En un regreso al pasado, Estados Unidos rechaza los trenes de alta velocidad

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El probable abandono del proyecto del tren de alta velocidad entre San Francisco y Los Angeles, en el rico estado de California, ilustra la dificultad de desarrollar ese medio de

transporte en Estados Unidos, donde encuentra un sinfín de obstáculos políticos y culturales, además de una formidable oposición del lobby de las empresas petroleras.

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Los expertos marcan el hecho de que el país de la innovación da la espalda al futuro e insiste con un modo de transporte ligado a los hidrocarburos y, por tanto, asociado al pasado. Lejos quedó la época en que el camino de hierro era la vía para la conquista del oro en el lejano oeste.

Hoy, el transporte ferroviario de pasajeros no está a la altura: el apoyo político es débil; la gente prefiere el auto o el avión; y los grupos de presión, como el del transporte de mercaderías, rechazan compartir las líneas férreas.

Emergencias. Una formación de la empresa Amtrak tras un accidente en las vías en Carolina del Sur (Reuters).

Emergencias. Una formación de la empresa Amtrak tras un accidente en las vías en Carolina del Sur (Reuters).

“El Congreso está contaminado por intereses financieros particulares -en su mayoría emanado de los sectores petroleros, de la aviación y del automóvil- que se esfuerzan desde hace años por impedir toda inversión ferroviaria”, explica Andy Kunz, presidente del US High Speed Rail Association, un grupo de lobby a favor de las líneas de alta velocidad.

Mientras China construyó en algunos años la más amplia red de trenes de alta velocidad del mundo, EE.UU. ni siquiera está listo para entrar en esa carrera. El gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, anunció su intención de abandonar el proyecto de tren de alta velcidad que uniría el Estado de norte a sur. Es muy costoso y muy largo, argumentó. Aunque reconoció:“No hay duda de que la economía y la calidad de vida en nuestro estado dependen de la mejora de los transportes”.

Espera. La "rush hour" en la Penn Station, en Nueva York, cuando miles de estadounidenses toman sus trenes (AP).

Espera. La "rush hour" en la Penn Station, en Nueva York, cuando miles de estadounidenses toman sus trenes (AP).

Pero ante un proyecto cuyo costo aumentó 20% (unos 77.000 millones de dólares) y una realización aplazada (de 2029 a 2033 en el mejor de los casos), se resolvió a finalizar por el momento el tramo entre Merced y Bakersfield, dos ciudades de Central Valley, una región agrícola relativamente aislada.

“Central Valley siempre formó parte de la fase 1” del total del proyecto, reaccionó Kunz, convencido de que toda California terminará por dotarse de su propio tren de alta velocidad, cuando la línea Bakersfield-Merced “haya demostrado su viabilidad” y que los estadounidenses le hayan tomado el gusto a este transporte, muy popular en Europa, China y Japón.

California es el estado más rico y poblado del país, con unos 40 millones de habitantes. En 2008, sus electores habían autorizado en referéndum una inversión de unos 10.000 millones de dólares para el financiamiento parcial de 830 km de la línea de gran velocidad entre San Francisco (norte) y la bahía de Los Angeles (sur).

El presidente Donald Trump también entró en el debate: “California debió anular su proyecto (...) tras haber (...) gastado y desperdiciado millones de dólares”, disparó el miércoles en Twitter.

Saludo. Dos pasajeros se abrazan tras encontrarse en en Nueva York (AP).

Saludo. Dos pasajeros se abrazan tras encontrarse en en Nueva York (AP).

Por su parte, Kunz destaca que el proyecto californiano es de “interés nacional”, citando sus principales beneficios: descongestionar las rutas y los miles de aeropuertos, disminuir la contaminación. Pero los gobiernos son reticentes a financiar proyectos muy costosos y que se traba con la legislación. “Es muy difícil para los gobiernos obligar a los particulares a vender sus terrenos”, explica Jacob Kirkegaard, experto en el Peterson Institute for International Economics. Si en Europa los países pueden invocar el interés general, en EE.UU. las leyes defienden los derechos individuales. De hecho, todo gran proyecto de infraestructura se expone a procedimientos judiciales interminables que conllevan sobrecostos que comprometen su viabilidad.

Además, debido a la geografía del país, los trenes de gran velocidad no son los medios de transporte más prácticos, estima Jacob Kirkegaard, que también ve otros problemas, como tener que emplear una hora y media para ir a tomar el tren en un ciudad como Los Angeles.

Ante todo, los ciudadanos están muy ligados a sus vehículos, símbolo de libertad individual. Con la nafta a precios accesibles, no están desmotivados a utilizarlo. “No hay duda de que el automóvil y la amplia red de infraestructura (vial) es un problema para la evolución hacia un transporte público con trenes de alta velocidad”, concluyó Kirkegaard.

Fuentes: agencias AFP y EFE