Los íntimos de Alberto Fernández, la clave del esquema de decisiones en la Casa Rosada

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- Me quise hacer el uruguayo y terminé con el auto roto.Francisco "Pancho" Bustillo, embajador de Uruguay en Madrid, festejó la humorada de Alberto Fernández sobre el estado del Toyota

Corolla con el que, recién asumido, se trasladó desde el Congreso a Casa Rosada, y que en la avalancha de saludadores y militantes terminó abollado.

Bustillo, único extranjero en la primera cena albertista de Olivos, forma parte de ese club de amigos transversales que Fernández tiene en su Olimpo personal. Cuando, tras las PASO, viajó a España y Portugal, Bustillo ofició de "canciller" informal: lo alojó en su residencia y armó una cena con los empresarios españoles top.

 

España, según la sinuosa y volátil agenda presidencial, puede ser su primer destino externo: Europa, más que Brasil, figura en el menú de preferencias de Fernández que lee el mapamundi en clave de inversiones externas y acreedores. El martes, antes de brindar con un grupo reducido, soportes de una mesa chica que operó durante la campaña, Fernández recorrió la Quinta de Olivos, que no pisaba desde hacía más de una década.

Más temprano, subió a la terraza de Casa Rosada y se sorprendió cuando vio que el mar de gente reunido para la jura llegaba hasta la 9 de julio. Al irse, el helicóptero presidencial sobrevoló Plaza de Mayo que todavía desbordada. La anécdota de Palacio dice que el piloto ofreció dar un giro para volver a ver la plaza desde el aire y que Fernández lo agradeció: son escenas que puede que no vuelvan a ocurrir.

En Olivos, Fernández cementó el anillo de funcionarios y amigos cercano. Santiago Cafiero, el jefe de Gabinete, su segunda sombra, hizo su propia apropiación de la Quinta: fue con su mujer y sus tres hijos. La influencia de Cafiero, con poco rodaje en las grandes ligas antes de ser esa rara avis de "operador de un operador", se mide en cercanía y porque arrimó a ministros como Sabina Frederic, de Seguridad, y Martín Guzmán en Economía, mamushka de vínculos: lo acercó Matías Kulfas que llegó al mundo Alberto de la mano de Cafiero que tuvo de celestino a Gabriel Katopodis, ahora en Obras Públicas.

 

El grupo AF lo completan el vocero Juan Pablo Biondi; Miguel Cuberos, cuyos dones sobrepasan el rango de subsecretario de la Presidencia, y el porteño Juan Manuel Olmos, jefe de asesores de Jefatura de Gabinete. Olmos ejecuta mandatos presidenciales en asuntos puntuales.

Ahí hay un rasgo: el poder que da la intimidad no se refleja, salvo Cafiero, en las cucardas oficiales. Olmos es del club de los secretismos donde habitan dos figuras con figuras conocidas que se sueñan invisibles: Gustavo Béliz y Vilma Ibarra, que custodian las ideas y la firma del Presidente. Beliz podría convertirse en interventor de la AFI (ver pág. 16): es ideólogo del Consejo de Seguridad y dibuja una reforma del servicio de Inteligencia.

- ¿Por qué tarda tanto para resolver lo de la AFI?

- ¿Cuál es el apuro? Ahí, como con Justicia, hay que definir bien qué se hace-, dicen en Casa Rosada.

Ibarra hace un culto del silencio, es amable pero parece distante. "Soy mala recordando rostros", se disculpa. Está on line permanente con Cafiero, empatizó con Eduardo "Wado" de Pedro y se mueve en tándem con Beliz: lo que uno pergeña debe, luego, pasar por el filtro de lo jurídicamente posible.

Tiene ese mandato: que los textos que vayan y vengan del Congreso sean correctos y aplicables. Ahí juega De Pedro, "Wadito" según Fernández, el cristinista en la Rosada, que enlaza a Máximo Kirchner con el sistema albertista que estuvo una década fuera, lejos o enfrente del dispositivo K. El nivel de cristinismo en el grupo operativo más cercano a Fernández tiende a cero.

El tercer eje son los históricos: el grupo Café Las Palabras, que reúne a Eduardo Valdés, Julio Vitobello y, entre otros, a Jorge Argüello. Vitobello tiene entre sus tareas poner en condiciones al menos el Tango 10, el Learjet presidencial. "No tiene aire acondicionado: dejaron que todo se deteriore para tener excusas de contratar charters", dicen sobre Macri.

A Argüello, embajador en Washington, lo espera una cruzada descomunal: convivir con la diplomacia presidencial de Donald Trump que opera diferente a la "burocracia" de EEUU. Estuvo expresada por la reunión protocolar y correcta con Michael Kozak, subsecretario de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado; la otra se visibilizó en el episodio -que en gobierno llamaban "acting"- de Mauricio Claver-Carone, el enviado de Trump a la jura que se retiró molesto, entre otras cosas, porque sabía inminente la llegada de Evo Morales a Argentina.

Fernández lo procesa como signo de los tiempos, parte de una dinámica de negociación y se detiene en hechos y figuras como el empresario argentino, Gustavo Cinosi, colaborador cercanísimo a Luis Almagro, el uruguayo que comanda la OEA. Cinosi -con inversiones hoteleras, por caso en Tucumán- gestionó el encuentro entre Fernández y Claver-Carone en México, y luego intervino en la negociación para que haya auditores argentinos en Bolivia, informe que se apuró y que, interpreta el albertismo, sirvió de argumento para que las FF.AA. pidan la renuncia de Evo,

 

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