Mario Centeno, ministro de Economía de Portugal: "Nadie va a salir ganando con guerras comerciales"

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Mário Centeno (Vila Real de Santo Antonio, Portugal, 1966) fue elegido presidente del Eurogrupo en diciembre de 2017. Reputado economista, fue el responsable de sacar a Portugal de la crisis con

una política económica que no siguió los caminos marcados por Bruselas pero se demostró exitosa. Respetando la reducción del déficit fiscal, Centeno subió las pensiones, los salarios del sector público y el salario mínimo.

Centeno es un hombre con un discurso heterodoxo entre sus pares (habla más de desigualdad que de ajustes) y que no se dedicó a la política hasta 2015. Los 15 años anteriores los había pasado en el Banco Central portugués. Doctor en Económicas por Harvard, el hombre que preside a los otros 18 ministros de Finanzas de la Eurozona charló largo rato con Clarín en su oficina del Consejo Europeo días antes de las elecciones europeas.

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-La economía europea está evitando la recesión pero el crecimiento es débil. ¿A qué se debe?

-La Eurozona lleva 24 trimestres seguidos creciendo. Este crecimiento se debe a la respuesta potente que hemos dado ante la crisis: reformas implementadas a nivel nacional para corregir desequilibrios estructurales y reformas a nivel europeo, como la unión bancaria o el fondo de rescates soberanos. La severidad de la crisis también explica el largo recorrido de crecimiento desde que se inició la recuperación. Hay una moderación del crecimiento. Cuando aparecieron las primeras señales de moderación, todos los analistas e instituciones europeas las calificaron de temporales. Pero fue un poco más larga de lo que preveíamos de inicio. Los datos del primer trimestre de este año ya señalan de nuevo una aceleración del crecimiento. La dinámica del mercado de trabajo no se vio afectada. Pero las tensiones comerciales, la indecisión sobre el Brexit y tensiones políticas en la Eurozona como en Italia, no contribuyeron a que esa moderación fuera más temporal. Así que ese freno resultó de tensiones políticas, no de los fundamentos de la economía europea, que son más robustos que antes de la crisis.

-Pero el crecimiento sigue siendo débil. De los grandes países del euro, sólo España alcanza el 2% anual.

-Es verdad, es poco crecimiento en la previsión, pero tengamos en cuenta que las previsiones se hacen en políticas constantes. Quienes hacen previsiones económicas no están en el papel de los políticos. Es posible que el ímpetu de las decisiones que tomamos cambie esas previsiones para mejor.

-¿Qué hace falta para crecer más?

-Hace falta clarificar el Brexit. No se puede pasar tanto tiempo sin tomar decisiones, sin dar una indicación a la economía, a las familias, a los trabajadores, del camino que se va a seguir. Es un cambio estructural en Europa, tenemos que enfrentarlo. Es un cambio muy grande en la organización económica, financiera y social de la relación del Reino Unido con Europa. Y a los cambios estructurales hay que darles tiempo para que se ajusten. Y se ha hecho todo al revés. No se aclaró como sería el día después.

“Hace falta clarificar el Brexit. No se puede pasar tanto tiempo sin tomar decisiones”.

-¿Pero afecta tanto al crecimiento de la Eurozona?

-Afecta porque el crecimiento en una economía, y las economías suramericanas saben esto mejor que nadie, se hace en gran medida de inversión. Y está claro que cuando la gente tiene dudas sobre el futuro, cuando le falta confianza sobre el camino que vamos a seguir, hace menos inversiones. Las decisiones se posponen. Pero no es sólo Brexit, también hay tensiones comerciales que son globales y afectan a Europa o a Suramérica o a Estados Unidos o China. Y nadie va a salir ganando con guerras comerciales. El comercio libre y justo es positivo para todos. Las guerras comerciales no ayudan nunca.

-¿No hay factores europeos internos que afectan al crecimiento?

-Tenemos que reducir la incertidumbre que existe hoy sobre la ejecución del presupuesto italiano y cerrar con éxito la reforma de la Eurozona, que es muy importante para generar confianza.

-¿Cómo afectaría un ‘Brexit’ sin acuerdos a la economía europea?

“Nadie va a salir ganando con guerras comerciales. El comercio libre y justo es positivo para todos”.

-El mayor desastre será siempre para el Reino Unido, pero en Europa también se notará. Hay que ser conscientes de la importancia de que si se concreta el Brexit debe ser con un acuerdo, para proteger a Irlanda y a otros países europeos que recibirán más impacto.

-¿Teme una crisis financiera por el tamaño de la City londinense?

-Europa y Reino Unido están trabajando mucho para minimizar el impacto en el plano financiero, que es un área de gran interconexión. Es el tema sobre el que más se trabajó porque ya sabemos lo que cuesta una crisis financiera. Los acuerdos que logramos permiten decir que no iremos por ahí. Además tenemos adoptados planes de contingencia muy detallados.

-¿Es posible una reforma ambiciosa de la Eurozona en la situación política actual?

-Siempre se han hecho las reformas de la Eurozona en momentos de crisis, que felizmente no es el momento actual. Estamos arreglando el tejado de la casa en un día de sol, no estamos en una tormenta. La urgencia es distinta y por eso ha sido un éxito esta reforma. En Europa estas reformas se hacen pasito a pasito. La dirección es la correcta, la decisión de crear el instrumento presupuestario fue la correcta y ahora hay que completar los detalles. Lo que me interesa en este momento es definir el presupuesto para que sea dirigido a promover el crecimiento del conjunto del euro y la convergencia, muy relacionado con la desigualdad.

-¿Desigualdad entre países o desigualdad de renta?

-Es desigualdad dentro de cada país en términos de renta y desigualdad entre países. La convergencia es un proceso lento que necesita instrumentos económicos y políticos. Sin instrumentos de promoción de esa convergencia será aún más lento. Los políticos necesitan paciencia para dejar que las reformas tengan efecto en la economía. En Europa y en Suramérica sabemos lo que es un gobierno sin paciencia que en el primer contratiempo lo cambia todo.

-¿La respuesta a la crisis europea fue contra la reducción de la desigualdad?

-Las crisis normalmente aumentan la desigualdad. Lo que pasó con la respuesta a la crisis en Europa fue su nivel extremo. Se tomaron medidas extremas y desde el punto de vista político se vendió la idea de que no había alternativa y se montó una gran desconfianza, norte contra sur, centro contra periferia, este contra oeste. Eso fue un error porque en una unión económica y monetaria siempre estará presente la necesidad de convergencia. La respuesta a la crisis fue demasiado extrema, pero fue efectiva. Europa salió más fuerte de la crisis.

-¿Entonces no había alternativa?

-Un ajuste era necesario, está claro, pero siempre hay alternativas. El problema es la forma en cómo se planteó la crisis y cómo después no se supo cambiar el tono extremo de esas respuestas en el período post-crisis. Una sociedad no puede crecer muchos años cuando la renta media crece mucho más que la renta mediana. Eso genera desigualdad porque los niveles de renta más alto crecen mucho más que los demás. Tras 24 trimestres de crecimiento y casi 11 millones de empleos creados, esa recuperación no llegó a todos.

-¿La subida de los nacional-populistas se puede deber en parte a esas respuestas a la crisis?

-La paradoja que tenemos es que este surgimiento de los populismos no está verdaderamente asociado a malos indicadores económicos. La tasa de desempleo en Alemania está en el 4%. En el Reino Unido es similar. Países como España o Francia tienen tasas de desempleo un poco más altas en términos estructurales pero para niveles históricos las tasas de desempleo están bajas. Así que no parecen problemas económicos, son problemas sociales. Pero entiendo que el trabajador vea que no avanzó, y ese es el principal problema. Después de salir de la crisis había que cambiar la respuesta política y no se hizo.

-¿Europa no era una promesa de progreso?

-La nueva generación no ve muy claro cómo puede llegar, en 10 ó 20 años, a una situación mejor que la de sus padres. Nuestras sociedades basaron su desarrollo en la idea de progreso, pero llegó la temporalidad en el empleo, el número de trabajadores con relaciones laborales cortas y el estancamiento de la renta. La crisis nos generó dudas. Pero ahora hay que comprender lo mucho que hemos conquistado. Es otra paradoja. Hace unos meses, en un discurso en Berlín, el ex presidente estadounidense Barack Obama recordó a los europeos que Europa es la sociedad que conquistó el mejor nivel de educación, de salud y de renta de la historia mundial. Recuerdo un dibujo de Quino. Mafalda ponía una florecita en un vaso, casi sin vida. Ella le echaba agua. En el dibujo final decía “primavera”. Cuando decía esa palabra, la flor revivía. Así que Mafalda concluía que era un problema de información. Europa vive hoy un momento muy importante para su papel en el mundo porque Estados Unidos se está saliendo del sistema multilateral. Y para defender ese sistema sólo Europa puede ocupar el papel de Estados Unidos.

-¿Europa tiene alguna forma de mejorar la relación con Estados Unidos mientras esté Donald Trump?

-Hay que ser conscientes de la fuerza que tiene Europa, del papel que tiene en el mundo, del nivel de vida, económico y social que tenemos. No es para provocar envidia, sino para que Europa pueda seguir con la bandera del progreso económico, de la lucha por el medio ambiente. Europa debe tener muy claro su papel en el mundo y utilizar sus valores.

​Bruselas. Especial