El gobierno alemán al borde del colapso luego de las elecciones internas de uno de sus socios

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La victoria en las primarias del sábado del ala más izquierdista del SPD socialdemócrata alemán puso contra las cuerdas la estabilidad del gobierno alemán, una coalición del SPD como socio menor

y de la CDU de Angela Merkel​ como socio mayor. El vice jefe del gobierno y ministro de Finanzas, Olaf Scholz, fue el derrotado en las primarias por el liderazgo socialdemócrata, por lo que su continuidad en el partido y en el gobierno es una incógnita.

El nuevo liderazgo socialdemócrata rechaza el pacto con los conservadores, que costó seis meses de negociaciones. Si Scholz dimite, Merkel tendría que gobernar en minoría parlamentaria o adelantar unas elecciones que están previstas para otoño de 2021 y a las que prometió no presentarse.

Durante la campaña de las primarias, el nuevo liderazgo socialdemócrata, la dupla que forman Norbert Walter-Borjans y Saskia Esken, prometió que exigirían a los conservadores una re-negociación de los términos de la coalición y un cambio importante de la política económica alemana.

Quieren, como por otra parte le piden a Berlín desde hace años organismos internacionales como el FMI, el Banco Central Europeo o la Comisión Europea, que se abandone el sacrosanto déficit cero para que Alemania ​aumente su gasto público y dedique el aumento a la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Exigen, para empezar, un aumento del salario mínimo y una política mucho más ambiciosa contra la crisis climática. Si los conservadores no aceptan, amenazan con abandonar la coalición.

El partido de Merkel ya respondió: no habrá renegociación de los términos de la coalición y si los socialdemócratas quieren salir del gobierno que salgan, pero no se aumentará el gasto público. Paul Ziemiak, secretario general de la CDU, dijo: “Nuestro objetivo es gobernar bien y los fundamentos para hacerlo están en el acuerdo de coalición. La decisión interna del SPD (la elección del nuevo liderazgo) no cambia nada al respecto”.

La ruptura de la coalición podría ser además el fin político de Merkel, casi dos años antes de lo previsto y justo cuando su sucesora en la jefatura de la CDU y futura candidata conservadora, Annegret Kramp-Karrenbauer (AKK, como la conoce la prensa germana), no consigue afianzar su figura como líder conservadora.

Entre las medidas que quiere aprobar el SPD están una subida del salario mínimo de los 9 euros por hora actuales a 12 euros por hora, que se abandone la santidad del déficit cero para aumentar el gasto social y en infraestructuras y más ambición contra la crisis climática.

Si cayera el gobierno y los alemanes fueran de forma anticipada a las urnas, los sondeos dan una estrepitosa caída de los socialdemócratas, que no llegarían ni al 15% de los votos. Los conservadores se quedarían en un 27% y los ecologistas subirían, robando voto socialdemócrata, hasta el 22%. La ultraderecha pelearía con los socialdemócratas por ser la tercera fuerza política y estaría rozando el 15%. Los conservadores lograron en 2017 un 33%, su peor resultado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ahora no llegarían ni al 30%.