Una comitiva con custodia 24 horas, en la India de las contradicciones

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“Mi amor de siempre por la India, tierra de las contradicciones y las tensiones. En el país de la pureza espiritual, la mayor polución. En el país donde los espacios de

silencio son sagrados los ruidos ensordecedores (de las bocinas). En la mayor democracia del mundo, las castas y los intocables. En el país de la revolución verde, la falta de proteínas. En la pobreza mayor, hay genuina esperanza”. El empresario Gustavo Grobocopatel, uno de los 85 ejecutivos que aceptó la convocatoria del Gobierno para sumarse a la misión comercial, graficó los contrastes que advirtió, al cabo de su quinto viaje por el gigante asiático. No es el único: también lo consideran así los argentinos que viven o frecuentan seguido el país. En rigor, sólo hace falta una recorrida lejos de los hoteles preparados para recibir turistas de occidente para sorprenderse de la diversidad de estas tierras.

En la delegación que acompaña a Mauricio Macri lo sintieron en carne propia: en la "cápsula" presidencial -el anillo que rodea las visitas de jefes de Estado- les costó conectar con la India de las necesidades urgentes y con la congestión del tránsito en las calles de las que tanto escucharon hablar. Es que, aunque en India la inseguridad no es un problema -al menos de la gravedad que tiene en la Argentina- como desde el prejuicio se podría presumir de acuerdo a los altos niveles de pobreza que registra el país; la custodia que dispuso el gobierno local los escoltó a sol y a sombra.

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La rigurosidad de los efectivos sorprendió a varios. Y no a Macri, que naturalmente ya está acostumbrado al pressing. Los legisladores, que se suelen mover con cierta facilidad en los viajes del Presidente, esta vez padecieron el clima de asfixia. Uno de ellos lo expuso en términos futboleros ante Clarín: “No pudimos quitarnos la marca nunca, no te dejan hacer nada fuera de la cápsula”.

Pueden dar fe de esa cuestión el grupo de legisladores que integran los diputados de Cambiemos Emilio Monzó, Martín Lousteau, Marcelo Wechsler; y los senadores Oscar Castillo (UCR-Catamarca) y Alfredo Luenzo (PJ Chubut). El domingo, luego de una siesta obligada para recuperar energías post viaje, quisieron escaparse -al igual que más de un funcionario nacional- para conocer Old Delhi, la ciudad antigua de Delhi, en la que confluyen -por ejemplo- la majestuosidad del Fuerte Rojo, un palacio construido en el siglo XVII y que hace apenas una década fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco; con construcciones precarias, calles que conforman un verdadero laberinto, un caos de tránsito continuo, turistas con costosas cámaras en mano sin riesgo alguno de sufrir un robo y personas en situación de pobreza extrema.

A ese lugar, para realizar una suerte de “curso acelerado” de lo que es India, quería ir buena parte del contingente argentino. Pero, cuando amagaron a bajarse de la “van” y recorrer las calles junto a la marea de gente que deambula por allí cada día, la custodia se los impidió. En principio, algunos pensaron que obedecía a la necesidad de cuidar que no sufrieran ningún contratiempo. Pero enseguida quedó claro que había algo más: ¿Habrán intentado evitar que una delegación oficial viera la parte más descuidada de Delhi? Al menos así lo interpretaron los que sufrieron la intransigencia de la custodia. Tanto que, de camino de regreso al hotel, uno de ellos orquestó un plan para gambetear a la marca: propuso bajar de forma repentina y subirse cada uno a un “autorickshaw” o “mototaxi”, un triciclo motorizado similar a una moto, pero con techo incluido y una lona a los costados que oficia de “puerta”.

En ese momento, recibieron un “no” rotundo. “Dijimos: vayamos a recorrer, a ver cómo es la India sin una cápsula de seguridad, y para distraerlos la idea era que cada uno saliera para un lado diferente y, de última, encontrarnos en un lugar a una hora. Lo pensamos todo, pero los polis no aflojaron y no nos dejaron ir”, se lamentó el funcionario ante Clarín. Fue sólo una muestra de lo estrictos que pueden ser quienes ejercen el poder en India, donde también -es otra contradicción- pueden ser los más hospitalarios y los mejores anfitriones.

Hay, de todos modos, una contradicción que duele todavía más. Cuando se arriba desprevenido desde un país como Argentina, en el que el debate por el aborto legal dividió tantas aguas, no deja de sorprender cuando se escucha que en India, un país “patriarcal”, en el que una encuesta realizada meses atrás por la Fundación Thomson Reuters, arrojó que es el “peor país del mundo para ser mujer”, el aborto legal está vigente desde 1971. La sorpresa se esfuma y se convierte en más tristeza cuando aparecen datos sobre el aborto “selectivo”: según la organización Alianza para la Defensa de la Libertad (ADF), se realizan más de medio millón de abortos al año a partir de que la pareja se entera que espera una hija mujer. En los últimos 30 años, como estimó un informe publicado en la revista científica The Lancet, la cifra supera los 12 millones de casos.