Los peligros del veganismo cool

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los comeré más”. Así de sensible a la animalidad era Franz Kafka, que decía a quien lo escuchara: “Los vegetarianos se comen a sí mismos”. Tal vez el hecho de que su padre fuera carnicero había tenido bastante que ver con su elección nutricional, pero no fue el único escritor, científico, artista, que optó por eliminar la carne de su mesa. También lo hicieron Isaac Newton, Leon Tolstoi y Albert Einstein. Eso, mucho antes de que las redes sociales, los influencers y los informes sobre la dramática situación de la crisis ambiental hicieran lo suyo como para que el veganismo aumentara en promedio un 500% como tendencia mundial en los últimos cinco años.

Ellos fueron vegetarianos antes de que el mismo término “vegan” fuera inventado por un matrimonio inglés, allá por 1944. Fueron vegetarianos antes de que comer huevos, lácteos, miel o utilizar cualquier producto de origen animal para provecho humano formara parte de una filosofía de vida.

Porque el veganismo, el auténtico, el que crece lejos de las pantallas, las luces y las modas cool, no es una dieta. Ni siquiera una forma de comer más saludable: es una forma de vida que gana más y más terreno, tanto en países ricos como pobres, entre jóvenes como entre adultos mayores.

En la Argentina, un estudio realizado por la consultora Kantar por encargo de la Unión Vegana Argentina (UVA) muestra que en el país hay más de 4 millones de personas que se autodefinen como veganos/vegetarianos. Médicos y nutricionistas acuerdan, en general, con que la elección de un modo de alimentación y de vivir es algo que queda al libre arbitrio de cada persona, de cada familia. Los problemas empiezan cuando tales opciones complican la salud, algo que ni famosos ni influencers suelen decir cuando cuelgan de sus Instagram y sus Twitter recetas, fotos y consejos dados al azar y sin advertencias. De algún modo, la idea que pende sobre nuestras cabezas es que dejar de comer animales nos garantizará salud, libertad, un planeta a salvo de la catástrofe climática y la felicidad de no explotar a otros seres vivos. Un poco de esto y aquello hay, pero en lo que a la salud respecta, los veganos responsables saben que deben controlar su alimentación para asegurarse de que posee los nutrientes esenciales para el organismo. Dejar de ser omnívoro tiene consecuencias no siempre saludables, el desconocimiento no ayuda y la solución al problema es bastante simple. Es lo que muestran estudios científicos realizados en diferentes lugares del mundo, incluyendo la Argentina.

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Alerta bebé. Una investigación publicada hace un par se semanas por especialistas del Hospital Garrahan alerta sobre los riesgos de no suplementar la alimentación de las madres veganas desde antes de la concepción y hasta el fin de la lactancia. Y es que los pediatras detectaron lactantes, hijos de madres veganas, con déficit de vitamina B12 y compromiso neurológico grave: apneas centrales, convulsiones, hipotonía o bajo tono muscular, pérdida de conexión con el medio y de pautas madurativas.

“Si bien hay reportes en hijos de madres veganas y se habían atendido casos esporádicos, la prevalencia de veganos en nuestro hospital ha aumentado rápidamente: 6 casos entre 2006 y 2013 (0,85 casos/año), 2 entre 2014 y 2016 (1 caso/año) y 7 en el período 2016-2018 (3,5 casos/año)”, explican los especialistas en el paper.

¿Por qué publicar este trabajo? Es la pregunta que más de un vegano le hizo a esta cronista, en tono suspicaz. “Porque las dietas variadas aportan vitamina B12”, explica Lucrecia Arpí, coordinadora de cuidados intermedios y moderados del Garrahan. “La B12 se encuentra en carne, vísceras, aves, pescados, mariscos y yema de huevo; la leche humana es una fuente adecuada cuando los niveles maternos son normales”. Y aclara: "El déficit de B12 con sintomas neurológicos es una enfermedad excepcional. En 20 años había visto dos chicos con enfermedades serias en el hospital. Y en poco tiempo teníamos siete”.

En el caso de los neonatos y de los bebés, una dieta vegana sin control médico puede derivar en grave deterioro cognitivo.

Los bebés estudiados habían nacido sanos, sin complicaciones. Todos habían realizado consultas previas y tenían, en promedio, 2,4 meses de evolución desde el comienzo de los síntomas. Todos consultaron por síntomas neurológicos graves; cuatro tenían anemia megaloblástica grave, tres sufrían desnutrición aguda. Una vez recibido el tratamiento con vitamina del complejo B empezó la mejoría, con la desaparición de las convulsiones y las apneas, y la recuperación parcial de las pautas madurativas.

El problema es que una dieta basada en vegetales puede carecer de ciertas vitaminas y minerales, como hierro, calcio, iodo, zinc y vitaminas B12 y D. Cuando no hay suficiente vitamina B12 se produce daño a nivel del sistema nervioso. Investigaciones llevadas a cabo en Holanda muestran que los niños menores a 18 meses alimentados a base de dietas veganas estrictas y sin control médico sufren de retardo del crecimiento.

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“Estas mamás que nosotros atendimos no sabían que es frecuente la deficiencia de B12 en la dieta vegana, desconocían que precisaban suplementación, todas tenían algunos controles durante el embarazo y todos los bebés habían nacido en una institución de salud. Las mamás no tenían intención de dañar a sus bebés y en cuanto les dijimos lo que pasaba decidieron suplementar a sus hijos”, describe Arpí.

Militancias. “A los 16 años, cuando me hice vegetariana ya tenía una pequeña noción de lo que era el maltrato animal y por eso decidí hacerme vegetariana pero no fue hasta que me hice vegana que realmente empecé a informarme sobre todo lo que involucraba la industria cárnica, la láctea, la agrícola, la de pesca. Fue un despertar”. La que relata su experiencia es Connie Isla, 25 años, cantante, actriz y, activista vegana e influencer. Fue elegida Joven Destacada por la Presidencia de la Nación e integra la lista de las 15 personas más influyentes del mundo de Fox Entertainment.

No se despega de su ukelele y reparte viandas veganas a gente en situación de calle. El medio ambiente y el maltrato animal son sus temas predominantes, que comparte con casi medio millón de seguidores.

En la industria del fast fashion se precariza al ciento por ciento de las personas que trabajan -le dice a NOTICIAS-. Se emplean un montón de géneros y de cosas de origen animal, o sea que hay maltrato. Además, se contamina muchísimo el medio ambiente para que después nosotros compremos una remera. Pero, en realidad, eso lo está pagando otra persona con su sacrificio, lo está pagando el planeta tierra con su detrimento y lo están pagando animales con su vida”.

Descripto en palabras de una centennial, eso es el veganismo. Una elección política, no en términos partidarios pero sí en términos de una ideología desde la cual plantarse en la vida.

“El veganismo tiene que ver con el rechazo de la utilización de animales para cualquier fin, alimentación, vestimenta, entretenimiento, experimentación, tracción, para lo que sea. Esa es nuestra base y es algo que va más allá de la alimentación”, define Manuel Alfredo Martí, activista, escritor, fundador y director de la Unión Vegana Argentina (UVA).

Matías Báez entró al mundo vegano en el 2015, dice él, sin transición, “de un día para el otro”. “Mejorar la salud fue lo que me atrajo pero lo que me terminó de convencer y me dió el impulso fue la ética. Ví un video que se llama "El mejor discurso que jamás escucharás" en el que se muestra cómo tratan a los animales en los mataderos. Una vez que uno escucha todo eso es irrebatible, irrefutable. Te das cuenta de que no es simplemente una elección personal porque estás involucrando la vida de otros seres y que no hay un buen argumento para decir que necesitamos comer derivados de animales. Es una decisión ideológica”.

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Activista y miembro de un ONG de origen chileno llamada Animal Libre, admite que haber comenzado una alimentación vegana sin consultar a un médico le jugó al principio “una mala pasada”. Y cuenta: “El primer mes bajé mucho de peso y muy rápido porque no estaba combinando bien los alimentos, ignorancia total de mi parte. Fui a un médico y me dijo que era posible practicar la dieta pero que debía mejorarla. Por ejemplo, en ese momento casi no consumía legumbres, unas de las principales fuentes de proteínas para nosotros. Una vez que modifiqué la dieta en un par de meses volví a recuperar el peso que necesitaba. Los estudios médicos y de composición corporal me dan bien hace cuatro años”.

“Ser ovolácteo vegetariano o vegetariano o lacto vegetariano tiene menos riesgos de complicaciones -señala el médico en nutrición Alberto Cormillot-. Para ser vegano y llevarlo como una filosofía de vida hay que saber de nutrición y estar entrenado. De ese modo, está comprobado que se puede llevar una buena alimentación. Si no estás muy bien entrenado pasan cosas que a un adulto lo pueden dañar y que a un niño le puede generar daños irreversibles. El problema es cuando, en pos de una moda, alguna gente no toma al veganismo como una filosofía sino como un entretenimiento, le agregan cierto fanatismo y no se nutren como corresponde”.

En ese sentido, Cormillot apunta contra los influencers que se declaran veganos desde hace seis horas y pululan en las redes sociales dando consejos médicos. Y agrega: “Lo que hacen es practicar el inducismo. Llevan adelante una apología de lo que ellos hacen y son personas que tienen ideas sobrevaloradas acerca de sí mismas. Piensan que pueden informar sobre nutrición a partir de una experiencia propia o de un conocimiento no científico. Entonces transforman lo que es una filosofía personal, que es muy respetable, en un entretenimiento que si es tomado en serio por un chico puede terminar dañándolo”.

“El problema es cuando alguna gente no toma al veganismo como una filosofía sino como un entretenimiento”, dice Cormillot.

Beneficios, según se mire. La idea generalizada de que tanto el vegetarianismo como el veganismo son las formas de alimentación más saludables posibles tiene sus claroscuros. La cantidad de estudios científicos al respecto crece, año a año, pero básicamente hay un par que los expertos toman como referencia: el EPIC-Oxford y el estudio de los adventistas, hecho en los Estados Unidos.

El primero comenzó en la década de los ´80 y en él participaron 11.040 personas, reclutadas a través de la Sociedad Vegetariana del Reino Unido. En el caso del estudio de los adventistas, participaron 73.308 miembros de esa comunidad.

“Los resultados que se obtuvieron muestran muchas paradojas -resume Mónica Katz, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN)-. Mientras los vegetarianos corren menos riesgo de tener infartos, sufren más accidentes cardiovasculares, y no se sabe por qué. Mientras tienen en general menos cáncer padecen más cáncer colorrectal. Tienen más osteoporosis, menos cataratas. Eso sí, todos son más delgados que quienes siguen otros estilos alimentarios, sobre todo los veganos”.

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De acuerdo con Katz, no hay una conclusión que afirme que eliminar las carnes de la dieta es siempre mejor, “aunque sí sucede que el pescatariano, el vegetariano que consume pescado, es el que registra menos hospitalizaciones”. Y resume: “Cada uno es libre de elegir el modo de alimentación que prefiera, siempre que cuide que no haya carencias, que lo suplemente con alimentos fortificados o con fármacos”.

Sobrevivir en la Tierra. Otro de los motivos por los cuales el veganismo se expande es la crisis climática. “Para producir un kilo de carne hacen falta 15.500 litros de agua -afirma Manuel Alfredo Martí-. Un vegano ahorra agua”.

Un informe dado a conocer en agosto por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), elaborado por más de 100 científicos, afirma que el alto consumo de carne vacuna y productos lácteos, especialmente en los países de mayor ingreso, está fogoneando la acumulación de gases de efecto invernadero. El problema no es la proteína de origen animal en sí misma, sino la forma en que es producida. Sin embargo, también hay científicos que advierten sobre el riesgo de que esas tierras no usadas para ganadería terminen siendo mal utilizadas en una agricultura poco amable con el medio ambiente. En ese caso, también contribuirán a la desertificación y a la muerte de especies animales que pierden su hábitat a medida que los seres humanos ganan tierras de cultivo.

La realidad del veganismo, como suele suceder en todos los órdenes de la vida, es más compleja que algunos slogans. Y también está despertando reacciones fundamentalistas que bordean el odio. La vegefobia, el rechazo a la persona que elije ser vegana o vegetariana, va en aumento.

“Tenemos más de 15 mil firmas para hacer una petición al INADI para que la incluya como la forma en la que se discrimina a los vegetarianos, esto está creciendo mucho”, asegura Martí. Mientras tanto, noviembre será el mes internacional del veganismo y entre el 2 y el 3 se llevará a cabo en la ciudad de Buenos Aires el VegFest que ya va por su edición número 15.

Paul McCartney es uno de los mayores activistas del veganismo, y resume su posición en una frase muy poética y esperanzada: “Si los mataderos tuvieran paredes de cristal, todo el mundo sería vegetariano”. Por lo pronto, quien lo sea, tendrá que tener en cuenta dejar de lado fanatismos y optar por una saludable racionalidad.

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