Cumbre de jefes de Estado y de gobierno en París para frenar el terrorismo en las redes sociales

Internacionales
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La masacre contra los musulmanes en Nueva Zelanda y la cohesión que su primera ministra, Jacinda Ardern, generó en las horas que siguieron fue una inspiración y un modelo

para el mundo. Así nació “la llamada de Christchurch”, una cumbre en Paris entre 15 gobiernos y las empresas de redes sociales, “para combatir el terrorismo en línea”.

El presidente Emmanuel Macron y la primera ministra neozelandesa lideraron este encuentro en el palacio del Eliseo, en el que participaron tres presidentes, cinco primeros ministros, el rey de Jordania, un vicepresidente y ocho representantes de la industria de nuevas tecnologías, en la tarde del miércoles.

¿El resultado? Un acuerdo de cuatro páginas, donde gobiernos y empresas de las redes sociales se comprometen a luchar contra la publicación y la propagación de “contenidos terroristas y de violencia extremista en línea”.

Líderes de 15 países se reunieron este miércoles en el Palacio del Elíseo para discutir medidas para frenar el terrorismo y el odio racial en las redes sociales. /REUTERS

Líderes de 15 países se reunieron este miércoles en el Palacio del Elíseo para discutir medidas para frenar el terrorismo y el odio racial en las redes sociales. /REUTERS

El texto fue una iniciativa de Jacinda Ardern, como una inmediata reacción a los atentados de Chrischurch del pasado 15 de marzo, cuando un terrorista supremacista blanco fusiló a 51 personas en dos mezquitas y transmitió sus ejecuciones por las redes, en vivo. El terrorista, que Ardern juró nunca nombrar para no darle publicidad, concibió su ataque con una retórica de extrema derecha para conseguir la mayor viralidad en Facebook.

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El presidente Emmanuel Macron, que estaba dispuesto a fundar una "start up” e instalarse en el Silicon Valley cuando renunció a ser secretario adjunto del palacio del Eliseo durante el gobierno de François Hollande, se sumó al proyecto.

En los salones del palacio del Eliseo se reunieron ellos con la canciller alemana Angela Merkel, el rey Abdalah de Jordania, el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, el primer ministro canadiense Justin Trudeau, el primer ministro irlandés Leo Varadkar, entre otros, y los jefes de Facebook, Twitter, Google, Microsoft , Wikipedia para hacer un llamado “contra todas formas de contenidos terroristas y extremistas violentos” en las redes sociales.

Francia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Senegal, Indonesia, India, Japón, Jordania y la Comisión Europea, que busca regular la red con una ley de la UE al igual que algunos Estados, apoyan la iniciativa y firmaron el documento.

Las cuatro páginas son un compromiso voluntario y no legalmente vinculante “para una trabajo de colaboración y reflexión a largo plazo sobre los contenidos terroristas” en las redes. Su previo antecente fue “el llamado de París”, en el que el presidente Macron convocó a las ONG, a los gigantes de la Web y a los Estados "a segurizar la web y proteger a los internautas de ataques informáticos”.

En el documento, los gobiernos que apoyan el texto se comprometen a “luchar contra las causas del terrorismo y de la violencia extrema”, “aplicar las leyes” ya existentes en sus países para penalizar los contenidos terroristas” y “garantizar que los medios traten de manera ética” los atentados. Es decir, difundiendo imágenes de los ataques terroristas de manera responsable y sin sensacionalismo. Ellos prometen colaborar con las plataformas en línea “para reflexionar sobre instrumentos” para poder luchar contra esta forma de extremismo.

Las empresas de Internet, que sostienen la “llamada de Christchurch”, se comprometen a “adoptar medidas transparentes” con respecto a la concepción y la aplicación de sus reglas sobre la moderación de los contenidos terroristas. Al mismo tiempo propusieron un “análisis de algoritmos y otros procesos automáticos que pueden amplificar la propaganda terrorista y presionar a los internautas a consultar esta clase de contenidos”.

Cinco de estas empresas (Google, Amazon, Microsoft, Facebook, Twitter) adoptaron nueve compromisos concretos. Uno de ellos es la puesta en marcha de un sistema de moderación de contenidos específicos al video en directo, el desarrollo de una base de datos común a todos los actores de la web, incluidos los más pequeños, para poder descubrir más rápidamente la propaganda violenta.

Las empresas también se comprometieron a un “protocolo de crisis”, que va a ser activado frente a hechos graves, en los cuales se necesita una reacción muy rápida.

En esta respuesta política fue muy importante la participación de Sir Nick Clegg, ex viceprimer ministro de Gran Bretaña, liberal demócrata y ahora jefe de política pública en Facebook. Clegg fue contratado ante la pérdida de la credibilidad de la compañía, tras el escándalo de Cambridge Analítica, y es quien está impulsado estas medidas consensuadas con los gobiernos para limpiar la imagen de Facebook y su propietario, Marc Zuckerberg.

El odio en línea fue otro de los temas tratados. Después de resistencias de las empresas, ahora todas se encuentran abiertas a frenarlo en sus plataformas. En Europa hay varios proyectos de ley para reglamentar a los gigantes de la web y regularlos para que finalmente asuman sus responsabilidades. El Parlamento Europeo ha adoptado en primera lectura un reglamento obligando a las empresas digitales “a suprimir los contenidos que hacen apología del delito en menos de una hora”. Facebook y YouTube han sido forzados por Alemania a reaccionar ante la aparición de contenidos odiosos en menos de 24 horas. En Francia una ley contra el odio en linea será discutida en la Asamblea Nacional y en Gran Bretaña buscan regular las redes.

París, corresponsal