La OTAN cumplió 70 años: historia y crisis de la alianza militar

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4 de abril de 1949. Estados Unidos, Canadá y sus aliados europeos de la Segunda Guerra Mundial incorporaban a la Alemania Occidental

para crear la más potente alianza militar del planeta, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN​. Se creaba, se dijo siempre de forma no oficial, para mantener a los estadounidenses dentro, a los rusos fuera y a los alemanes controlados después de las dos mayores conflagraciones militares de los últimos siglos.

70 años después la organización sobrevive con achaques, divisiones internas y dudas sobre su misión, algo recurrente desde que en 1989 caía el bloque soviético y la OTAN se quedaba sin su enemigo natural y crecía hacia el este hasta tocar las fronteras de Rusia.

En los últimos 30 años se ha buscado otros objetivos, principalmente en la lucha contra el terrorismo, pero en el último lustro pudo volver a mirar a Rusia ​desde que Moscú se anexionó por la fuerza la provincia ucraniana de Crimea y desató los miedos en países como los bálticos, Polonia o Rumania, todos miembros de la Alianza Atlántica.

A la cumbre de Londres de esta semana, en la que debería celebrarse el 70 cumpleaños, la OTAN llega mostrando sus cicatrices, sin dirección política clara y con el presidente estadounidense menos atlantista desde su creación. Donald Trump exige a sus socios que aumenten su gasto en Defensa por encima del 2% del PIB, algo que sólo cumplen, además de Estados Unidos, otros seis países de la organización.

El francés Emmanuel Macron desató la última crisis cuando dijo a principios de noviembre en una entrevista a The Economist que la OTAN está “en muerte cerebral”. Berlín y varias capitales de Europa del este, cuya seguridad depende de la OTAN mucho más que la de Francia, respondieron airadas. Esos países no consideran posible, al menos no a corto o medio plazo, que la Unión Europea (UE) sea capaz de proteger militarmente a sus miembros como lo hace la OTAN.

Francia ve una Europa independiente estratégicamente de Estados Unidos. Alemania quiere mantener a Estados Unidos en Europa a través de la OTAN y espera a que pasen los años de Trump y en la Casa Blanca vuelva a sentarse un atlantista. Angela Merkel sabe que el Estados Unidos de Donald Trump no es de fiar y lo ha dicho públicamente en varias ocasiones pero en tiempos de Brexit –el Reino Unido es, con Francia, la gran potencia militar europea-, la alemana no ve posible una Europa autónoma militarmente de Estados Unidos.

Berlín quiere que la Europa de la Defensa crezca, pero siempre de la mano de la OTAN, haciendo compatibles ambas instituciones. París ve una Europa autónoma y cree vital que la UE se dote en los próximos años de la mayor cantidad de capacidades independientes de Estados Unidos, sobre todo cuando Washington se enfrentará cada vez más en los próximos años al crecimiento de China. ¿Puede la UE, sin la OTAN, ser el tercer pilar de ese mundo que está naciendo? Económicamente sí. Comercialmente sí. Militarmente no. Al menos no mientras las políticas europeas de Defensa sigan siendo nacionales.

En Europa del Este se ve la OTAN como un seguro de vida, sobre todo después de la anexión rusa de Crimea. Para países como los bálticos, Polonia o Rumania, la OTAN es lo que disuade a Moscú de actuar más al oeste. Porque la UE no tiene medios militares ni, sobre el papel, el mismo compromiso de defensa mutua. ¿Creen en Lituania que, en caso de agresión rusa, recibirán ayuda de Estados Unidos? Puede ser. Sin la OTAN, ¿creería Lituania que sus socios de la UE le prestarían esa misma asistencia? No.

Donald Trump dejó clara esa duda cuando se preguntó en una entrevista en FOX News por qué Estados Unidos debería defender a Montenegro, país miembro de la OTAN. Si EE.UU. no cumple con la cláusula de defensa mutua la OTAN será una cáscara vacía. Eso es lo que denuncia Macron y lo que intenta evitar Merkel.