

-Si, fue terrible. Ellas recogieron las denuncias de superioras africanas que revelaron que en muchas diócesis los sacerdotes sometían a las monjas.

-A las superioras que protestaban algunos obispos les explicaron que las monjas “no padecen el sida” como justificación. La respuesta fue castigar a las superioras locales. Después hubo un silencio total.

-Esta tragedia se difundió también en Asia y otras regiones. Hasta en Roma, donde hace poco hubo nuevas denuncias de que prelados africanos siguen abusando de las monjas que están aquí para estudiar. Hay dos religiosas en la Universidad Urbaniana: están aterrorizadas y no quieren hablar por temor a las represalias. Finalmente todo ha sido cubierto, especialmente el tema de Africa. El silencio cayó sobre las denuncias y se sabe bien como el silencio de hecho contribuye a darle seguridad a los violadores, siempre más seguros de su impunidad. Lo escribí en el último suplemento de Mujer Iglesia Mundo que acaba de publicar L’Osservatore Romano. En la historia de la Iglesia hay siglos de cultura en los que la mujer es considerada una tentación peligrosa. Estas violencias, aunque denunciadas, son consideradas transgresiones consentidas, incluso las han llamado “historias románticas”, para enmascarar los abusos. Pero se han iniciado campañas, por ejemplo en Francia, para que las religiosas denuncien a sus agresores.

-Hace poco renunció su cargo como alto prelado de la Congregación para la Doctrina de la Fe, padre Hermann Geissler, austríaco, muy apreciado durante veinte años. Usted no parece de acuerdo con su alejamiento.

-No, el religioso fue inducido a la dimisión por un aluvión de artículos de la prensa que lo presentaron como culpable de abusos a una ex monja (sor Doris Wagner), al intentar en 2009 abrazar y besarla durante la confesión. Pero una invesigación había concluído solo con una admonición por haber acariciado a la monja, un gesto invasivo pero no violento.

El aborto es un pecado pero no un delito. La mujer ha pagado con su cuerpo, dolor físico y psíquico. El hombre no y tampoco es acusado. Una verdadera injusticia“.

Lucetta Scaraffia

-Usted está por la legalización del aborto.

-Si porque es un pecado pero no un delito. La mujer ha pagado con su cuerpo, dolor físico y psíquico. El hombre no y tampoco es acusado. Una verdadera injusticia. El delito de aborto, además, fue “laico”, por así decir. Lo impuso Napoleón en sus códigos porque necesitaba hombres para sus guerras.

-¿Y por el matrimonio entre homosexuales?

-No. No se puedee ccmparar el amor conyugal al amor gay. Estoy a favor de las uniones civiles, pero sin derecho a la adopción o la maternidad subrogada.

-De los anticonceptivos acepta solo el preservativo. ¿Por qué?

-Porque a las mujeres les hacen mal las pildoras y otros remedios químicos. Por eso muchos jóvenes reivindican hoy el método natural, como propuso Pablo VI en su encíclica “Humanae Vitae”.

-¿Cómo entró usted al Osservatore Romano?

-El Papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, le pidió al director del “Ossevatore, Giovanni María Vian, “más firmas femeninas” en el diario. Con Vian nos conocíamos desde hace mucho.

-¿Y Francisco?

-El Papa ha hecho muchas cosas por las mujeres. Ha buscado sobre todo abrir las puertas e iniciar procesos que forman parte de su programa de trabajo. Desde comienzos de su pontificado reiteró varias veces la frase “servicio no quiere decir servidumbre”, lo que es muy importante. La frase ha dado coraje a muchas mujeres para rebelarse contra situaciones de servitud. También a nosotros, en el suplemento de Iglesia Mundo, de hacer la investigación que denunció en el “Osservatore Romano” sobre tantas religiosas que trabajan como siervas en casas de cardenales, obispos y sacerdotes en Roma.

-¿Apoya el sacerdocio de las mujeres?

-Prefiero que continúen siendo libres. Si las ordenan caerán también en el clericalismo y deben ser una contradicción crítica en la Iglesia. Estoy a favor de que haya mujeres cardenales, sin la ordenación sacerdotal. En la antigued de la Iglesia existían purpurados que no habían sido ordenados. Creo que podrían ser colaboradores del Papa hasta en los más altos niveles, como jefes de dicasterios, participar de la preparación del Cónclave e incluso participar en la asamblea en la Capilla Sixtina las que sean cardenales.

-Me temo que ese sueño suyo no lo vamos a ver.

-Nosotros no. Después quién sabe.

-El Papa ha convocado para fines de este mes a los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo para tratar las medidas efectivas que permitan contener la expansión de los abusos sexuales de los curas a menores. ¿Cree que lo logrará?

-Ojalá. Pero la Iglesia nunca afrontó la revolución sexual. Y tiene dentro muchos sacerdotes pedófilos. Hay muchos más que son homosexuales y también misóginos que no quieren saber nada con las mujeres. Creo que muchos curas creen que para curarse la neurosis de la castidad todo está permitido. En cuanto a los homosexuasles, que son tantos, en particular en el Vaticano, una buena parte llegó a la Iglesia porque tiene miedo de relacionarse con las mujeres. Me pregunto cómo se puede hablar del cuerpo si se ignora a la mitad del género humano”.

-¿Usted sigue siendo feminista?

-- Si, sobre todo frecuentando el Vaticano.

Vaticano. Corresponsal

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