El detrás de escena del debate presidencial: frialdad absoluta entre los rivales, caras largas y algún cantito

Politica
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Waldo Wolf, diputado del PRO, hipercrítico del PJ, cruzó la frontera imaginaria que dividia el Paraninfo y saludó, de lejos pero con una sonrisa, a Felipe Solá. De

pie, al borde de las butacas, Wolf cruzó una palabras con Eduardo "Bali" Bucca​ y se fue.

Wolf fue el único que saltó, solo por unos minutos, la grieta que además de política fue ambiental: de un lado, a la derecha del salón, mirado desde el escenario-, se apiñaron los ministros y funcionarios del macrismo; del otro, el variopinto scrum del PJ

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La distancia fue absoluta y replicó la gelidez que existió entre Alberto Fernández y Mauricio Macri​. Lo que mostraron frente a cámaras no tuvo nada de márketing ni sobreactuación.

En el escenario los rivales se saludaron, pero detrás de escena casi ni se dirigieron la palabra. Es, casi, un estado natural. Se malquieren hace años, tras las PASO de agosto hablaron en varias ocasiones por teléfono pero luego cortaron todo diálogo

Ajenos, esquivándose con su principal duelista, Macri charló un poco con José Luis Espert mientras Fernández lo hizo con Roberto Lavagna​ a quien, al salir de un intervalo, acompañó con un brazo sobre el hombro. 

Hasta escaseó, salvo en algún instante del último minuto, el contacto visual entre los principales contendientes del debate.

Cuando Fernández ametralló al Presidente con críticas y lo señaló con el dedo, Macri evitó mirarlo. Con la vista baja, anotó o en alguna ocasión hizo una mueca. En otro episodio, tomó agua.

En el backstage previo a subir al escenario, hubo una foto de los seis candidatos juntos, que no se pudo repetir después del debate, Lo fotógrafos gritaron, sin éxito, que se queden para una postal final y grupal. 

Pero no. Macri se perdió, primero y a paso rápido, tras bastidores mientras Fernández fue el último en abandonar el escenario. Se permitió, incluso, saludar.

Daniel Scioli y Agustín Rossi en el debate.

Daniel Scioli y Agustín Rossi en el debate.

Segundos después, en su camarín Santiago Cafiero, Juan Courel y, entre otros, Juan Pablo Biondi recibieron al candidato con un coreo a modo de festejo agitado: "Alberto presidente, Alberto presidente". Fue su forma de declararse ganadores.

La lejanía se blanqueó cuando Daniel Scioli apareció en el salón y se sentó en la primera fila. En el macrismo se enteraron de la presencia del ex candidato por Clarín y entrevieron la posible táctica de Fernández: apuntar a las "mentiras" de Macri en el debate del 2015.

No adivinaron que la mención a Scioli sería el primer comentario del candidato peronista. Así y todo, al cierre, se mostraban sorprendidos por cómo encaró el debate el candidato del peronismo.

Ese clima se extendió a los equipos. En un azar oportuno, de un lado quedaron Jorge Faurie​, Miguel Pichetto, Hernán Lombardi y, entre otros, la vice Gabriela Michetti, reaparecida en escena.

Durante los cruces más picantes, Michetti cuchicheaba con Lombardi y gesticulaba ante algunas frases de Fernández. Más al centro, Pichetto miraba recostado sobre la butaca, en silencio. Andrés Ibarra, a su lado, se sacabaselfies con Faurie.

Al otro lado del corredor donde estaban los moderadores, se apiñaba el Frente de Todos (FdT) que se mezcló, sin culpa, con Consenso Federal. El salteño Juan Manuel Urtubey​, vice de Lavagna, charló animadamente con el gobernador de Entre Rios Gustavo Bordet y el electo de Santa Fe, Omar Perotti.

Solá, en los intervalos, se paraba y charlaba con Nicolás Trotta y Agustín Rossi. Todos tranquilos y sonrientes, y celebrando que Fernández haya tomado, de arranque, la iniciativa.


Marcos Peña, sentado en primera fila del debate presidencial.

Marcos Peña, sentado en primera fila del debate presidencial.

En una grada, estaban los quintetos que podían asistir a los candidatos en las pausas. En el de Macri, estaba Juliana Awada, protagonista en el final del debate de 2015,y que motivó un acuerdo: que apenas terminen de hablar, se corte la trasmisión para que nadie pueda subir al escenario.

Fue uno de los ítems que debió administrar la Cámara Nacional Electoral (CNE), a cargo de la organización, y que buscó el equilibrio entre una puesta atractiva y evitar que sea una pelea de catch. Por momentos, tras alguna frase, hubo murmullos en el auditorio y los moderadores debieron recordar que el silencio debía ser pleno.

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