Comunicar, aunque sea despacio, pero comunicar

Economia
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Estamos frente a un cambio de época, no por decisión política sino por imposición de la realidad. No son muchas las noticias que se han podido dar en estos primeros 45

días de gobierno. Pero debe quedar claro que los silencios comunican y que ha transcurrido mucho tiempo ya desde el triunfo contundente del Frente de Todos en las PASO de agosto en que la sociedad puso sus ojos/votos y sus expectativas.

La estrepitosa derrota del gobierno de Mauricio Macri dejó en evidencia el fracaso de una política donde lo comunicacional formaba parte, y muy importante por cierto, de la gestión. Casi desmereciendo los medios tradicionales, la relación eficaz era la “one to one”, las redes sociales explotaban hasta el absurdo endiosando los grupos de whatsapp de las madres de colegio. Pusieron el carro delante del caballo.

La influencia de los medios en el comportamiento social debe ser uno de los temas más abordados por las ciencias sociales y artísticas. Los nuevos ingredientes como las redes sociales, la posverdad, las fake news le han dado otra dimensión y obligan a una revisión constante. Hace algunas semanas el gran director norteamericano Clint Eastwood, cuya simpatía política por el Partido Republicano es por demás conocida, lo plantea con claridad en su excelente película “El caso de Richard Jewell”. Los medios instalan, legitiman, generan climas, pero pueden no ser todo. Es necesario operar sobre ellos, y de hecho se hace de la mejor y también de la peor manera. Son imprescindibles pero también insuficientes.

La prolija campaña electoral del Frente de Todos anticipaba una actitud inteligente para su comunicación. La participación activa de Alberto y Cristina en su construcción era un secreto a voces. Ambos de esto saben, y mucho, aunque nadie es dueño de la verdad y todos podemos equivocarnos. La comunicación no es una ciencia exacta ya que está expuesta a innumerables variables, muchas de ellas muy dinámicas. Pero suponemos que por capacidad y experiencia no deberían errarle por mucho.

Llama la atención que todavía no se vea delineado un plan ni siquiera en bocetos. Ya transcurrieron cinco meses. Las urgencias son muchas pero las acciones fuera de un contexto comunicacional vertebrado políticamente se diluyen. Sería un error imperdonable. Los tiempos no se miden por algoritmos sino por percepción, por intuición, por experiencia. Los Durán Barba hablan lindo, citan autores, pero su conexión con la realidad es casi nula y lo demostraron. Y lo pagaron.

Lejos de buscar un gurú, no le vendría mal al oficialismo un equipo que pueda sacar lo mejor de Alberto y Cristina y poner en valor su comunicación de manera coherente. En el peronismo hay mucha incontinencia verbal... la historia lo ha demostrado. En este escenario no administrarlo ni controlarlo es peligroso. Otro error sería caer en el coaching, que ordena pero exacerba la sobreactuación y deshumaniza la comunicación.

Que quede claro: la mayor tarea de este gobierno es combatir la inflación, comenzar una etapa de crecimiento, recuperar puestos de trabajo y bajar los niveles de pobreza. Sin triunfos (parciales o modestos) en un principio, la cosa se complicará y no habrá comunicación que valga. Ya hay mucho tiempo utilizado para muy poco en ese sentido.

¿Por qué no pensar en una conferencia de prensa de Alberto y equipo al cumplirse los primeros 60 días para hablar, escuchar, compartir, informar qué se hizo y qué se está haciendo? La comunicación puede ser una gran aliada de las políticas de Estado. El Gobierno no juega solo. Muchos periodistas, antes por pauta o convicción, defendieron lo indefendible y ahora tiemblan ante la posibilidad de que sea cierto lo del “ministerio de la venganza”. Usarán todas las armas a su alcance para definir la agenda. El oficialismo deberá responder pero no desde los medios estatales (la experiencia demostró que los medios oficialistas no sirvieron nunca, ni servirán) sino instalando un debate superador. De eso se trata la comunicación política, peleas cuerpo a cuerpo, pero si se tiene la responsabilidad de hacerlo desde el Estado no se puede decir cualquier cosa.

La sociedad está dolida y sensible, por eso hay que comunicar de manera leal. El periodismo militante es contraproducente, sobre todo si es oficialista.

Finalmente, un deseo: que al gobierno que votó la mayoría le vaya bien. Que el Estado deje de ser un negocio para pocos y que la comunicación no sea funcional, aunque de manera temporal, a esos objetivos.