Mientras internamente empieza a debatir su futuro, a imaginar líderes alternativos y a aprestar alineamientos en el el probable escenario de una derrota que lo desalojaría del gobierno, el oficialismo intenta que la vertiginosa caída de agosto no se reproduzca en octubre. O que, si se repite, la derrota no sea tan catastrófica y se pueda salvar plazas del naufragio. Por Jorge Raventos