La odisea para salir del centro: Santiago de Chile parece una ciudad de posguerra

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Fuego, humo y sirenas. Santiago parece una ciudad de posguerra. El centro y sus barrios vecinos están sitiados en cada esquina. Hay cortes de calles con barricadas que levantan los grupos

de jóvenes que motorizan la protesta contra la clase política y empresaria de Chile, a los que hacen responsable de la suba de precios y sus miserables ingresos.

Las protestas son masivas y el efecto de manifestaciones violentas de Santiago, la capital, llegó a las principales ciudades chilenas: Valparaíso (donde también rige el toque de queda), Coquimbo, Concepción y Temuco, entre otras. Los que se quejan de la injusticia social hacen ruido con cacerolas, o pegan golpes con martillos y palos sobre el suelo y en las columnas de alumbrado público. Con sus rostros cubiertos para no ser identificados, amedrentan a los que se acercan caminando o en vehículo. Pero el enemigo principal son las fuerzas de seguridad. Hay enfrentamientos con carabineros y militares, quienes responden con gases lacrimógenos y balas de goma.

El comercio sufre una ola de saqueos. Desde alimentos a grandes televisores, los vándalos arrasan con todo.

El resto de la población mira atónito la virulencia de la protesta y se refugia en su casa hasta las 7 de la mañana, cuando se levanta la orden militar de toque de queda.

 

Para los que estaban en la calle a las 19.30 cuando se anunció que a las 22 del sábado arrancaba la prohibición de transitar libremente, fue una verdadera odisea llegar a destino. Nadie sabía cómo salir del laberinto de escombros, fuego y humo en el que se transformó la zona central de Santiago. Había micros y autos quemados y vidrieras rotas en comercios saqueados.

Postales de otra jornada de violencia en las calles de Santiago. Piñera declaró el toque de queda. (AFP / ATON / SEBASTIAN CISTERNAS)

Han pasado dos horas del toque de queda y las calles de Santiago siguen repletas de jóvenes. Ya son más de 350 los detenidos, pero los jóvenes se resisten a dejar las calles. Muchas familias y turistas, como también los enviados de Clarín, quedaron rehenes de las protestas y actos vandálicos. Fueron necesarias más de dos horas de vueltas en auto para salir a la autopista, sorteando los cortes de calles, barricadas y piquetes.

El humo y las llamas en el incendio de un supermercado. (REUTERS/Rodrigo Garrido)

Al llegar a la vecina localidad de Las Condes, una de las zonas más acomodadas, descendía la tensión callejera. Juan Pablo (22) trabaja como conserje de un hotel cuatro estrellas. Recibe con un vaso de agua y trato amable a los angustiados huéspedes. “El aeropuerto es un caos. Todos apurados por llegar a casa antes del toque de queda”, comentó un turista mexicano, recién llegado a la capital chilena. Para el conserje esta será una larga noche: no podrá volver a casa porque no funciona el metro ni tampoco hay buses. Al menos, como consuelo, revela que la gerencia del hotel le ha prometido una cama para pasar la noche.

Santiago, enviada especial

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