El día que tomaron Alcatraz

Internacionales
Lectura

Por Felicia Fonseca y Terry Tang

En una mañana fría de noviembre de hace 50 años, Peter Bratt, de 7 años, sus cuatro hermanos y su mamá salieron de su casa de

San Francisco para dirigirse al muelle. Desde allí, se unieron a un grupo de activistas indígenas en una pequeña lancha que se mecía en medio de la niebla y cabalgaba olas que parecían enormes.

Luego desembarcaron en su destino: la isla de Alcatraz. Al principio, todo lo que el chico podía ver era un enorme y “mágico” patio de juegos. Él y otros niños vagaron por las playas, abriendo literalmente sus propios caminos. Exploraron los edificios que en otro tiempo habían albergado a los presos, entre ellos indígenas estadounidenses encarcelados allí casi un siglo antes.

Pese a su edad, Bratt rápidamente comprendió que la aventura era el comienzo de un movimiento. Los adultos se unían para recuperar un trozo de tierra que no consideraban que perteneciera al gobierno de los Estados Unidos para empezar.

Eldy Bratt, 33, camina por los pasillos de la prisión junto a su hijo Peter. / AP

Eldy Bratt, 33, camina por los pasillos de la prisión junto a su hijo Peter. / AP

“Recuerdo ver a esos jóvenes indígenas llegados de todo el país que le gritaban al mundo: '¡Poder rojo! Ustedes están en tierra indígena’”, dijo Bratt, de 57 años, hermano mayor del actor Benjamin Bratt. “Guau, fue algo que cambió todo. Sentí que por fin estaba en casa”.

La ocupación de Alcatraz, que duró 19 meses y comenzó el 20 de noviembre de 1969, en general es vista como un acontecimiento de gran influencia que dio nuevas fuerzas a las tribus para organizarse ante un gobierno que pisoteaba sus tierras, sus derechos y su identidad.

x

Muchos activistas indígenas estadounidenses hoy dicen que todavía tienen dificultades para hacer que su voz no sólo se escuche sino también se respete. Señalan ejemplos recientes como su batalla actual contra el oleoducto que se planea construir cerca de la Reserva Indígena de Standing Rock. El gobierno del presidente Donald Trump​ aprobó el permiso definitivo para esa obra apenas iniciado su mandato.

Un grupo de activistas desembarca en Alcatraz, en diciembre de 1969./ AP

Un grupo de activistas desembarca en Alcatraz, en diciembre de 1969./ AP

Alcatraz fue el comienzo de algo, según Bratt. Su madre, nacida en Perú, fue una de las que mantuvo vivo el impulso. Su casa de San Francisco se convirtió en un refugio para los activistas indígenas que luchaban por cuestiones como la soberanía y el reconocimiento de los tratados. También proporcionó héroes a los indígenas más jóvenes fuera de las figuras que aparecían en los libros de historia.

“Creo que movimientos y acontecimientos como Alcatraz y la ocupación de Wounded Knee nos dieron nuevos modelos de vida y nuevos guerreros a quienes admirar”, dijo Bratt, que visitó Alcatraz este mes.

La roca de 8 hectáreas situada en medio de la Bahía de San Francisco fue una cárcel militar antes de convertirse en un establecimiento penitenciario federal de máxima seguridad. Entre sus primeros prisioneros hubo 19 hombres hopi encarcelados en 1895 después de resistirse a la asimilación cultural, según el Servicio de Parques Nacionales.

Los ocupantes argumentaban tener derecho a Alcatraz conforme a un tratado de 1868 que el gobierno de los EE.UU. había firmado con los sioux y que estipulaba que las tierras del gobierno abandonadas serían devueltas a los pueblos indígenas. Luego de que esa prisión federal cerrara en 1963, fue declarada bien en desuso, paso necesario para venderla o transferir su propiedad.

Un indio Sioux junto a su carpa tipi en Alcatraz. / AP

Un indio Sioux junto a su carpa tipi en Alcatraz. / AP

Se recibieron donaciones de todo el mundo y los ocupantes montaron un consultorio, una radiodifusora en vivo y un sistema escolar para los niños de la isla.

Pero la coalición de tribus sabía que era probable que no obtuviera lo que quería: el título de propiedad de Alcatraz y la construcción allí de un museo, un centro cultural y una universidad, financiados con fondos federales, y un lugar en la junta que administraba los parques nacionales.

Con el tiempo, el número de ocupantes se fue reduciendo. Los estudiantes volvieron a la universidad. Uno de los principales organizadores, el fallecido Richard Oakes, se fue después de algunas semanas cuando su hija murió al caer accidentalmente de una escalera. Las peleas internas entre los manifestantes crearon facciones y Alcatraz entonces se convirtió más en un lugar para personas errantes que buscaban casa y comida. Funcionarios federales armados desalojaron a los últimos ocupantes en junio de 1971.

Imagen del 26 de noviembre de 1969. Un grupo de personas juega a la pelota en una ocupada Alcatraz./ AP

Imagen del 26 de noviembre de 1969. Un grupo de personas juega a la pelota en una ocupada Alcatraz./ AP

Sin embargo, la ocupación constituyó un momento crucial: el comienzo del activismo indígena durante el movimiento por los derechos civiles, dijo John Echohawk, fundador del Fondo de Derechos de los Indígenas Estadounidenses.

“De algún modo mostró cuál era el punto focal de los indígenas estadounidenses y básicamente nuestros derechos como naciones soberanas”, señaló. “Los derechos de los tratados en contraposición a los derechos civiles, la igualdad de derechos que reclamaban las otras minorías”.

Había de ser un reclamo constante que hoy se manifiesta a través de protestas y batallas judiciales por los derechos acordados en los tratados. Al pie de una lista de cosas para hacer mientras estaban en Alcatraz, los ocupantes escribieron: “¡Crear el marco para las próximas acciones! (Ganar una batalla primero… ¡¡después volver a moverse!!)”

La palabra "Free" (Libertad), pintada en la entrada al edificio principal de la cárcel. /AP

La palabra "Free" (Libertad), pintada en la entrada al edificio principal de la cárcel. /AP

Tras la ocupación, los miembros del Movimiento Indígena Estadounidense reivindicaron los derechos de los tratados con la toma de un edificio de la Oficina de Asuntos Indígenas de los EE.UU. en la capital de la nación, en el lugar donde se había perpetrado la masacre de 1890 en una reserva de Dakota del Sur, y en las rutas conforme cientos de tribus marchaban por todo EE.UU. en lo que se denominó el “Camino de los Tratados Rotos”.

La ocupación de Alcatraz también contribuyó a impulsar un cambio en las políticas federales respecto de la autodeterminación, lo que permitió que las tribus se hicieran cargo de los programas federales de sus tierras… y el abandono de políticas que pretendían despojarlos de su cultura, su lengua y sus tradiciones.

Una vieja torre de agua reza "Paz y libertad, bienvenidos a tierra india libre"./ AP

Una vieja torre de agua reza "Paz y libertad, bienvenidos a tierra india libre"./ AP

Si bien el entonces presidente Richard Nixon aumentó el presupuesto de la Oficina de Asuntos Indígenas, hoy está subfinanciada. El organismo que supervisa las escuelas, las fuerzas policiales y el mantenimiento de los caminos en las reservas no puede satisfacer las necesidades de los más de 2 millones de indígenas estadounidenses que hay en todo el país. Además su financiamiento no está protegido durante las paralizaciones del gobierno como tampoco lo está el Servicio de Salud Indígena, responsable de la atención sanitaria primaria de los indígenas estadounidenses.

Esos servicios supuestamente deben estar garantizados por diversos tratados, sostienen las tribus.

"Tierra india" reza una pintada en un viejo edificio en la isla de Alcatraz. / AP

"Tierra india" reza una pintada en un viejo edificio en la isla de Alcatraz. / AP

LaNada War Jack, miembro de las Tribus Shoshone-Bannock, era una veinteañera cuando ayudó a planear la toma de Alcatraz. Señala las decisiones recientes del gobierno federal para flexibilizar las leyes y las políticas ambientales que no permiten la plena supervisión de los indígenas estadounidenses de la seguridad pública en sus reservas como indicios de que estas batallas siguen vigentes y que hay mucho trabajo por hacer.

“Estamos dejando de lado el tema rápidamente y tenemos que levantar la voz y volver a decir algo y tratar de lograr cierta unidad y apoyo y despertar a la gente en los Estados Unidos”, dijo.

Robert Free también participó en la ocupación, encabezando la instalación de un tipi que pasó a ser el punto de reunión de los manifestantes. Volvió a la isla durante el fin de semana del Día de los Veteranos.

Un tipi levantado hoy en Alcatraz como hace 50 años. / AP

Un tipi levantado hoy en Alcatraz como hace 50 años. / AP

Igual que hace 50 años, Peter Bratt ayudó a Free a levantar el tipi junto con otros adolescentes indígenas. Permanecerá allí hasta comienzos de enero. Pero Free quiere que sea un monumento permanente al faro que fue para las protestas posteriores.

“La ocupación de Alcatraz atrajo a gente de todo el país e inspiró a las personas de todo el continente norte y el continente sur y América central”, dijo Free, ahora de 70 años. “Todas esas personas vinieron y nos dieron un rumbo a nosotros, que éramos almas perdidas. Estábamos redescubriéndonos”.

The Associated Press

Traducción: Elisa Carnelli