Continúan las protestas en Chile: los ciudadanos resisten la autoridad militar del toque de queda

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Los tanques militares ruedan por la avenida Apoquindo, en una zona residencial de Santiago, frente a la Escuela Militar. Desde arriba un grupo de soldados dispara balas de goma hacia los

vecinos que salieron a protestar con sus cacerolas. Un rato antes, la masiva marcha de estudiantes desde Los Héroes a Plaza Italia, era reprimida con camiones lanza agua y bombas lacrimógenas de Carabineros, la policía de Chile. Pero los que manifestantes resisten la orden policial de no avanzar, vuelven a marchar y a tomar las calles. A las 20, cuando llega la hora del toque de queda, los ciudadanos desafían la prohibición de salir. Les piden a los militares que “vuelvan a sus cuarteles” y reclaman una salida pacífica a la crisis. Mientras tanto, el presidente Sebastián Piñera intenta una salida política convocando a la oposición a un pacto social.

Las manifestaciones que comenzaron hace cuatro días por la suba de 30 centavos (3,7%) del boleto de subterráneo, ya han dejado 11 muertos, 8 personas con riesgo de vida, alrededor de 700 heridos y más de 1.300 detenidos, según datos oficiales. El país continúa bajo la orden de estado de emergencia y hay toque de queda en la mayoría de las ciudades cabeceras de regiones.

Son más de 10 mil los policías y militares desplegados por las calles. Es la primera vez, desde la vuelta de la democracia en 1990, que se ven tanques y camiones militares impartiendo seguridad por las calles. La que comenzó como una marcha de estudiantes y grupos sindicales volvió a convertir este lunes el centro de Santiago en un campo de batalla en protesta contra la desigualdad social. Camiones lanza agua avanzaron por las calles del centro de Santiago mientras los Carabineros arrojaban gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes. Los manifestantes ocuparon 15 cuadras, entre la estación Los Héroes y la neurálgica Plaza Italia, epicentro de los disturbios. Enfrentaban a los uniformados, recluidos en sus tanques blindados. La imagen de las corridas, chorros de agua helada y gases lacrimógenos para disuadir a la multitud, se repitió a lo largo de la tarde.

El Instituto Nacional de Derechos Humanos informó que 1.333 personas fueron detenidas durante las masivas jornadas de protesta, 11 muertos, 8 heridos con riesgo vital y 653 ingresos de urgencia a los hospitales públicos.

Ante la tensión que no cede, el presidente chileno Sebastián Piñera, propuso un "acuerdo social" para hacer frente a las demandas expresadas en las intensas manifestaciones. "Mañana (martes) me reuniré con presidentes de partidos, tanto de gobierno como de oposición, para poder explorar y ojalá avanzar hacia un acuerdo social que nos permita a todos unidos acercarnos con rapidez, eficacia y también con responsabilidad hacia mejores soluciones a los problemas que aquejan a los chilenos", afirmó el mandatario en un mensaje público desde la Casa de la Moneda, sede de gobierno.

El presidente Sebastián Piñera habló al país. AP

El presidente Sebastián Piñera habló al país. AP

El Comité Panamericano de Juezas y Jueces por los Derechos Sociales y la Doctrina Franciscana emitió un comunicado sobre las manifestaciones registradas en el país. "La violencia generada por el propio poder público, no puede luego, convertirse en la justificación para aplicar por parte del mismo Gobierno, una variante de violencia armada para reprimir a las víctimas de la presión económica”, destacaron. Y pidieron al Gobierno actuar con "cordura, mesura, prudencia y, sobre todo, con humanidad”.

"El Estado chileno y su Gobierno son los únicos responsables por las violaciones a los Derechos Humanos que puedan estar verificándose en las principales ciudades de ese país”, manifestaron desde el Comité.

La violencia también se expandió a la portuaria ciudad de Valparaíso y otras grandes ciudades como Concepción y Temuco. Según el ministerio de Interior, 110 supermercados fueron saqueados (14 de ellos también incendiados) durante el estallido de violencia que sacude a Chile. La población tiene miedo al desabastecimiento. En varios barrios la gente hizo cola en los supermercados para comprar mercancías ante el temor de que se repitan los saqueos de tiendas del fin de semana. No hubo clases en 46 colegios y en las universidades de la zona metropolitana de Santiago.

Este martes tampoco habrá actividades escolares en 51 de las 52 comunas del Gran Santiago. Y continuará el caos de pasajeros en el aeropuerto de Pudahuel, donde la empresa Latam (principal compañía aérea) ha debido suspender 50 vuelos desde y hacia Santiago por el toque de queda.

El desasosiego social que se ha expresado al menos desde 2006, cuando estallaron las primeras protestas de los estudiantes, no ha podido ser canalizado hasta ahora por ninguna fuerza política con representación en el Congreso. Tampoco por el Frente Amplio de izquierda, cuyos principales líderes fueron los dirigentes estudiantiles que encabezaron las movilizaciones en 2011.

La ciudad de Santiago continua funcionando a media máquina, donde 2,7 millones de personas utilizan el subte para ir trabajar o estudiar. Más de la mitad de los comercios están cerrados. Hay solo una línea de metro funcionando hasta las 18 y 116 los semáforos apagados.

La preocupación de la población no cede y las declaraciones de los funcionarios no ayudan: “Estamos muy conscientes de que los vándalos tienen un grado de organización y logística que es propia de la organización criminal”, dijo el presidente Piñera. Y la ministra de Educación rehusó responder la consulta de una periodista de la TV nacional: "¿Cómo le explica a un niño de cuarto año de educación primaria que el Presidente dijo que estamos en guerra?".

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