Nuevas alertas para Macri y Alberto F.

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La Argentina se asoma a un proceso electoral clave –cambio o continuidad del gobierno de Cambiemos- en medio de la revulsión regional más extendida que se tenga memoria en décadas. Ahora

impacta la sostenida rebelión social en Chile, frente a la cual se ensayan explicaciones aún inconsistentes. Pero hace poco fue la conmoción en Ecuador, disparada por la quita de subsidios a los combustibles. También, el intento desestabilizador del mandatario de Perú, Martín Vizcarra. Ahora mismo, el escándalo y los desórdenes en Bolivia por la oscuridad de la votación que pretende consagrar a Evo Morales en su cuarto período. Se podrían incluir en ese paisaje las protestas en Haití por los niveles de pobreza. Allí la novedad serían solo esas protestas.

La descripción estaría demostrando que no existe ni un sólo denominador común ni un único argumento que explique el problema general. Tal vez, Mauricio Macri y Alberto Fernández, antes de dejarse arrastrar por los facilismos de campaña, debieran reparar en una reflexión que hizo en las últimas horas el experto en relaciones internacionales, Carlos Pérez Llana. El especialista tomó dos casos emblemáticos que demostrarían que la crisis regional circula de modo vertical. Como en otras partes del mundo. Sin distinción de modelos.

Donde prevalece el disconformismo popular espoleado por diferentes razones. Las desigualdades sociales en Chile. El personalismo, el autoritarismo y la ausencia de transparencia en Bolivia. Resulta sencillo realizar asociaciones en el plano local. Macri siempre se esmeró en colocar a la nación trasandina como ejemplo de progreso y modernidad. Fernández nunca ocultó su apego a Evo como a José Mujica en Uruguay (bastante menos a Tabaré Vázquez, por aquel pleito con las pasteras en épocas de Néstor Kirchner). Esa proximidad explica la cautela que utiliza para referirse a Venezuela y al régimen de Nicolás Maduro. Es la herencia que arrastra de su pertenencia kirchnerista.

Como si el desarrollo de aquella crisis resultara ajena, el Gobierno y el kirchnerismo se encargan de agitarla como botín de campaña. Alberto F. tuvo en las últimas horas, entre tantas, una mención desgraciada. “¿Qué hubiera dicho Macri si los muertos de Chile (por ahora 15) hubieran sucedido en Venezuela?”, disparó. Ingrato jugar a la política con esa crueldad. Imaginariamente, tal vez, el Presidente le hubiera podido replicar que habría dicho lo mismo que el candidato K calla sobre el informe de la Alta Comisionada por los DD.HH. de la ONU, la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet. Allí denunció 5.287 ejecuciones en el país del Caribe por las Fuerzas de Acción Especial de la Policia Nacional (FAES) durante 2018. En el último informe en Ginebra, en septiembre, Bachelet dijo que solo en julio pudieron verificarse otras 57 ejecuciones.

Maduro está, desde que comenzó la rebelión en Chile, masacrando a Bachelet y exaltando los desórdenes. El Gobierno de Macri vuelve con una agenda que no le ha dado resultado. Pero que la crisis en Chile y el papel de Venezuela le permite retomar. Es mejor todo eso que meterse en un debate sobre la situación económico-social. Miguel Pichetto, el candidato a vice de Juntos por el Cambio, denunció que “hay un conjunto de acontecimientos que tienen un eje, que es la desestabilización de América Latina”. Habló de una presunta injerencia venezolano-cubana que, al menos hasta ahora, nadie se encargó de subrayar en Chile.

La especulación pudo haber surgido por las provocaciones del hombre fuerte del régimen venezolano, Diosdado Cabello. El militar advirtió que “lo que está pasando es apenas la brisita, ahora viene el huracán bolivariano”. Consideró al mandatario de Chile, Sebastián Piñera, “como un buen alumno de Pinochet”.

El canciller Jorge Faurie se tomó de esas declaraciones para meter el conflicto en la campaña local. Pero no hay registro, al menos todavía, que la inteligencia chilena haya detectado la influencia directa y seria de Venezuela en los episodios que sacuden a Chile. Distinto habría sido en Ecuador. El presidente Lenín Moreno denunció la injerencia de Maduro. Incluso con una supuesta intermediación del ex mandatario ecuatoriano, Rafael Correa, residente en Bélgica.

Piñera dijo solamente estar en guerra contra un enemigo poderoso e implacable que “no respeta nada ni a nadie”. Pero evitó hacer identificaciones. Sin embargo, el jefe de la Defensa Nacional, encargado de la emergencia, el general Javier Irurriaga, sostuvo que “no estamos en guerra con nadie”.

Bajando los decibeles a sus primeras horas de descontrol, Piñera fue virando la proa de su administración. En lugar de buscar a los presuntos culpables encubiertos se encargó en las últimas hora de negociar con la oposición un paquete de medidas que ayude a aflojar la tensión social.

La agenda de la protesta chilena sería, en su columna vertebral, muy similar a la que atañe a los argentinos. Cuya expresión , en lugar de las calles, quedó estampada en las PASO del 11 de agosto. Quejas por los costos de los servicios. Bajas jubilaciones. Encarecimiento de la salud. Macri ha debido pagar políticamente por eso. El interrogante consiste en saber qué hará Alberto F. para dar alguna respuesta en medio de una situación tan restrictiva. Qué hará, por caso, como dijo, para ponerle plata en los bolsillos a los ciudadanos o atender las carencias de la clase pasiva.

Los candidatos estarán expuestos en las horas finales de campaña a otro conflicto. La grave situación institucional en Bolivia por elecciones fuertemente sospechadas. La OEA convocó para este miércoles a una reunión extraordinaria para considerar el tema. La ONU emitió también una declaración expresando inquietud por los acontecimientos en Bolivia. Hizo lo mismo la Unión Europea.

¿Cuáles son aquellos acontecimientos? Morales convocó en febrero del 2016 a un plebiscito para habilitar su cuarto mandato. Pero fue derrotado. En diciembre del año pasado el Tribunal Electoral lo habilitó pese a la derrota. Se cumplen hoy tres días de la votación y todavía no se conocen los cómputos finales. Evo apareció el domingo a la noche con la obligación de competir un balotaje frente a Carlos Mesa. Pero hubo una extraña suspensión del recuento. En la reanudación asomó ganando en primera vuelta con los 10 puntos necesarios de ventaja.

Frente a la reacción opositora, incendios, desórdenes y llamados a una huelga, el Tribunal Supremo Electoral volvió a colocar a Evo en situación de segunda vuelta, pero por apenas 10 décimas y con un volumen pendiente de votos por escrutar.

Macri adelantó que el Gobierno no reconocerá los resultados de los comicios hasta que no exista un pronunciamiento de la OEA. Alberto F., a diferencia de lo que hizo con la crisis en Chile, decidió esquivar el problema boliviano. La campaña permite distracciones que luego ya serán imposibles.

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