Coimas millonarias: en una reunión reservada, el juez Bonadio recibió el apoyo del titular de la Corte, Ricardo Lorenzetti

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Entre arrepentidos, allanamientos y discretas pruebas que se acumulan en el vertiginoso expediente iniciado con los cuadernos de Oscar Centeno, el juez federal Claudio Bonadio abandonó su despacho este miércoles por

la mañana, apretó las solapas de su sobretodo bajo el aire frío de Retiro y le pidió a su chofer que encendiera el motor. ¿Destino? Talcahuano 550, el palacio de Justicia. Allí, en su amplio despacho del cuarto piso, lo estaba esperando el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti. A puertas cerradas y durante una hora, el titular del máximo tribunal le manifestó "todo su apoyo" al juez federal en la investigación de la trama más grande de corrupción de la historia argentina.

Clarín confirmó la reunión con fuentes judiciales y cercanas a la Corte, entre cuyos jueces se viene siguiendo el caso de los cuadernos con una mezcla de perplejidad, satisfacción y también cierta preocupación. La sorpresa la comparten con el resto de los boquiabiertos argentinos; el agrado es porque la causa está mostrando a una justicia activa y decidida en la búsqueda de pruebas y el uso de herramientas como la "ley del arrepentido", cuya falta era mencionada en tribunales como argumento para explicar por qué tantos expedientes fracasaban. La inquietud -que subyace en cada frase de los cortesanos- se explica fácil: el nivel atómico que este caso cobró en sólo dos semanas multiplica la ansiedad por el alcance de sus resultados. "Esperemos que el juez pueda trabajar tranquilo y que más allá de los planteos lógicos de las partes sus decisiones sean respetadas", confían.

Ese apoyo institucional fue el motivo de la cita personal que Lorenzetti le propuso a Bonadio. En la reunión por supuesto no se habló del contenido de la causa -varios de cuyas apelaciones y planteos seguramente llegarán a los escritorios de la Corte en algún momento- pero el objetivo era que el juez no se sintiera sólo en su trabajo. "La investigación es seria, de ninguna manera se trata de una persecución, una venganza o mucho menos un invento", advierten en el máximo tribunal.

Otra de las ofertas que se habría llevado el magistrado es la de recursos materiales y humanos que eventualmente considere necesarios para hacer su trabajo de la mejor manera y con la mayor tranquilidad posible. Bonadio planteó entonces la necesidad de espacio físico donde guardar documentos y pruebas que vienen creciendo a toda velocidad, y de inmediato se barajaron dos posibilidades: la de un lugar que pertenece a la Cámara de Casación, cuyos jueces trabajan en el primer piso de la avenida Comodoro Py 2002, u otro espacio que la Corte le cedió al juez Julián Ercolini para que guarde prueba correspondiente a la investigación por el pacto con Irán en la que -casualmente- también está apuntada Cristina Kirchner. Ese tema, entonces, tendría rápida solución.

No es la primera vez que Lorenzetti mantiene encuentros con jueces que llevan expedientes complejos o de alto impacto público. Y en todos los casos su objetivo fue el mismo: que esos magistrados sientan el respaldo de todo el Poder Judicial en su tarea, siempre útil ante eventuales presiones o sorpresas ajenas a la causa.

Con la insondable parquedad que lo hizo famoso en la Justicia, Bonadio habría retribuido el gesto de Lorenzetti -con quien tiene una relación cercana desde hace años- compartiendo algunos detalles técnicos de la tramitación del caso de los cuadernos y comentarios generales acerca de la tranquilidad de su ánimo respecto a la causa. Así como el titular de la Corte es cuidadoso a la hora de prodigar consejos, el veterano juez federal no es muy permeable a recibirlos.

Antes del apretón de manos final, ambos jueces decidieron no difundir el encuentro -y mucho menos fotografiarlo- para aventar cualquier interpretación capciosa. Difícilmente lo logren.


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