Sin bebés ni inmigración, Europa del Este se vacía

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Bruselas, especial

Europa del Este se vacía. La baja tasa de natalidad, unida a una fuerte emigración y a una casi nula inmigración están vaciando desde hace tres décadas la parte

oriental de la Unión Europea (UE), los países que se unieron al bloque en el gran proceso de ampliación de 2004 y 2007.

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Un estudio de las universidades de Varsovia (Polonia) y París, realizado a partir de datos de evolución demográfica disponibles en la Oficina Europea de Estadísticas (Eurostat) deja ver un paisaje de países que llevan 30 años perdiendo población.

Las condiciones económicas y sociales de los países de la región siguen siendo mucho peores que en Europa occidental. Mientras el salario mínimo en Rumania es de 446 euros mensuales, en Polonia de 523 o en Hungría de 464, en Alemania es de 1.557, en Francia de 1.521, en el Reino Unido de 1.453, en Holanda de 1.615 y en Bélgica de 1.593.

Las franjas más jóvenes de la población de Europa del Este, con un nivel de formación equivalente al de sus vecinos occidentales, emigran desde hace décadas al Oeste en busca de mejores condiciones laborales y más oportunidades para sus hijos.

Un polaco tiene los mismos derechos laborales en Alemania que un alemán, un rumano tiene los mismos en España que un español o un húngaro en Bélgica no puede ser discriminado laboralmente frente a un belga. Las políticas europeas, de forma consciente o no, fomentaron la movilidad de los europeos sólo en una dirección, de Este a Oeste.

En noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín. Quince años después, en 2004, se produjo la gran expansión de la UE. En 2007 se completó. El bloque de 11 países que se integró en la UE tenía hace tres décadas 111 millones de habitantes. Hoy tiene 103 millones y las previsiones dan menos de 100 millones dentro de menos de cinco años.

Bulgaria, Croacia, Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa y Rumania perdieron en esas tres décadas un 7% de su población mientras la población en el occidente de la UE crecía un 13%, en parte por la llegada de los jóvenes rumanos, polacos, húngaros o bálticos. Sólo se salvan de la pérdida de población tres países de la región: Eslovenia, Eslovaquia y la República Checa, que ven aumentos de población en 30 años de entre un 2% y un 4%.

El número de habitantes en el este de Alemania retrocedió al nivel de 1905. Por el contrario, en el oeste de Alemania, viven ahora más de 68 millones de personas. A principios del siglo XX solo vivían allí 32,6 millones.

La pérdida de población de algunos países del Este es una pura sangría. Bulgaria, Letonia y Lituania perdieron en 30 años un 20% de población. Estonia y Rumanía un 16%. Más de 8 millones de ciudadanos de esos países emigraron a España, Italia, Francia, Austria, Alemania, Reino Unido, Bélgica u Holanda y la mayoría no volvieron. Entre ellos 2,5 millones de polacos o 3,1 millones de rumanos que ocuparon masivamente empleos en el sector de la agricultura, la construcción de edificios o los servicios.

La emigración redujo aún más la tasa de natalidad de esos países porque los que emigraron fueron principalmente los jóvenes en edad de formar familias, que en muchos casos las formaron en sus países de destino. Así, los nacimientos en esos países se redujeron en 25 años más de un tercio.

El informe explica que una primera migración se produjo cuando en 1989 –y después en 2004- se abrieron las fronteras y se permitió viajar libremente al oeste del bloque. Entonces, grupos de minorías nacionales cambiaron de país. Poblaciones germanas de Rumania emigraron a Alemania. Rumanos que habían sido húngaros hasta el fin de la Primera Guerra Mundial se trasladaron a Hungría. Eslovacos hacia la República Checa.

El informe también apunta a causas económicas: los ajustes de los años de transición de la economía comunista a la economía capitalista de mercado, la desregulación del mercado laboral y el aumento de la desigualdad o el cierre de las industrias más contaminantes y obsoletas. Esos procesos provocaron tanto emigración como baja natalidad.

Mientras, la esperanza de vida subía. Desde la caída del muro morían en esos 11 países más de un millón de personas menos cada año que hasta entonces. Desde la entrada en la UE hace ya 15 años se aceleró ese crecimiento de la esperanza de vida. Menos nacimientos, menos muertes, nada o casi nada de inmigración y emigración masiva y ya estaban todos los ingredientes de un cóctel explosivo. Cuando se dio cuenta, la región sufría una sangría poblacional.

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