Angela Merkel: "Europa tiene que reposicionarse en un mundo que ha cambiado"

Internacionales
Lectura
Nico Fried, Stefan Kornelius, María Paz López. Süddeutsche Zeitung y La Vanguardia. Desde Berlín


Angela Merkel dejará la política, según anunció, a partir del 2021. Tras haber

participado en campañas electorales durante 18 años, como ella misma señala, esta es la primera vez, ante las europeas del 26 de mayo, que no interviene.

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-¿Diría usted que Europa “nunca antes había estado en tan grave peligro”?

-Me cuesta comparar la situación actual de Europa con los peligros que corrió en décadas anteriores porque no me tocó vivir en esa época y porque hoy en día participo activamente en los acontecimientos. Esto se puede valorar mejor desde fuera. Ahora bien, no cabe duda de que Europa tiene que reposicionarse en un mundo que ha cambiado. Algunas de las certezas resultantes del orden de la posguerra ya no son válidas en la actualidad.

-¿Cuál ha sido el punto de inflexión más importante de los últimos años?

-Evidentemente, la decisión de Gran Bretaña de abandonar la Unión Europea. Además, las crisis del euro y de la inmigración han sido extenuantes. Los dos proyectos de integración europeos de los años noventa, es decir, la moneda y las fronteras abiertas después de Schengen, fueron acertados e importantes. Pero se ha constatado que no estaban suficientemente preparados para responder a los ataques y temporales. En cuanto al euro, hemos mejorado. En lo que respecta a Schengen aún no hemos llegado a buen puerto.

-Esas dos crisis le han otorgado títulos controvertidos: la canciller de la austeridad, debido a la política de recortes, y la canciller de los refugiados, por no haber cerrado las fronteras. ¿Serán estos sus atributos en los libros de historia?

-De ese asunto yo no me ocupo. Lo importante es que la Unión Monetaria y el euro se hayan mantenido. Las reformas llevadas a cabo en Irlanda, España, Portugal y Grecia han resultado ser correctas, aunque no me cabe duda de que la carga que soportó la población fue enorme. Por otro lado, el tema de la inmigración nos seguirá acompañando durante las próximas décadas. A lo largo de los últimos cuatro años también hemos experimentado en Europa las consecuencias del terrorismo y las guerras civiles en Oriente Próximo y Oriente Medio y hemos ayudado a los más necesitados. Al mismo tiempo queda pendiente la tarea de contribuir a que precisamente los países de África también se encaminen hacia un buen desarrollo económico sostenible, cuestión ésta que redunda en interés de las dos partes.

-Con estos dos calificativos se le reprocha haber dividido a Europa en dos ocasiones: en la crisis monetaria entre el norte y el sur; en la política de refugiados, grosso modo, entre Oriente y Occidente, lo que también ha conllevado el fortalecimiento de los populistas. ¿Reconoce esta responsabilidad?

-Las decisiones solamente se pueden valorar en todo su alcance cuando se tiene en cuenta qué efectos habría tenido una política contraria. Si en la crisis del euro y en la crisis de los refugiados no hubiéramos actuado o lo hubiéramos hecho de un modo completamente distinto, considero que habría tenido mucho peores consecuencias que algunos problemas que tenemos hoy en día. No se trata de decisiones teóricas, sino de respuestas a la vida real. Si en todo el mundo hay casi 70 millones de desplazados forzosos, era comprensible que Europa tuviera que hacerse cargo de un poco más de un millón de ellos. Entiendo que esto genere debates sociales, pero es necesario mantenerlos. También hemos aprendido bastante a raíz de esta situación.

-A los países del sur les inquieta que se impongan nuevas medidas de austeridad.

-La crisis de la deuda en la zona euro nos ha mostrado que en algunos países hubo y hay que corregir errores económicos. Es cierto que necesitamos una convergencia, es decir, una armonización económica de los Estados miembros, pero para ello debemos orientarnos en la competencia a escala mundial con China, Estados Unidos y Corea del Sur. Si se limitara a una convergencia hacia la media europea, las futuras crisis nos podrían volver a afectar con crudeza.

-En los últimos años el presidente francés se ha presentado, con energía y acompañado siempre de nuevas propuestas, como reformador de Europa. A usted le ha quedado relegada la imagen de quien pisa el freno. ¿Por qué le cuesta tanto encontrar un término medio con Emmanuel Macron?

-Siempre encontramos un término medio. Es más, Alemania ha puesto en marcha toda una serie de iniciativas. Pensemos en nuestro compromiso en los Balcanes y en los llamados Compacts with Africa durante la presidencia alemana del G-20. De esta forma hemos puesto en marcha un proceso que ayudará a llevar inversiones privadas a los países africanos. También hemos marcado la pauta con nuestra Agenda del G-20 sobre salud global. Ciertamente, mantenemos una pugna constante. Tenemos mentalidades distintas y la forma en la que vemos nuestro rol también es diferente. Siempre ha sido así. El presidente Macron no es el primer presidente francés con el que trabajo.

-Con su fuerza coyuntural, con las flaquezas de Francia y la iniciativa propia de los británicos, Alemania se ha ganado un papel solitario en Europa. ¿Entiende la preocupación de muchos vecinos ante una Alemania demasiado fuerte?

-En estos momentos veo más bien preocupación por una Alemania coyunturalmente más débil, ya que nuestros vínculos económicos en la UE son muy fuertes. Además, algunos países escandinavos gozan igualmente de muy buenas economías. Y también algunos estados miembros de Europa Central y Oriental presentan tasas de crecimiento impresionantes y muestran cómo reforzar con éxito innovaciones e inversiones.

-Tiene que ver también con el coloso político del centro.

-Alemania no es un coloso. En Europa cada país tiene voz y voto. Nosotros abogamos por más convergencia, es decir, por armonizar las condiciones económicas y de vida. Por supuesto que Alemania ha evolucionado satisfactoriamente con las reformas llevadas a cabo a lo largo de la última década. Fue acertado apostar, además de por nuestra potencia exportadora, por la recuperación de la coyuntura interior. Es la que nos sostiene en estos momentos. Pero Alemania también ha de ganar en rapidez. Hay que volver a concientizarse más de que todo lo que debe repartirse primero hay que crearlo.

-Hablemos sobre las prioridades una vez que finalicen las elecciones. Tan sólo dos días después ya habrá que tomar decisiones sobre la cuestión de los nombramientos.

-Esa cuestión no se abordará, como mínimo, hasta la celebración del Consejo Europeo del 21 de junio. El 28 de mayo únicamente hablaremos sobre el camino que ha de seguirse. El Consejo Europeo debe proponer un candidato al puesto de presidente de la Comisión, que debería obtener también una mayoría en el Parlamento Europeo. Allí se efectuará la elección.

-A usted no le gustaba precisamente la candidatura de Jean-Claude Juncker…

​-Entonces sabrá que siempre he manifestado cierto escepticismo con respecto al principio de los candidatos principales; naturalmente, no contra Jean-Claude Juncker. Sin embargo, soy una buena miembro del Partido Popular Europeo (PPE), en cuyos estatutos está recogida la designación de un candidato principal. Veamos: el PPE tiene un candidato principal, que es Manfred Weber, y yo trabajaré para que sea elegido presidente de la Comisión en caso de que seamos la fuerza política más votada en las elecciones.

-¿Qué debe ocurrir en el Reino Unido para que usted pueda aprobar una nueva ampliación del proceso de salida el 31 de octubre?

-Esa es una cuestión de la que no tenemos que ocuparnos hoy. Para finalizar el proceso de salida de Gran Bretaña, sería necesario que en el Parlamento de Londres se obtuviera una mayoría a favor de algo, y no sólo en contra de algo.

-Tras las elecciones, el presupuesto de la UE será también uno de los focos de atención. A usted le habría gustado que se hubiera resuelto hace tiempo, pero no ha sido así. ¿Qué prioridades establece usted ahora? ¿Dónde es necesario efectuar una reestructuración?

-No nos hemos puesto de acuerdo en el marco financiero porque no todos los Estados miembros estaban convencidos de que fuera conveniente hacerlo antes de las elecciones.

-Francia se pronunció decididamente en contra...

-Es una tarea que debemos afrontar ya mismo. Resultará extraordinariamente complicado, por cuanto debemos incluir en el presupuesto la salida de Gran Bretaña sin saber todavía, a la vez, en qué programas quizá participen los británicos.

-¿Constituye la deuda italiana un factor de riesgo para el presupuesto y para la estabilidad del euro en su conjunto?

-Deseo que Italia encuentre la manera de mejorar su crecimiento. Todos somos interdependientes. Lo hemos visto durante la crisis del euro: dentro de la zona euro, nadie actúa desde la autarquía o en solitario. Esto es aplicable también a Alemania, en caso de que nuestro crecimiento llegara a debilitarse.

En Italia, a Matteo Salvini le gustaría integrar su Liga dentro del grupo del PPE. Y a Viktor Orbán le gustaría que el PPE se abriera en esta dirección. ¿Lo ve usted factible?

-No.

-Las actividades de los partidos de la derecha populista están dirigidas contra la Unión Europea. Se está debatiendo la aplicación de sanciones para las vulneraciones de derechos. ¿Favorecerá usted nuevos mecanismos de sanción después de las elecciones?

-Agotaremos todas las posibilidades que nos ofrece el tratado de Lisboa. Para cualquier otra actuación sería necesario modificar el tratado.

-¿Cuánto populismo puede soportar la UE antes de romperse? Este populismo antieuropeo corrompe el sistema desde el in­terior.

-Nos encontramos ciertamente en una época en la que debemos luchar por nuestros principios y valores fundamentales. Es en el ámbito de los jefes de Estado y de gobierno donde se decide hasta qué punto se permitirá llegar al populismo, o si finalmente existirá la voluntad de asumir la responsabilidad de manera conjunta. Hasta ahora siempre lo hemos logrado. Es responsabilidad de todos cuidar de una entidad tan singular como la Unión Europea. Para no poner en peligro a Europa todos debemos ser capaces de ponernos en la piel del otro, estar dispuestos a contraer compromisos, ser honestos y, en definitiva, tratarnos los unos a los otros con delicadeza en todo momento.