Bolivia: las clases medias urbanas, el sector más desencantado con Evo Morales

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El Mall Las Torres, frente a la Plaza Isabel la Católica, en el coqueto barrio de Sopocachi, está casi desierto este martes a la tarde. A pocas cuadras de allí, un

despliegue inmenso de policías antimotines ya cerró al tránsito la avenida Arce y las calles aledañas al hotel Real Plaza, donde se instaló el centro de cómputos del Tribunal Electoral y que el lunes fue escenario de una batalla campal entre seguidores del opositor Carlos Mesa y del presidente Evo Morales. Aún así, algunas personas salen con bolsas del supermercado que está en este shopping, parte de un moderno complejo de torres construidas recientemente, en el marco de la pujanza económica que vivió Bolivia en los últimos años.

María Gómez hizo sus compras. Apura el paso para irse a su casa. Ya terminó su horario como empleada administrativa en una empresa. No le gusta el clima de tensión que se vive en la ciudad, con protestas convocadas por Mesa contra el supuesto fraude cometido por el gobierno en las elecciones del domingo. Dice que no votó por ningún partido. Está desencantada. “Evo hizo cosas buenas, es cierto. No ha sido un mal presidente. Sacó a mucha gente de la pobreza, en estos años estuvimos mejor. Pero se ha rodeado de gente que no está capacitada, y que ha cometido hechos de corrupción”, dice a esta enviada. “El partido está desgastado. Deberían aceptar que hay una segunda vuelta”, agrega.

Como María, muchos aquí apoyaron hace años el proyecto político de Evo Morales y le dieron su respaldo en las urnas. Pero ahora creen que debe dar un paso al costado, luego de casi 14 años al frente del poder. Las cifras son claras: en 2005, el ex líder de los sindicatos cocaleros llegó a la presidencia con el 54% de los votos. En 2009, fue reelegido con más del 64% y en 2014 se impuso con el 61%. Ahora está lejos de esos números.

Los médicos están en huelga hace varias semanas en Bolivia. Este martes volvieron a marchar. /AFP

Los médicos están en huelga hace varias semanas en Bolivia. Este martes volvieron a marchar. /AFP

Aquí le reconocen la transformación que ha logrado en el país, de la mano de un contexto internacional que permitió vender a buenos precios las materias primas de Bolivia -especialmente gas, tras la nacionalización decretada en 2006- y acumular un monto de reservas con las que implementó obras de infraestructura y planes sociales. Así consiguió bajar la pobreza extrema del 38% al 15% entre 2005 y 2018.

Evo también trajo al país una estabilidad política que no se había vivido en décadas, luego de años convulsionados y presidentes que no terminaron sus mandatos.

Pero hoy esa bonanza comienza a decaer, con cifras económicas ya no tan favorables. Y, sobre todo, se respira el hartazgo en una porción importante de la sociedad que ve a Evo como un emperador que busca perpetuarse en el poder, que ahora se traslada en helicóptero y se ha hecho construir “su propio palacio”, como aquí muchos se refieren a la sede del gobierno inaugurada el año pasado.

“Son sobre todo las clases medias urbanas, que lo llevaron al poder, las que lo han abandonado”, explica a Clarín Carlos Cordero, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz. “Estos sectores se han desencantado, sienten que no han sido atendidos. Se ha visto en una serie de protestas aquí, de gente por ejemplo que no tiene acceso a servicios de salud”, agrega.

Además, reina la sensación de que el gobierno beneficia sólo a quienes apoyan al oficialista MAS, y relega a los disidentes.

Y, claro, un punto de inflexión fue el referéndum de febrero de 2016, en el que el gobierno preguntó a los bolivianos si estaban de acuerdo en modificar un artículo de la Constitución -que el propio Evo promulgó en 2009- para permitirle una nueva reelección. El 51,3% dijo No. Pero el presidente no se dio por vencido. Recurrió a la Corte Constitucional que, en un polémico fallo, alegó que no permitirle una nueva reelección era violar sus derechos humanos, y le permitió presentarse a su cuarta elección.

“Nos preguntaron y dijimos no. Pero igual volvió a presentarse. No tuvo en cuenta nuestro voto”, se queja Milena Bernal, una odontóloga de la zona de Sopocachi. Y concluye: “Ya estamos cansados”.

La Paz. Enviada especial

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