Cristina Kirchner volvió a Casa Rosada, recorrió los pasillos y dijo que la persiguieron

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Pidió ver el mural de David Sequeiros que está en uno de los ingresos al Museo del Bicentenario, obra y pintor por el que Cristina Kirchner suele confesar admiración.

Dice, incluso, que es uno de sus artistas preferidos.

Ocurrió ayer, 10 de diciembre, unos minutos antes de las 5 de la tarde y para la mitología peronista se convirtió en el instante en que el "vamos a volver" kirchnerista, marca registrada K, tuvo para Cristina una cristalización puntual.

Así de simple: martes 10 de diciembre, la ex presidente regresó tras 4 años y 17 horas a la Casa Rosada, caminó por sus pasillos y se instaló en las oficinas de un edificio donde reinó durante ocho años.

En ese regreso, se permitió una parábola temporal y política: su última vez en la Rosada, el 9 de diciembre de 2015 se despidió con un discurso frente a Plaza de Mayo. Anoche, cuatro años y una pizca después, después volvió a hablar ante esa plaza.

Pero no lo hizo como presidenta sino como vice, resultado de aquella decisión de entronizar el 18 de mayo de 2019 a Alberto Fernández como su candidato y heredero. Por esa razón, Cristina habló primero y le dejó el cierre de la ceremonia extra large de asunción de los Fernández, a quien en su discurso dejó de tutear para llamar, formalismo puro, como “señor presidente”.

Frente al océano de gente que fue Plaza de Mayo, la ex presidente –ahora vicepresidenta en funciones- rememoró la “ noche maravillosa” de 2015 cuando dijo que que la gestión K entre el 2003 y el 2015 no había “sido magia” a la vez que aseguró que tras su despedida del goibenro vino una época de persecución.

“Se buscó que literalmente desapareciéramos como seres humanos a través de la humillación y de la persecución” dijo en referencia a las causas judiciales en su contra, que hace tiempo considera parte de un lafware motorizada por Mauricio Macri.

"Fueron cuatro años muy duros para quienes fueron objeto de persecución" dijo en el que fue su primer discurso como vice, en el acto de festejo por el regreso del peronismo al poder. “Pese a todo, aquí estamos” dijo y arrancó una ovación placera.

Con Fernández parado a su derecha, a unos metros, Cristina habló algo más de 15 minutos y luego le cedió el micrófono al presidente. Juntos habían subido al escenario pasadas las 20 horas: se despidieron, luego de discursos y selfies a las que se sumó Axel Kicillof, antes de las 21.

Fernández le devolvió la mención: aseguró que fueron "cuatro años" difíciles para Cristina.

Un rato antes, la vicepresidente había llegado a Casa Rosada para acompañar, desde la primera fila, sentada junto al ex presidente de Ecuador Rafael Correa, la jura de los ministros.

Intervino en el diseño del staff de Fernández donde hay cristinistas puros y duros como Eduardo “Wado” De Pedro, que se juró como ministro del Interior y luego se instaló en el despacho de la planta baja de Casa Rosada, frente al palacio de las Palmeras, que hasta hace unas horas ocupó Rogelio Frigerio, ministro político de Mauricio Macri.

“Wado” fue uno de los más aplaudidos en la jura y abrió, luego, las oficinas para recibir a la ex presidenta. Estuvieron en ese despacho –que era uno de los preferidos de Néstor Kirchner para las charlas políticas- hasta que, poco antes de las 20, Cristina se encontró con Fernández y enfilaron, juntos, hacia el escenario.

Así como Fernández, luego, pidió que no haya insultos a Macri, Cristina hizo un diagnóstico duro de la herencia de cuatro años de gobierno cambiemita.: dejó un “país devastado, tierra arrasada”.

Más temprano, en el Congreso, Cristina había protagonizado un equívoco con Macri: un saludo frio y un gesto, que parecía una firma en el aire, que generó curiosidad y alguna intriga.

Hizo, además, un elogio directo a Fernandez por su decisión de retirar las vallas que separaban, hasta el lunes, la Plaza de Mayo. “Usted ha iniciado su gobierno con muy buenos augurios, señor presidente” dijo, en tono formal, y consideró que las rejas eran "un símbolo de división entre el pueblo y el gobierno". 

Destacó, también, el discurso presidencial ante la asamblea legislativa y pareció darle algunos consejos políticos. "Presidente, confíe siempre en su pueblo: ellos no traicionan, son los más leales, solo piden que los defiendan y los representen” le dijo mientras lo miraba.

Exploró, en el mismo movimiento, un segmento puntual sobre el periodismo. "No se preocupe por las tapas de los diarios” lo aconsejó sabedora del celo con que Fernández sigue lo que se escribe en los medios.

En el mismo tono, entre consejera y asesora, aseguró que Fernández "tiene la fuerza y la convicción para cambiar esta realidad" y extendió el comentario a un plano más genérico: "Los dirigentes deben entender de una buena vez por todas que es necesario que cada uno entienda que no todo empieza y termina en uno".

"Uno es más grande cuando es parte de un todo" apuntó antes de varias auto referencias.

"Quizá me equivoco pero digo lo que pienso y hago lo que siento" aseguró y aseguró que “el coraje se prueba en la adversidad”.

Cristina siguió, luego, el discurso de Alberto Fernández que repitió su slogan político que se lee como una remake, aunque corregida, del "vamos a volver" kirchnerista. "Volvimos y seremos mejores" se despidió el presidente que este miércoles estará en la jura de dos gobernadores: el bonaerense Axel Kicillof y el santafesino Omar Perotti.