Ignacio Montoya Carlotto: "A veces la misma verdad que te abre una herida es la que también viene a liberarte"

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"Una condena para andar y andar,/Un espejismo en esta oscuridad/herido de verdad/Y sin saber qué hacer ni con quien hablar".

Aunque de las ocho piezas de Todos los nombres. Todos los

cielos, el muy buen nuevo álbum del Ignacio Montoya Carlotto Trío, seis son instrumentales que transitan un terreno en el que el jazz y el folclore hacen causa común, la potencia de la letra de Panóptico, una de las dos que son cantadas por el pianista y compositor, se impone como punto de partida de un ida y vuelta de palabras que van y vienen entre Buenos Aires y Olavarría a través de la comunicación telefónica.

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"Es el tema más autobiográfico de mi vida", admite el músico, que cuenta que la escribió un año y medio atrás, "pensando en aquellos días" de 2014, cuando fue reconocido como hijo de Laura Carlotto y Walmir Oscar “Puño” Montoya, y como nieto de Estela de Carlotto, presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo. Un nuevo punto de partida en su vida, que Ignacio señala como de consolidación de su identidad, forjada entre el descubrimiento de sus raíces familiares y su vida en la localidad de la provincia de Buenos Aires, de donde no se le pasa por la cabeza irse.

"No cambio este lugar por nada. La tranquilidad es un valor fundamental, y yo tengo a el campo a media cuadra. Lo veo desde acá", dice, y de pronto se encuentra hablando de las caleras abandonadas que se transformaron en lagunas, de la pesca en la zona y de cuando iba con sus amigos a bañarse a alguna de ellas. "Había una entradita, y teníamos una playa solo para nosotros, sin viento...", recuerda, y cuenta que muchos de aquellos compañeros de infancia siguen ahí. 

En el formato de trío, Ignacio Montoya Carlotto explora una veta instrumental que en el septeto cede espacio a la palabra. (Foto: Prensa)

En el formato de trío, Ignacio Montoya Carlotto explora una veta instrumental que en el septeto cede espacio a la palabra. (Foto: Prensa)

"Me refugié bastante en los amigos, que son los de la secundaria, con los que nos seguimos juntando a comer bastante seguido, los que he conocido en Loma Negra, a quienes sigo frecuentando, y los músicos, también de acá, con los que toco y nos vemos muy seguido. Esos lazos se han afianzado. El sacudón hizo que los que estaban agarrados fuertemente a uno se quedaran, y los otros no. Y he sumado pocos amigos en esta segunda etapa. Más bien pocones...", confiesa.

-"Herido de verdad"; en ese verso un podría leer que te sentís realmente herido, o bien que la verdad provocó una herida en vos... Es una diferencia muy sutil, pero son cosas distintas.

-Esa era, justamente, la idea. Que tenga esas dos lecturas. Porque en definitiva es algo contradictorio. Es la sensación de que a veces la misma verdad que te abre una herida, al ponerte en otro espacio, es la que también viene a liberarte. Por eso le puse Panóptico, porque es como entrar en un lugar y sentir que todo el mundo te está mirando.

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-Varios versos más adelante cantás sobre un "vago recuerdo de la libertad, que no se nombra ni se puede usar". Suena como si la misma libertad que te pudo haber dado completar tu historia te hubiera quitado parte de la que disfrutabas antes de que sucediera. ¿Hay algo de eso?

-Esos versos están relacionados con toda la cuestión que se pone en los hombros de algunas personas. Argentina es un país cruel con las personas públicas. Por ahí, hasta yo mismo le pido a un tipo público, a gente que conozco, cosas que no tiene que hacer. Y no hablo de alguien que tenga responsabilidad de gobierno, al que se le puede exigir, sino de un deportista, por ejemplo... Y después de todo lo que me pasó, lo pude ver desde ese punto de vista. Lo que vino hizo que se me resquebrajara un poco el sentido de la libertad que yo tenía. Hay una gran libertad en ser un anónimo.

-¿Eso influyó de alguna manera en tu manera de hacer música?

-Hasta hace cinco años, tenía con la música una relación amorosa, administrativa y profesional. Ahora es netamente afectiva. No puedo acercarme a ella si no es a partir de lo que me pasa. Abrí un montíon de compuertas acerca de eso. Nosotros ya estamos trabajando en el nuevo disco del Septeto, en el que la palabra está mucho más presente, y a diferencia del anterior, que es muy paisajista y en el que las canciones son muy contemplativas, las nuevas hablan de cosas que nos pasan, que me pasan... Cosas duras, historias complejas...Y si bien el texto más evidente que la música, para expresar esos cambios de personalidad y de etapas en la vida de uno, en este disco, casi todo instrumental, también se notan. De hecho, en el disco quedaron músicas fuera, que estaban buenas pero que no me expresaban, de las que sentía que no me podía agarrar. De hecho, el disco estuvo cajoneado un tiempo, y pensé en no publicarlo. Hasta que un día, escuchando una parte del tema Doble de dos, me pasaron cosas. No es que me puse a llorar, pero me conmoví. Y esa conmoción hizo que me decidiera a hacerlo.

-El clima del disco remite al estilo del sello ECM. Inclusive la imagen de la tapa, el horizonte ahí... Pero es una música que a la vez que conecta con muchas otras ya conocidas, tiene un sello propio. ¿Escuchás otras cosas mientras estás grabando? ¿Te dejás influenciar o preferís bloquear cualquier intromisión?

-Por ahí, cuando estoy grabando sí. Sobre todo en esta música, en la que una vez que ya la hiciste y la estás 'poniendo en dedos' uno tiene que escuchar otras referencias interpretativas. En la previa de los ensayos escuchamos muchos tríos, formas de abordaje... Quizá el bloqueo viene en la etapa en la que estoy escribiendo la música, para no correr el riesgo de irme hacia el lado de la propuesta de otra pesrona. En ese momento me quedo solo en mi universo.

Así es la tapa de "Todos los nombres. Todos los cielos", el álbum de Ignacio Montoya Carlotto Trío que inaugura el repertorio del flamante y bienvenido sello independiente Ceibo Música.

Así es la tapa de "Todos los nombres. Todos los cielos", el álbum de Ignacio Montoya Carlotto Trío que inaugura el repertorio del flamante y bienvenido sello independiente Ceibo Música.

-Cuando ponés los títulos, La mujer que tenía...

-(Interrumpe) ¡No me digas que no soy un capo poniendo títulos! (Risas)

-Por cierto que hay varios muy buenos. Pero, ¿La mujer que tenía todos los nombres del mundo habla de alguien en especial?

-Hay dos temas que son los fundacionales del disco. La mujer que tenía todos los nombres del mundo está dedicado a mi mamá biológica, porque cuando ella estaba viviendo en la clandestinidad usó varios nombres distintos; y El misterioso aviador de todos los cielos del mundo está dedicado a mi papá biológico, que fue el primer piloto recibido, en Cañadón Seco. Me salieron pensando en ellos, y combinados le dan el título al disco.

-¿Estos dos temas los compartiste de algún modo especial con tu abuela Estela?

-No, y casi no lo he mencionado -aunque ya cometí el error de hacerlo antes- porque le tengo mucho miedo a la magnitud que pueda tomar. Los tendría que haber grabado y editado y no haber dicho nada.

-¿Por qué?

-Porque es algo que tiene que ver con cierta "necesidad", con esa cosa que se espera: "que el pibe escriba algo de los padres". Y después tenés que convivir con eso como si fuera lo único importante que hiciste. Y no es así. En verdad, es una cosa que hice para mí. Suena contradictorio, porque es cierto que también la comparto con quienes lo escuchan; pero haberlos hecho está relacionado con una necesidad propia. Ahora, ya está.

Ignacio Montoya Carlotto y el piano, una sociedad creativa que adquiere diferentes formas para trabajar sobre la idea de una identidad musical en estado de evolución. (Foto: Josefina Carlos)

Ignacio Montoya Carlotto y el piano, una sociedad creativa que adquiere diferentes formas para trabajar sobre la idea de una identidad musical en estado de evolución. (Foto: Josefina Carlos)

-¿El repertorio de Todos los nombres. Todos los cielos admite ser llevado al formato de septeto?

-Quizá sea posible. Con el septeto teníamos una versión de Milonga en silencio, y hace mucho intentamos hacer una versión de La ruta de la seda. Pero el septeto tiene la característica vital de que son canciones con un peso fuerte de la palabra, y además no canto yo. Y un tema como Panóptico sería muy difícil ser interpretado en tercera persona. Lo que sí sucede es que a veces, dentro de un concierto del septeto, tocamos algún temita en trío.

-¿Cuál de los dos formatos te da más libertad para improvisar y crear en tiempo real?

-El trío tiene como más momentos de impro, aunque si nos ponemos estrictos, en el septeto el momento de la impro es una parte formal más de la música. Es como un puente entre una parte y otra del tema. No es la idea jazzisitica en la que tenés un tema en trono al cual empezás a jugar y alrededor del cual se va construyendo la música. En ese sentido, el septeto me pone a disposición todos los colores que necesito. No tengo que sintetizar nada porque tengo todo a mano. Es el orgánico en el que más me gusta estar. He llegado a pensar, aunque quizá sea muy pronto, que vendría a ser como lo que era el quinteto para Astor (Piazzolla), o el trío para Bill Evans. Hablo de la formación en la que uno puede volcar todas las ideas sin resignar nada. Pára mí, el septeto tiene esas cosas.

-Panóptico termina con un reclamo algo angustiante: "Amor sácame de acá" ¿Se lo pedís al amor como concepto o a alguien en particular?

-Es un pedido, a la distancia, a mi mujer. La canción tiene por un lado eso de "colgarse el disfraz" que esperan que uno se cuelgue, y eso de los anónimos que van diciendo cualquier cosa por ahí. Esos son dos problemas entre los otros muchos que enfrenté en esta nueva situación. Entonces, alzaba la vista y no sabía a quién mirar para pedir ayuda. Con mi esposa nos encontramos muchas veces mirándonos, preguntándonos qué hacer. Yo pidiéndole a ella, y ella sin saber; porque el golpe nos llegó a los dos. Por eso usé esa frase. Quise redondearla, pero no pude poner nada más.

Ignacio Montoya Carlotto Trío presenta "Todos los nombres. Todos los cielos" el miércoles 11 de septiembre a las 19 horas, en el Auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, Agüero 2502 (CABA). Entrada libre y gratuita.

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