Las andanzas de Leopoldo Moreau, el ladero de Raúl Alfonsín devenido en provocador K

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Ahora se les llama ”fake news”. En los años en que Leopoldo Moreau transitaba las redacciones del diario La Opinión y la revista Confirmado, a fines de los 70, se conocían

como “pescado podrido”. Lo cierto es que lo que trató de “vender” el diputado del Frente para la Victoria como una verdad revelada el miércoles por la noche, agitando en plena sesión la foto de un presunto policía infiltrado entre los promotores de los graves incidentes que habían ocurrido horas antes fuera del Congreso, era nada más y nada menos que una noticia falsa.

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El intento de sembrar más confusión, en una sesión que los K habían tratado de frenar ya varias veces para impedir que se aprobara el Presupuesto, estaba consumado. Pero ayer temprano se supo que la escena correspondía a una marcha de 2017 por un aniversario de la desaparición de Julio López y que la foto la había sacado Nicolás Stulberg, de Infobae, frente a la Legislatura porteña.

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Moreau había sido también responsable de calentar la sesión cuando le recriminó al jefe del bloque del PRO, Nicolás Massot, su negativa a parar el debate gritándole: “A vos te gusta la represión, como a tu familia”. Massot reaccionó furioso, Daniel Filmus salió en defensa de Moreau, y casi se van a las manos, como quedó retratado en todos los medios. Un episodio similar había protagonizado Moreau en diciembre pasado, cuando estuvo al borde de las piñas con el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, sobre el mismo estrado, para exigirle que frenara el debate de la reforma previsional.

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Un interrogante recorre por estas horas los pasillos del Congreso ¿Qué llevó a un veterano luchador por la democracia, al lado de Raúl Alfonsín, a convertirse en ariete de las fuerzas de choque K? ¿Cómo se explica que uno de los más eximios oradores parlamentarios de las últimas décadas, que gastó saliva en las cámaras de Diputados y de Senadores, se ponga al hombro a días de cumplir los 72 una cruzada para impedir que funcione el Poder Legislativo porque su bloque no consigue votos suficientes?

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Las respuestas, como diría Bob Dylan, un Nobel cuyas melodías el protagonista de esta historia debió haber canturreado en los 60, están flotando en el viento.

Por boca de quienes lo acompañaron en el salto de la UCR al kirchnerismo es que la mitad de sus acciones están guiadas por instrucciones directas de Cristina Kirchner y la otra mitad surgen de iniciativa propia. Su entusiasmo prueba la teoría de la fe de los conversos.

En las sombras, Moreau había sido uno de los promotores en el Senado del voto “no positivo” de Julio Cobos en 2008 para tumbar las retenciones móviles y propinarle a Cristina su más dura derrota política. Siete años más tarde, el desembarco de su ex yerno y principal colaborador, Leandro Santoro, en un despacho de la Rosada, preanunciaba el ingreso al universo K del Movimiento Nacional Alfonsinista que acababan de lanzar. Curioso cruce familiar: su hija mayor, Cecilia -la ex de Leandro- se había ido con Sergio Massa. Más acá en el tiempo, otra hija, Carmela, se convertiría en pareja de Agustín Rossi, el jefe del bloque K con el que a veces Moreau compite y en otras coordina las ofensivas contra Mauricio Macri.

La fusión con el FpV se concretó en mayo de 2015, en un acto que Moreau compartió en Tres de Febrero con su concejal Nelson Romero y el intendente Hugo Curto, discípulo del histórico jefe de las 62 Organizaciones Peronistas, Lorenzo Miguel, con las que supo confrontar en los 70 junto a otros jóvenes radicales con los que había fundado la Junta Coordinadora, una tarde de debates clandestinos en la santafesina laguna Setúbal.

Eran tiempos de predicar en el desierto por una vía pacífica hacia la democracia, cuando legiones de su generación -el matrimonio Kirchner incluid- pregonaban el atajo armado. Para entonces había concretado su primer trasvasamiento de las huestes del histórico Ricardo Balbín, a las que se sumó desde la agrupación Agitación y Lucha, hacia las promesas aún nebulosas del alfonsinismo. Secundó a Fernando de la Rúa como vice de la UCR en la victoriosa campaña de la Alianza y su actuación en los hechos de diciembre de 2001 fueron puestos bajo sospecha por su enemiga Elisa Carrió. En 2003, como candidato presidencial, fue quien llevó al radicalismo al piso histórico del 2,3%.

Ayer, consultado por Clarín, Moreau insistió en que el Gobierno “infiltra policías en las manifestaciones y si la foto es de 2017, entonces que investiguen ese episodio”.

De su regreso a la Cámara baja, en 2017, le resta dar otras explicaciones. Una: por qué se hizo elegir presidente de la Comisión de Libertad de Expresión y justificó el ataque al periodista Julio Bazán. Otra es qué paso por su mente cuando ofendió a su colega Waldo Wolf (PRO) por su origen judío. Esa se la debe a la Justicia, que lo procesó por discriminación.

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