De la Wiphala a la biblia: barriendo las huellas de Evo en Bolivia

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La lucha de poder que se está dando en estos días e Bolivia, bulliciosa, estridente, esconde una confrontación mucho más profunda y sombría que tiene que ver con la identidad del

país del altiplano.

La simbología que Evo Morales había construido alrededor de la característica indígena del país, comenzó a cambiar con la asunción de la presidenta interina, Jeanine Añez.

Hubo varios episodios llamativos, que en general pasaron desapercibidos, pero que despertó indignación en la comunidad indígena, orgullosa de su estirpe.

Añez, al proclamarse presidenta interina, exhibió orgullosa la biblia como muestra del nuevo poder en el Palacio de Gobierno. “Dios ha permitido que la biblia vuelva a entrar al Palacio. Que él nos bendiga”, dijo, desafiando así el perfil religioso indigenista que había impuesto Morales.

El segundo hecho tiene que ver con la jura de los cargos. Al llegar al poder en 2006, Evo había desmantelado el rito de jurar “por Dios y la Patria” ante una biblia o ante la cruz.

Morales, que si bien en un principio se declaró católico moderado, conjugaba un ateísmo suave con rituales indígenas aymara, como el de la Pachamama.

La comunidad indígena enarbola la bandera "Wiphala" como símbolo de identidad. (EFE)

La comunidad indígena enarbola la bandera "Wiphala" como símbolo de identidad. (EFE)

Añez barrió con eso y volvió a la simbología tradicional. “Yo creo que esta crisis que estamos viviendo se ha expresado también en la promoción o cuestionamiento a determinados símbolos”, explica Carlos Cordero, analista político y profesor de ciencias políticas de la Universidad Mayor de San Andres.

Hay otro hecho simbólico que Cordero señala. “Añez está gobernando desde el Palacio Viejo, cuando Evo había convertido ese lugar en una especie de museo, estigmatizándolo como el sitio donde gobernaba los partidos conservadores. Por eso construyó el enorme edificio nuevo, detrás, desde donde ejercía el cargo”, señala Cordero.

Pero lo más irritante para algunos sectores fue lo ocurrido con la Wiphala, la bandera multicolor que es símbolo sagrado de las comunidades indígenas que viven el altiplano. El domingo, con la marchas, saqueos y disturbios, se bajó la bandera del mástil frente a la Casa de Gobierno y se subió la boliviana.

Un grupo fanático de católicos que respondían al líder derechista Luis Camacho quemó la Wiphala en señal de repudio a todo lo que representó el gobierno de Morales.

Además, algunos sectores de la policía boliviana, que tenía como distintivo la Wiphala, se la sacaron de los uniformes y las quemaron.

Esto llenó de ira a los indígenas aymara, que bajaron varias veces de El Alto para hacer sentir su repudio, con consignas como “la Wiphala se respeta, carajo” o “la pollera se respeta, carajo”, en referencia a la vestimenta de las mujeres de la comunidad.

“Cuando se impuso la Wiphala hubo resistencia en el oriente boliviano porque se consideraba que era un símbolo andino de los indígenas de las tierras altas. Incluso hubo resistencia en el interior de las Fuerzas Armadas, aunque después la adoptaron como símbolo patrio”, cuenta Cordero.

Los proyectos políticos que buscan trascender, con líderes carismáticos, desarrollan paulatinamente una cultura política propia sembrada de símbolos. Fue el caso de Morales, que la centralizó en la comunidad aymara, desplazando a otras etnias.

“Evo también intentó construir este mito de que Bolivia es mayoritariamente indígena, para tener un partido y un gobierno indígena que le respondan. Pero Bolivia no lo es, es mestiza. Y te doy un dato importante. En último censo, en 2012, el 58% de los bolivianos dijo que no se identificaba con ninguna etnia. Esto fue un durísimo revés para este mito que somos todos indígenas”.

El nuevo gobierno de transición avanza ahora con este giro, que tiene el respaldo del este boliviano, especialmente de Santa Cruz de la Sierra, Beni, Pando, un sector de Cochabamba y la ciudad de La Paz. Pero un rechazo belicoso por parte de la comunidad aymara de El Alto y los cocaleros de El Chapare.

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