Pichetto, el antídoto peronista de Macri

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La política, esa ciencia oculta que sobrevaloran algunos y subestiman muchos, sigue siendo el combustible del éxito y del fracaso en la mayoría de los países. Y la Argentina no

es la excepción. Dos decisiones políticas marcan a fuego el destino incierto del país adolescente. La que tomó Cristina Kirchner hace un mes, designando a Alberto Fernández como su candidato a presidente. Y la que aceleró Mauricio Macri el martes, presionado por el escenario que venía construyendo su rival, la ex presidenta. La elección de Miguel Angel Pichetto como candidato a vicepresidente de Cambiemos es el último intento del oficialismo para evitar la interrupción, a través de las urnas, del proyecto político que gobierna hace casi cuatro años.

Es que la jugada de Cristina no tenía nada de inocente. La ex presidenta eligió a Alberto Fernández por dos razones básicas. Porque es un negociador avezado en las mesas del poder a las que ella no puede y mucho menos quiere sentarse. Y porque no tiene votos propios ni intenciones de discutirle su liderazgo, al menos por unos años. Así, la táctica de “bajarse de la fórmula presidencial sin bajarse nunca” quedaba perfectamente a salvo.

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En términos políticos, Cristina también sintió la necesidad de ampliar esa base de sustentación electoral que se había reducido por el ejercicio kirchnerista de la intolerancia. Alberto, y los peronistas que hablan con Fernández, le abrían esa posibilidad. Y como siempre hay un ejemplo más allá de las fronteras que puede servir como inspiración, Cristina y Alberto miraban siempre con atención el espejo del Frente Amplio uruguayo.

No es casualidad que el candidato del kirchnerismo haya viajado a Montevideo para visitar a José Mujica como primer contacto internacional. Ni que Cristina haya llevado a la audiencia del lunes (en la que se la juzga por haber sido parte de una banda que se dedicó a la corrupción con la obra pública) el libro “38 estrellas”, de la periodista argentina Josefina Licitra. Es la reconstrucción de la fuga de 38 mujeres militantes de la violencia armada durante la dictadura uruguaya, de la que participó Lucía Topolansky. Entonces era integrante del grupo terrorista Tupamaros y hoy es la vicepresidenta del Uruguay, además de la compañera de Pepe Mujica.

Cristina y Alberto se ilusionan con encabezar un frente más amplio que el kirchnerismo y por eso negocian y seducen a los gobernadores peronistas como el entrerriano Gustavo Bordet, el tucumano Juan Manzur o el sanjuanino Sergio Uñac. Y en esa línea también extremaron los esfuerzos para incorporar a Sergio Massa, ese hijo pródigo que vuelve vencido a la casita de los viejos después de seis años en tierras lejanas. Tienen algunos entrepreneurs de la política como Felipe Solá, Pino Solanas, Leopoldo Moreau y con eso creen que les alcanza y les sobra para construir una imitación criolla del frenteamplismo uruguayo.

Macri no recurrió a un libro, como Cristina en el juzgado, pero también se sirvió de una pieza escrita. Al Presidente lo iluminó un texto del dirigente Jesús Rodríguez. El radical al que Raúl Alfonsín crucificó a los 33 años, nombrándolo ministro de Economía en sus últimos meses como presidente para administrar los rigores de la explosión cambiaria de 1989 y de la hiperinflación. Jesús tiene un blog personal en el que postea sus opiniones sobre la actualidad del país y de la UCR. Allí plasmó el último fin de semana un texto sumamente interesante al que tituló “Una coalición más amplia”.

Jesús, economista e investigador político, es hoy el teórico más escuchado por los radicales y por Ernesto Sanz, a quien lo une una extensa relación de amistad. No estaba en el radar más cercano a Macri hasta que, hace dos meses durante el último viaje del rey Felipe a la Argentina, el monarca español se acercó a abrazarlo en el cóctel de recepción en la embajada de la avenida del Libertador. Felipe y Jesús habían sido compañeros en la Universidad de Georgetown y Macri tomó nota de ese vínculo que desconocía. Pero el detalle más destacado es ese texto que escribió Rodríguez, promovió Sanz y leyeron Marcos Peña y Jaime Durán Barba, además claro del Presidente.

Jesús señala a los dos modelos de coaliciones en Sudamérica. El uruguayo y el chileno, que se llamó Concertación Ciudadana en los ’80 para salir de la dictadura de Pinochet, y que luego se llamó Nueva Mayoría para llevar a la presidencia a la socialista Michelle Bachellet. La columna del fin de semana señalaba la necesidad de que Cambiemos pasara de ser una coalición electoral, como la había sido hasta ahora, para convertirse en una coalición de gobierno. “Conformar una coalición que fuera capaz de parar dos estaciones antes de llegar a Venezuela, como dijo Felipe Gonzalez en su visita reciente a Buenos Aires”, planteó Rodríguez. Se refería a los conceptos que el ex presidente de España expuso el 6 de mayo durante una entrevista en el Seminario Democracia y Desarrollo de Clarín.

El viernes pasado, Sanz repitió esa idea de ampliar la coalición mientras disertaba en el Colegio de Abogados porteño. Hubo algunos dirigentes del PRO que llegaron a enojarse por el tono del dirigente radical. Eran los que no sabían que la operación Pichetto ya estaba en marcha. El concepto de la “coalición más amplia”, que funcione tanto en tiempos de elecciones como en los tiempos decisivos de la gestión, es ahora el eje fundamental de los whatsapps que Peña les envía a todos sus colaboradores como argumento de campaña. Atrás quedaron los tiempos de descalificar al peronismo como “el eje del fracaso de los últimos setenta años”. Ahora lo importante es el futuro y en el futuro, como se sabe porque todavía está por suceder, no hay contradicciones.

Si Cristina había intentado dejar de ser la opción anti sistema con la designación de Alberto Fernández como candidato a presidente, Macri redobló la apuesta eligiendo a Pichetto para consolidar una oferta de perfil institucional y republicano. Que el senador peronista sea parte de lo que el macrismo definía como "la vieja política" les pareció al Presidente y a sus colaboradores un costo menor frente al efecto tranquilizador con el que esterilizó rápidamente un escenario dominado por la incertidumbre.

Pichetto es el personaje que le faltaba a la política argentina. Ha sabido reinventarse como legislador clave del menemismo, del duhaldismo, del kirchnerismo nestorista y también del cristinista. Y ahora es el candidato de Macri pese a haber sido el fundador de la doctrina con la que el peronismo bloqueó el desafuero de Cristina protegiéndola de cualquier intento de dejarla detenida por alguno de los doce procesamientos que pesan sobre ella. “Es una doctrina que hoy protege a Cristina pero que mañana puede proteger a Macri”, suele ser el argumento, irrebatible para la clase política, con el que se defiende en privado. Nadie se sorprendió cuando una encuesta libre en las redes sociales lo eligió como el Frank Underwood argentino.

La designación de Pichetto produjo una ola de optimismo irrefrenable en los mercados. Hizo bajar el dólar, subir a la Bolsa y retroceder fuerte el riesgo país. No tiene ni un asomo de la culpa peronista que le hizo rechazar un acuerdo similar con Cambiemos a Juan Manuel Urtubey. Y se lo ve disfrutar el lugar que el destino le ha deparado. Sonríe en los jardines de la Quinta de Olivos, en la primera foto de campaña junto a Macri, y se deja envolver en la euforia de los empresarios petroleros que lo palmean en el Precoloquio de IDEA en Vaca Muerta. La fórmula Mauricio-Miguel Angel puede sumar los votos que le eviten al Gobierno una derrota demasiado amplia en las PASO del 11 de agosto, dato que venía presagiando la eventualidad de una corrida cambiaria que podría sellar su suerte.

Pero el camino de la nueva estrella del poder no será tan reluciente cuando se oscurezcan las luces de este lanzamiento. Macri y Pichetto deberán enfrentar el desafío de una economía todavía exhausta y el de una seguidilla de triunfos opositores en las elecciones provinciales que se repetirá seguramente este domingo con la victoria del Socialismo o del peronismo en la estratégica Santa Fe. Las PASO y la elección general del 27 de octubre son los primeros hitos de un sendero extenuante y sembrado de espinas. “El éxito es una mezcla de preparación y de suerte”, decía el maquiavélico Frank Underwood en los días triunfales de la serie House of Cards. Habrá que ver que le depara el destino al candidato inesperado. El antídoto peronista que eligió Macri para asestarle, justamente, un golpe de gracia al peronismo.

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