Teñida por la crisis en Cataluña, España cerró una campaña electoral que aviva a la ultraderecha

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Luego de la campaña electoral más breve y desteñida de su historia democrática,Españase prepara para volver a votar este domingo, seis meses después de la última vez que lo

hizo y arrastrando la frustración de no haber logrado formar un nuevo gobierno.

Hasta el último segundo del viernes, antes de que comenzara la veda de este sábado que los españoles llaman día de reflexión, los principales partidos políticos no ocultaron su llamamiento a votar masivamente y a frenar el avance de la ultraderecha que, encarnada en Vox, se perfila, serena y firme, como la fuerza que cosechará un aumento cuantitativo de votos tan notable como preocupante.

Con la sombra de indecisos que ronda el 30 por ciento de los españoles que pueden ir votar, los cierres de campaña apelaron al “no tires la toalla”, al “no te quedes en casa”, al “sí, se puede”.

A partir de los últimos chequeos, la historia clínica española confirma, una vez más, que el bipartidismo entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP) es un diagnóstico superado y que ni la izquierda ni la derecha lograrán los votos suficientes para poder formar un gobierno monocolor. Habrá que pactar, ejercicio para el cual el músculo político español no está lo suficientemente entrenado.

Ya en el estribo de la campaña electoral, el PSOE de Pedro Sánchez​, presidente en funciones y candidato socialista, insistía con que es el único que puede garantizar la gobernabilidad en España.

Pablo Casado, el líder del PP, pedía el voto útil mientras su partido enviaba dos millones de mensajes de texto a celulares solicitando el apoyo a la derecha.

El líder del partido de ultraderecha Vox, Santiago Abascal, este viernes, durante al acto de cierre de campaña en Madrid.. /EFE

El líder del partido de ultraderecha Vox, Santiago Abascal, este viernes, durante al acto de cierre de campaña en Madrid.. /EFE

Albert Rivera, de Ciudadanos, se adjudicaba ser la única fuerza que quiere unir a los españoles. En privado, el catalán liberal apunta a lograr revertir los nubarrones que las encuestas han pronosticado para su partido, un centro-derecha que, desde las elecciones de abril, se desinfla y se deshilacha.

Pablo Iglesias, el candidato populista de Unidas Podemos, cerró su campaña desmarcándose de Sánchez y buscando recuperar fuerzas en la izquierda.

Pablo Iglesias, de Unidas Podemos, en el cierre de su campaña. /REUTERS

Pablo Iglesias, de Unidas Podemos, en el cierre de su campaña. /REUTERS

Debutan en estas elecciones Más País, una formación creada por Iñigo Errejón, ex socio de Pablo Iglesias en Podemos, y la CUP, el partido asambleario, antisistema y radical catalán que, si logra los votos necesarios como para ingresar en el Congreso de los Diputados, se propone bloquear la Legislatura e imponer la autodeterminación como objetivo.

El líder del Partido Popular, Pablo Casado, pidió el "voto útil" para poder formar un gobierno de derecha. /DPA

El líder del Partido Popular, Pablo Casado, pidió el "voto útil" para poder formar un gobierno de derecha. /DPA

La sombra del conflicto catalán

Fue inevitable que la campaña electoral quedara teñida por las protestas que destiló la sentencia del Tribunal Supremo a los líderes separatistas que intentaron la independencia de Cataluña en 2017. Las condenas, de entre 9 y 13 años, se hicieron públicas casi al mismo tiempo que se iniciaba la campaña que, por tratarse de una repetición electoral, duró apenas una semana.

Por primera vez, Pedro Sánchez cerró el viernes por la noche su itinerario electoral en Barcelona: “La Cataluña que representan los socialista es la Cataluña que no se resigna a ser extranjera en su propia tierra, que quiere a España, que no quiere ser apartada ni oscurecida por el independentismo catalán”, dijo el socialista mientras se activaba un operativo de seguridad que involucra a más de 8.000 agentes para garantizar el normal desarrollo de las elecciones en Cataluña.

Sobre el final de la campaña, Vox pidió al gobierno ilegalizar los partidos separatistas que atenten contra la unidad de España. Su iniciativa fue aprobada por la Asamblea de Madrid, el Parlamento local, y tuvo el apoyo de PP y de Ciudadanos. “En España se puede ser independentista pero no se puede ser violento y recibir dinero público”, argumentó Rivera, el candidato de Ciudadanos que dio su apoyo a la iniciativa de Vox.

El gobierno en funciones, sin embargo, estudiaba el viernes apelar al Tribunal Constitucional por considerar que la legislatura madrileña excedería sus competencias autonómicas con esa propuesta. “Estamos estudiando impugnar esa resolución del Parlamento de Madrid ante el Tribunal Constitucional”, dijo Sánchez.

La plataforma independentista Tsunami Democratic lleva días agitando la bandera de la amenaza de desobedecer la veda, activa a partir de este sábado, con manifestaciones y acciones espontáneas que se comunicarán a través de su propia aplicación digital. Convocó para este día previo a la votación concentraciones en más de 300 ciudades catalanas para protestar contra la sentencia del procés independentista.

Hasta el viernes, más de 900 mil españoles habían votado por correo, un 26 por ciento menos que las personas que eligieron votar de este modo en las elecciones del 28 de abril.

Lejos de ser una ilusión de futuro, esta repetición electoral pesa en el ánimo de los españoles, incrédulos de que esta vez sus políticos logren, finalmente, formar un gobierno que, además de la crisis catalana, se ocupe de sus problemas.

Madrid. Corresponsal

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