Dos generaciones enfrentadas en Chile: los hijos desafían al poder militar y los padres reviven el trauma de la dictadura

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“Esto se veía venir. El chancho está mal repartido”, dice Jorge, empleado de un comercio que, sin poder conciliar el sueño, madrugó un domingo y deambula por la devastada zona central

de la ciudad de Santiago deChile. A las 7 de la mañana se levantó el toque de queda. Recién entonces muchos pudieron regresar a sus casas. “Me vino a buscar mi marido”, dice Paula, que tuvo que quedarse a dormir en lo de una compañera de trabajo con quien había salido a festejar un cumpleaños.

Los ocho muertos, dos mujeres y un hombre durante el incendio de un supermercado y otros cinco hallados en otro almacén, son el saldo más dramático de los disturbios callejeros que comenzaron el jueves y aún persisten en la zona metropolitana. Pero hay otra consecuencia dolorosa de esta crisis social: el enfrentamiento de generaciones que ha provocado este conflicto y que afecta a muchas familias.

Los manifestantes, en su mayoría jóvenes secundarios y universitarios, no han acatado la medida de estado de emergencia y toque de queda por la noche, decretado por el presidente Sebastián Piñera. Los jóvenes desafían al poder y permanecen en la calle con sus cacerolas, provocan incendios y causan destrozos del mobiliario público. La otra generación, la de sus padres y abuelos, intenta convencerlos de que la violencia no es el camino. Los que superan los 45 años, reviven el trauma y el dolor de la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet.

Alejandra (21), integrante de la generación Z, describió la grieta generacional. ”Nuestros padres nos llamaban por teléfono llorando porque no saben qué va a pasar con nosotros en la calle. Nos piden que regresemos a casa. Ellos viven el síndrome postraumático de la dictadura. Nos quieren proteger porque dicen que somos muy jóvenes y no vivimos el terror de esa época de represión”, explica.

También para la generación intermedia, la posibilidad de progreso parece frustrada: “Pasamos de la dictadura a esta democracia con grandes desigualdades. Teníamos esperanza de un futuro mejor, pero nos endeudamos para comprar cosas, nos cuesta llegar a fin de mes y los que se llevan la plata son siempre los mismos”, remarca Mauricio (38), que vive en la ciudad balnearia de Concón.

En las radios y en las redes sociales, los chilenos expresan los motivos económicos que han causado el estallido social: "En el puerto de Valparaíso la cosa está dificilísima. Cerró una empresa finlandesa de tecnología porque los chinos empezaron a fabricar los mismos productos y perdieron mercado. El gobierno chileno apoyó a estas empresas y ahora se fueron, dejando cientos de desempleados”, dice Luis, en declaraciones a radio ADN.

"Voté por Piñera y siento que me mintió. Hace dos años que perdí un trabajo estable y tuvo que salir mi mujer a trabajar porque cuesta llegar a fin de mes y es inevitable endeudarse. La gente está cansada”, dice Arturo.

Quizás el mayor trauma es volver a ver los uniformes verdes impartiendo temor en las esquinas: "Estamos ante un gobierno que ha renunciado a hacer política y ha dado el poder a los militares para enfrentar la situación de inseguridad  ciudadana por las protestas", criticó Carlos, chofer profesional.

El propio gobierno tuvo que aclarar que haber convocado a los militares para establecer el orden público no es una réplica del golpe militar del 73. Al asumir su cargo, el jefe de la Defensa Nacional, general Javier Iturriaga, dijo que no se quiere restringir la libertad individual sino resguardar a los ciudadanos de los vándalos. La realidad es que el domingo los militares han disparado con balas de goma a los manifestantes de Plaza Baquedano, en el el centro.

Los helicópteros policiales sobrevuelan desde anoche Santiago. Y los funcionarios aconsejan recluirse: "Les pedimos a los ciudadanos que vuelvan a sus casas antes del inicio de toque de queda de las 19. Los invitamos a no salir y conversar en nuestras casas qué generó la violencia inusitada", planteó ante la cámaras de prensa Karla Rubilar, la intendenta de la región metropolitana de Santiago. En la calle seguían las protestas. La generación más joven ya no mira televisión.

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