La explotación de la Amazonia enfrenta al Papa Francisco con Jair Bolsonaro

Internacionales
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Los roces del Papa Francisco con los gobernantes de ultraderecha se convirtieron en los últimos años en frecuentes. Primero fue con Donald Trump –en rigor, comenzaron cuando éste aún

era candidato-, por su decisión de extender el muro que separa la frontera con México. Siguió con el hasta hace poco hombre fuerte del gobierno italiano Matteo Salvini, por su negativa a que Italia acoja a los refugiados africanos que quieren llegar a través del Mediterráneo a Europa. Ahora, el conflicto es con el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, que cuestiona el sínodo de obispos sobre la Amazonia que se hará en octubre en el Vaticano, por considerar que se encamina a vulnerar la soberanía de su país.

Bolsonaro teme que el sínodo dificulte sus planes mineros, agropecuarios y de infraestructura para la Amazonia y profundice el daño sobre su imagen, muy afectada tras los recientes incendios en la región cuya magnitud –muy superior a siniestros anteriores- se atribuye en buena medida a la deforestación tolerada por el mandatario. Su preocupación es tal que, en un hecho sin precedentes en la historia de los sínodos, su gobierno pidió a través de su nuevo embajador en el Vaticano, Henrique da Silveira Sardinha Pinto, contar con un delegado en las sesiones, pudo saber Clarín. “Habría que ordenarlo obispo”, ironizó una fuente eclesiástica, al desestimar esa posibilidad.

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El Papa, que enarbola con fuerza la bandera de la defensa del medio ambiente-es el primer pontífice que escribió una encíclica sobre esta problemática: “Laudato Si”- convocó a la asamblea eclesiástica en octubre de 2017, un año antes del triunfo de Bolsonaro. Paralelamente, el líder de ultraderecha –pese a ser católico, aunque su esposa es evangélica- se fue abrazando a las iglesias evangélicas más conservadoras y poderosas (la Asamblea de Dios y la Iglesia Universal), que le terminaron aportando un importante caudal de votos, en detrimento de la mayoritariamente progresista Iglesia católica. De a poco fue mostrando su disidencia con los grupos de ecologistas, que vincula con la izquierda.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, fue muy criticado por su postura sobre el cambio climático y el medio ambiente. /REUTERS

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, fue muy criticado por su postura sobre el cambio climático y el medio ambiente. /REUTERS

Como para que no queden dudas de la disconformidad del gobierno y, más aún, de su resistencia, el ministro de Gabinete de Seguridad Institucional, el general Augusto Heleno, consideró al sínodo como “una interferencia en un asunto interno de Brasil que toca aspectos de la seguridad nacional". En particular, objetó la posibilidad de la demarcación de tierras indígenas –cosa que su gobierno rechaza de plano-, explotación de tierras y el respaldo a las demandas de preservación de los grupos ecologistas.

“Estamos preocupados y queremos neutralizarlo”, dijo. De hecho, el Poder Ejecutivo brasileño está llevando a cabo una ronda de contactos con gobernadores, intendentes y eclesiásticos.

En un reciente encuentro preparatorio del sínodo en la ciudad amazónica de Belém, unos 120 obispos brasileños lamentaron ser “criminalizados” y tratados como “enemigos de la patria” por el gobierno. “Lamentamos profundamente que hoy, en lugar de ser apoyados y alentados, nuestros líderes sean criminalizados como enemigos de la patria”, dijeron en una declaración. Aclararon que “la soberanía brasileña sobre esta parte de la Amazonia es incuestionable para nosotros. Sin embargo –señalaron-, entendemos y apoyamos la preocupación en todo el mundo sobre este macrobioma que juega un papel muy importante en la regulación del clima planetario”.

Por si esta réplica fuese poco, el obispo brasileño Ewin Kräutler –que se desempeñó en una diócesis de la Amazonía e integró el grupo preparatorio del sínodo- consideró que los recientes incendios –muy superiores a los anteriores, según destacó- son “sin lugar a dudas la consecuencia de los comentarios (de Bolsonaro) sobre la apertura de la Amazonía a empresas nacionales y multinacionales. Él entiende 'abrir el Amazonas' como una licencia para limpiar un bosque lluvioso y ganar espacio para que el ganado pueda pastar y plantar monocultivos como la soja y la caña de azúcar". Los últimos incendios llevaron a Francisco a manifestar su preocupación y pedir una acción internacional para combatirlos.

Internas en la Iglesia

Pero el Papa también afronta resistencias internas ante el sínodo, aunque de tipo religioso. El obispo emérito (retirado) de la la diócesis brasileña de Marajó, José Luis Ascona, criticó la falta de citas a “Cristo crucificado” en el documento preparatorio, sembrando dudas sobre su perfil cristiano. En el mismo sentido lo objetaron dos conspicuos adversarios de Francisco, los cardenales ya retirados Walter Brandmüller y Raymond Burke. Sumaron, además, su crítica porque el texto, a su juicio, relega la “inculturación del evangelio” a las culturas autóctonas y abre la posibilidad de que ancianos casados puedan acceder al sacerdocio para mitigar su falta en la región.

Bajo el titulo “Amazonia: nuevos caminos para la Iglesia por una ecología integral”, el sínodo es “un gran proyecto eclesial, cívico y ecológico que mira a superar los confines y redefinir las líneas pastorales, adecuándolas a los tiempos contemporáneos”, según el sitio oficial del Vaticano. La Panamazonía, que está formada por nueve países: Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Suriname, Guayana y Guayana Francesa, es -destaca- una importante fuente de oxígeno para toda la tierra, donde se concentran más de un tercio de las reservas forestales primarias del mundo. Es una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta, conteniendo el 20% del agua dulce no congelada.

La población de este vasto territorio es de cerca de 34 millones de habitantes, de los cuales más de tres millones son indígenas, pertenecientes a más de 390 grupos étnicos. Pueblos y culturas de todos los tipos como los afrodescendientes, campesinos, colonos, que viven en una relación vital con la vegetación y con las aguas de los ríos, señala. El Papa tocó territorio amazónico durante su visita a Perú en enero del 2018, ocasión en la que expresó su preocupación por los indígenas: “Probablemente los pueblos originarios amazónicos nunca estuvieron tan amenazados como ahora. La Amazonia es una tierra disputada desde varios frentes”. Allí inauguró oficialmente la preparación del sínodo.

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