Pedro y Pablo, una dupla frente a un complejo desafío en España

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Pedro y Pablo. Hubo en la historia varias duplas de Pedros y Pablos que evangelizaron o ayudaron a pensar. Hubo un Pedro y Pablo de apóstoles, aplicados mensajeros de Cristo, que

fueron pilares espirituales de la Iglesia. Más pagano, hubo otro Pedro y Pablo de músicos que, en el 82, cuando el sol democrático estaba por volver a salir en la Argentina, cantaban la Marcha de la bronca, por ejemplo.

El Pedro y Pablo que este martes firmaron un acuerdo para intentar gobernar España acaban de inaugurar un idilio político que calma, transitoriamente, los ánimos ante un bloqueo institucional que se diagnosticaba como crónico.

Seis meses después de haberse echado en cara mutuas desconfianzas, dos elecciones y 135 millones de euros -lo que costaron los comicios del domingo 10 de noviembre-, el socialdemócrata Pedro Sánchez y el populista Pablo Iglesias​ hablan de lealtades, de generosidad, de confianza.

Tal vez sensibilizados por la estocada que implicó haber perdido, entre ambos partidos, más de 1.300.000 votos para la izquierda en la repetición electoral del domingo y ante el susto que a los españoles no se les pasa de ver cómo la derecha más rabiosa avanza conquistando devociones, Pedro y Pablo se miraron a los ojos, se estrecharon la mano dos veces y se abrazaron tiernamente frente a las cámaras.

“Ustedes saben que el acuerdo que hoy estamos presentado no fue posible en las anteriores elecciones, que estuvimos muy cerca de poder lograrlo. Somos conscientes de la decepción que supuso entre los votantes progresistas y entre aquellos ciudadanos que lo que querían era un gobierno y superar la situación de bloqueo que hemos vivido en estos últimos años”, dijo el presidente de funciones esquivando entrar en detalles de por qué no fue posible hace seis meses lo que este martes sí firmaron con gusto.

“Quiero agradecerle a Pedro Sánchez su generosidad y su disposición para construir un gobierno con nosotros”, le devolvió Iglesias, fingiendo demencia de no recordar aquellos días de verano europeo en los que Sánchez aseguraba que no quería a Iglesias en el gobierno, que su partido quería formar parte para “controlarlo” y que si hubiera pactado con Unidas Podemos hubiera perdido el sueño.

Pedro y Pablo se afanan, desde el abrazo del martes, por conseguir los apoyos necesarios para una posible investidura. Tejer ese frágil entramado de adhesiones y abstenciones, sin embargo, no les garantiza la gobernabilidad en un Parlamento en el que, sin mayoría, les costará aprobar leyes y presupuestos.

Los memes de Pedro Picapiedra y Pablo Mármol ya circulan en las redes sociales de decenas de españoles.

Madrid, corresponsal

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