La supertecnología de Adolf Hitler que aterrorizaba a los aliados

Internacionales
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Dicen que "caían 25 aviones por uno nazi". La supremacía en los cielos de la Alemania de Adolf Hilter en la Segunda Guerra Mundialera el terror de los aliados.

En realidad, según destaca un artículo del diario ABC de España, la maquinaria de guerra nazi era una potencia a nivel tecnológico y fue en el aire donde se destacó más.

Según el artículo titulado "La olvidada supertecnología de Hitler que aterrorizaba a los aliados", desde la construcción de la primera nave espacial de la historia hasta la realización de unos pioneros diseños de aviones invisibles al radar, Adolf Hitler logró que la aviación alemana se adelantase casi medio siglo a su tiempo sentando las bases de la tecnología aérea moderna.

Como ejemplo de esa avanzada, figura la fabricación de las primeras aeronaves a reacción y de gigantescos bombarderos que podían recorrer miles de kilómetros sin repostar.

Adolf Hitler leyendo un libro en pleno vuelo./ ARCHIVO

Adolf Hitler leyendo un libro en pleno vuelo./ ARCHIVO

"La potencia destructiva y las técnicas usadas eran tan avanzadas que hasta el último momento Hitler mantenía aún esperanzas de poder dar un golpe sorpresa a los aliados", dice el escritor José Lesta en su libro El enigma nazi, citado por ABC.

Al parecer la motivación y obsesión de Hitler era bombardear Estados Unidos. Pero semejante campaña era imposible. Por entonces, ningún avión tenía la suficiente autonomía para volar desde Alemania a América del Norte. Y justamente esa fue la razón para construir uno que sí pudiera.

"Sin duda el proyecto más futurista y adelantado a su tiempo, con el que los nazis querían bombardear Estados Unidos, era el del 'Bombardero Suborbital Sänger-Bredt'. De lejos el más atrevido invento secreto de la aeronáutica alemana", explica Lesta en su libro.

El libro de José Lesta y los "misterios" nazis.

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"Consistía en una nave que debería alcanzar una altitud espacial a la fantástica velocidad de 'match 20' –veinte veces la velocidad del sonido", afirma Lesta.

En síntesis, los alemanes pretendían lograr que uno de sus cohetes fuera tripulado y armado con un explosivo. Elevarlo hasta la atmósfera y luego arrojar su carga sobre Washington.

"Finalmente, tras dejar caer su carga mortífera de bombas, regresaría del mismo modo a su base, aterrizando a 500 km/h y desplegando unos paracaídas traseros que le facilitarían la maniobra, tras haber cruzado la mitad del planeta. Además, una de las novedades características de esta nave era que podía ser reutilizada a las pocas horas de su aterrizaje", dice Lesta. En total, toda esta misión dudaría unas 27 horas.

Sin embargo, y según Lesta, la llegada del final de la contienda impidió que el proyecto se finalizara. El régimen además terminó apostando por diseños más tradicionales y menos experimentales.

Con todo, el encargado de construir la diabólica nave era el ingeniero aeroespacial austríaco Eugen Sänger.

Fue Sänger quien propuso el vuelo propulsado por cohetes. Fue su tema de tesis en la universidad, pero fue rechazado por fantasioso. Pero su fantasía llegó a oídos del Ministerio de Aviación del Reich, y se convirtió en la base del proyecto Amerika, es decir la construcción de una nave capaz de bombardear Estados Unidos.

El trabajo de Sänger sería la base de desarrollos posteriores. Según Lesta, las investigaciones de Sänger fueron usadas finalmente por la propia NASA.

Otro de los proyectos revolucionarios de la Alemania nazi fue el "Messerschmitt Me 262", el primer caza a reacción operativo del mundo.

El uso de este tipo de aviones significaba un cambio radical en la forma de entender los combates aéreos. Y es que, durante la década del 40 el principal sistema de propulsión era a hélice, explica ABC.

El nuevo motor a reacción daba mayor velocidad a los aviones además de más altura y autonomía.

El Me 262 fue un dolor de cabeza para los aliados. "Los aliados no daban crédito a lo que veían. Mientras ellos se movían lentamente con sus viejas hélices, los Messerschmitt alemanes surcaban los cielos a 850 km/h, una velocidad nunca vista", sentencia Lesta en su libro.

Y "por cada Messerschmitt derribado, caían 25 aviones aliados".