México: familiares de desaparecidos recurren a los chicos en busca de pistas

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La presencia de una tirolesa y vivaces payasos convirtieron la cancha gris de básquet del pueblo mexicano de Escuchapa en un circo. En la localidad, ubicada en el violento estado de

Guerrero, los chicos viven entre la despreocupación de la infancia y la brutalidad del mundo a su alrededor.

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Hay un objetivo sombrío detrás de la diversión de este circo: con un lenguaje lúdico, sus participantes --familiares de desaparecidos-- recurren desesperados a los más pequeños en busca de pistas para dar con sus seres queridos.

Escuchapa, una empobrecida localidad de unos 600 habitantes, forma parte de la larga lista de lugares en México devastados por la espiral de violencia y desapariciones que se desencadenaron en 2006, cuando el gobierno militarizó la guerra contra el narcotráfico. De acuerdo con cifras oficiales, el país actualmente cuenta con más de 40.000 personas desaparecidas. Una multitud de fosas clandestinas fueron descubiertas en esta región sureña.

En medio de esta violencia, los narcotraficantes reclutaron, a veces por la fuerza, a un sinfín de chicos como "halcones" (colaboradores) y sicarios.

Una nueva estrategia

El espectáculo interactivo dirigido a alumnos de primaria es uno de los nuevos ejes de la última brigada de búsqueda de desaparecidos hecha por familiares, activistas y voluntarios en Guerrero.

Una familiar de un desaparecido, disfrazada antes de entrar en contacto con el grupo de niños. / AFP

Una familiar de un desaparecido, disfrazada antes de entrar en contacto con el grupo de niños. / AFP

Buscar fosas clandestinas con picos y palas entre matorrales, y suplicar a feligreses durante misas que digan en privado si saben algo sobre el destino de sus seres queridos, son otras de las herramientas que usan.

En Escuchapa, el acercamiento a los niños comenzó con casi una hora de chistes de los payasos.

Enseguida llegó el contraste amargo e ineludible: los payasos comenzaron a mostrar grandes fotografías de rastreos en pozos de agua y barrancas, que los niños observaban con asombro y entusiasmo por los hallazgos narrados.

Los menores en estas regiones crecen rodeados de rumores sobre secuestros y masacres. En Escuchapa, hay un sitio conocido como el Pozo de las Guacamayas, donde los lugareños dicen que hay cadáveres.

"Son personitas que tienen que estar informadas. Son tan receptivos, y tienen información... porque ven las camionetas pasando con armas y a esta gente mala paseándose como si nada", explica a AFP María Herrera, una mujer de 70 años que sufrió la desaparición de cuatro de sus ocho hijos.

Herrera ha intentado ya varias veces transmitirles a los chicos cómo se siente que desaparezca un hijo.

Con los espectáculos infantiles, los familiares de desaparecidos buscan que niños empleados por el narcotráfico los ayuden a ubicar a sus seres queridos. / AFP

Con los espectáculos infantiles, los familiares de desaparecidos buscan que niños empleados por el narcotráfico los ayuden a ubicar a sus seres queridos. / AFP

"Se siente como cuando un compañerito te saca un lápiz o un color que tú necesitas y quieres mucho, sin pedirte permiso. Da mucha tristeza ¿verdad?", les dice.

Airam López, una joven de 29 años que busca a su esposo desaparecido en 2011, ocultó su permanente tristeza para vestirse de payasa.

"Les explicamos cómo excavamos, y que también buscamos pistas anónimas", comentó.

Los improvisados cómicos se dividieron para enseñarles a los pequeños algo de danza aérea, ayudarlos a deslizarse en una tirolesa, y acompañarlos mientras dibujaban lo que querían.

Los niños, cada vez más involucrados

Además de ser expuestos a la violencia de la "guerra del narco", los chicos participan de ella cada vez más.

Los pequeños se han convertido "en la nueva infantería del narcotráfico", explicó Alejandro Almanzán, un experto en los poderosos cárteles y sus vínculos con autoridades corruptas.

"Hace poco fui a Tijuana, y vi a niños de 12, 15, 17 años de edad, armados hasta los dientes. Mi guía me contó que los narcos... los están reclutando porque los jóvenes ya no quieren ser sicarios, al fin entendieron que los matan, que solo los capos sobreviven", prosiguió.

Pero los más chicos, concluyó, "son reclutados con droga". "Su edad ayuda porque no van a la cárcel. Los que siguen en el negocio creen que más valen cinco años como rey que 50 como buey, o son jóvenes reclutados a la fuerza", completó.

Al final del circo, todos los niños fueron invitados a escribir alguna pista y a depositarla anónimamente en el "buzón de la paz".

"Les entregamos a todos hojitas en blanco para que si alguien sabía de algún punto, alguna fosa, pudieran poner los datos de forma anónima (...) Nos dieron varios puntos", añadió López.

La seguridad de los niños y de cualquier informante es cuidada con extremo celo por los organizadores. Además de que jamás revelan a nadie su identidad, la información nunca llega a las autoridades de las escuelas, iglesias o gobierno.

Ante la falta de resultados en las investigaciones, los brigadistas buscan "seres humanos que puedan asistir en la búsqueda de desaparecidos, como así también brindar información, reconstruir el tejido social y fomentar procesos de construcción de paz", comentó a la AFP Andrés Hircsh, del colectivo ReverdeSer.

Durante el tiempo que duró la brigada, se localizaron siete cadáveres y más de 100 restos humanos.

Según el gobierno, se han descubierto 1100 fosas clandestinas en la última década en México.

Fuente: AFP

MAP