Yo, Cristina: la defensa de la ex presidenta, ocultando a sus hombres cercanos

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La ex presidenta Cristina Fernández volvió a defenderse en las vísperas del inicio del primer juicio oral por corrupción que la tendrá como principal acusada usando un argumento personal

y no jurídico. Es la misma estrategia con la que intentó instalar varios conceptos en la opinión pública más que en las diferentes instancias judiciales por la que transitó por esta causa. Las fuentes que conocen a su abogado, Carlos Beraldi, creen que cuando le toque defenderse ante el Tribunal Oral Federal 2 usará ideas similares.

En la mañana de este martes, la ex presidenta tuiteó que este juicio es "un nuevo acto de persecución" en su contra. Agregó que el único objetivo de la Justicia es político: "Colocar a una ex presidenta opositora a este gobierno en el banquillo de los acusados en plena campaña presidencial".

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Se puede considerar, entonces, que si Cristina Fernández realmente piensa lo que tuiteó está convencida de que es la única acusada en este juicio oral, por ejemplo.

El delito por la que fue procesada es el de jefa de una asociación ilícita que ideó un sistema durante años para usar el poder buscando un beneficio económico multimillonario que benefició a un contratista de obra pública en su provincia de un modo impresionante.

Cristina no es la única que esta mañana se levantó para ir a Comodoro Py a escuchar las imputaciones en su contra. Otros 12 acusados debieron cumplir con el mismo deber.Entre ellos, varios presos, lo que significa -entre otras vivencias- que se despertaron mucho más temprano que ella para ser trasladados, esposados, desde sus calabozos hasta los tribunales.

Al menos en su tuit, la ex presidenta ignoró a sus compañeros de infortunio jurídico.

Siguiendo su lógica, se comprende, entonces, que no se haya solidarizado con ellos, a pesar de que la mayoría fueron funcionarios de total confianza de su marido primero, y de ella misma después. Incluso uno es el primo hermano de su esposo fallecido. Carlos Santiago Kirchner, quien está detenido con prisión preventiva y fue el encargado de coordinar la obra pública a nivel nacional.

El acusado de ser el beneficiario del posible esquema de usurpación adrede y descontrolada de fondos públicos para realizar obras en Santa Cruz fue su socio y además era uno de los mejores amigos de Néstor Kirchner. Lázaro Báez. En la instrucción de este juicio, liderada por los fiscales Gerardo Pollicita e Ignacio Mahiques, se logró determinar que al próspero Báez, súbito constructor, le adjudicaron 51 contratos estatales para que realizara en su provincia rutas, autovías y otras obras cruciales por un monto que, actualizado al día de hoy, alcanzaría la cifra de 132 mil millones de pesos.

En al menos 48 de esas se cometieron irregularidades administrativas, jurídicas, y se redireccionaron para el socio de los presidentes Kirchner. Eso, a pesar de que el constructor incumplió decenas de contratos. Dejó rutas sin terminar, caminos que llevan a la nada, autovías mal trazadas. Todo cobrando más dinero del adjudicado con la excusa de retrasos. Algunos de ellos, inexplicables: frenó una obra dos años, por caso, afirmando que fue por fuerza mayor. Las normas indican que eso solo puede ocurrir por lluvias torrenciales. En el dictamen de los fiscales, se destaca que nunca se encontraron las planillas que justificaban desde la ciencia de la meteorología a ese disparate.

Mediante ardides de ese estilo, o con abusos de poder brutales, como licitaciones en las que empresas de Báez competían por contratos contra otras empresas de Báez, con el resultado obvio de la adjudicación para una empresa de Báez, Lázaro hizo crecer su patrimonio hasta llegar a vivir como un magnate. Tenía y tiene lazos comerciales con los Kirchner.

Respecto al cuestionamiento a que el juicio oral se inicia a semanas de la campaña electoral, como dijo Cristina, tal vez tenga una explicación: su defensa, como contó Clarín, presentó 51 pedidos entre nulidades, recusaciones, planteos de quejas y demás ardides que modificaron la cronología de la causa.

Antes de contar en Twitter que iría a su primer juicio oral por corrupción, Cristina también explicó que cumpliría con esa obligación cívica de estar presente en la primera audiencia del proceso, en el que, por supuesto, puede terminar siendo sobreseída, o condenada. Lo hizo haciendo un alusión no velada pero sin ser explícita criticando al fiscal Carlos Stornelli y a la causa D'Alessio: "Pese a todo volveré a ir (a presentarse en la Justicia). No como otros que desde Comodoro Py acusan y piden detenciones a mansalva y cuando los pescan in fraganti no respetan las citaciones judiciales porque dicen que no tienen garantías".

La excusa que dio tiene un sentido político. Podría haber contrapuesto que respetaría su compromiso judicial nombrando a cualquier otro ciudadano argentino que ella considere que incumple con las normas.

En la República Argentina, según la Constitución Nacional, todos son iguales ante la Ley.