Big Data: el secreto del millonario que puso de moda al Liverpool

Economia
Lectura

Mientras los campeonatos de fútbol de España e Italia están considerados casi un monopolio de los grandes equipos (Barcelona/Real Madrid en el primer caso, Juventus en el segundo), en Gran Bretaña

sucedía lo contrario. Varios clubes, propiedades de distintos multimillonarios (asiáticos, rusos, estadounidenses) se fueron alternando en la conquista de la Premier League británica que, desde su creación hace casi tres décadas (1992) marcó nuevos rumbos en la organización, el marketing y los negocios aplicados al juego.

Y en cuánto a expresión colectiva, alcanzaron la cumbre en la última final europea, disputada en el Wanda Metropolitano de Madrid: hasta allí llegaron dos equipos ingleses, el Liverpool y el Tottenham. Aquel “dominio repartido” en tierras británicas se modificó en los últimos meses: el Liverpool, comandado por su fenomenal estratega, el alemán Jürgen Klopp, ha iniciado el 2020 con una abrumadora ventaja de 13 puntos sobre su escolta, el Leicester, y nada parece detenerlo hacia la conquista del campeonato local, que culminará en mayo. Dentro de ese camino, todavía no ha perdido ni un solo partido. Es una racha increíble pero… es deporte, y en el futuro todo puede cambiar.

El Liverpool, uno de los clubes de mayor tradición en el fútbol, es el equipo de moda, tras conquistar la Champions –recordar su fenomenal remontada con el 4-0 en la revancha ante el Barcelona- y hace pocas semanas el Mundial de Clubes, en Qatar. Ahora su obsesión es la liga inglesa, ya que obtuvo el último de sus 18 títulos en 1990, cuando la Premier ni siquiera existía.

No hay dudas de que la gestión técnica de Klopp y la calidad de sus jugadores le devolvieron al Liverpool su orgullo perdido en el tiempo. Pero detrás, se encuentra un verdadero imperio económico que les permite moverse con cierta solvencia entre los otros poderosos del fútbol europeo. El Liverpool, desde el 2010, pertenece al norteamericano John Williams Henry II, cuya fortuna –según Forbes- supera los US$5.000 millones (el club fue valuado en mil millones a fines del año pasado). Henry, 70 años recién cumplidos, viene de una familia de agricultores. Y aunque estudió finanzas en la Universidad de California, nunca lo completó ya que en plena época de “flower power” y del hipismo se dedicó a girar con su banda de rock.

Esa historia no es diferente a la de varios de sus colegas. En cambio, sí lo es su pasión por los deportes. En primer término, el béisbol. Empezó comprando equipos de ligas menores, en 1991 se hizo con una parte de los Yankees de Nueva York y, posteriormente compró los Marlins de Florida, que revendió en 2002. Para esa época se convirtió en propietario de otro de los equipos de mayor tradición, Boston Red Sox.

Los Red Sox atravesaban la famosa “maldición del Bambino”: no había ganado ningún campeonato (las llamadas Series Mundiales) desde 1918 cuando se desprendió del legendario Babe Ruth. Pero recuperó el título en 2004 y volvió a ganarlo tres veces más, la última en 2018. Henry, propietario del Boston, intentó llevar como manager a Bill Beane pero –pese a su oferta astronómica- aquel se quedó en Oakland, California. Parte de esa historia se cuenta en Moneyball, la película producida y protagonizada por Brad Pitt.

Sin embargo, fue en el béisbol y en Boston donde Henry decidió que sus equipos técnicos aplicarían los métodos de Beane, con las Matemáticas y los análisis científicos volcados a la organización de sus equipos deportivos. El mismo método fue llevado posteriormente al Liverpool. Henry, además, tiene su propio equipo de automovilismo (el Roush Fenway). Y en 2013 compró el Boston Globe, uno de los diarios más importantes y tradicionales de Estados Unidos: al frente del diario está su joven y tercera esposa, Linda Pizzuti.

No se sabe bien por donde surgió su interés en el fútbol, pero lo cierto es que una década atrás, Henry asomó por Ansfield, el mítico campo del Liverpool, pagó las deudas que arrastraba el club (200 millones de euros) y se convirtió en propietario. Muchos pensaban que las tradiciones del Liverpool se extinguirían con esta nueva era: la vieja cancha y, el conmovedor himno de sus hinchas You never walk alone. Sucedió lo contrario. Henry pisó Ansfield y sentenció: “Vine aquí para ganar y haré todo lo que sea necesario”.

Los resultados demoraron, pero ni siquiera retrocedió cuando otros inversores –sobre todo un jeque árabe que habría ofrecido dos mil millones de euros- quisieron quedarse con el Liverpool. La contratación de Klopp se concretó en octubre de 2015. Klopp había llevado a un equipo de segunda línea de Alemania, el Borussia Dortmund, hasta el segundo puesto, detrás del imbatible Bayern Munich. También, había perdido 4 finales consecutivas. El “método científico” de los expertos de Henry, determinaba que era la mejor elección.

Ese mismo método es el que emplearon para las compras de sus jugadores y algunos son estrellas actuales del fútbol mundial: Salah, Mané, Firmino y Van Dijk. El equipo científico es comandado por Ian Graham, un doctor en física de la Universidad de Cambridge, que ni siquiera mira partidos por TV (“me distrae”, afirma). Lo acompañan Dayd Steele, un campeón de ajedrez, doctorado en Matemáticas, y Will Searman, físico de Harvard que integró la organización europea responsable del Bosón de Higgs. ¿El método? Analizan todos los detalles de los jugadores, la calidad de sus pases, los movimientos sin balón, el despliegue físico. Afirman que tienen los datos de decenas de miles de profesionales.

Después de la primera temporada –y pese a que perdió dos finales (la Copa de la Liga ante la Manchester y la Euroliga, ante el Sevilla- se entusiasmaron aún más con Klopp. “Su trabajo es espectacular” sentenció el propietario y le extendieron su contrato. Los resultados ya no demorarían y la Champions del 2019 –la quinta conquista europea en el historial del Liverpool- fue la consagración. Las inversiones de Henry en el club también rindieron:el ejercicio 2018/2019 cerró con 94 millones de euros por venta de entradas, 179 millones por patrocinios y 255 millones por derechos de TV. Con ese mismo plantel y la base estadística de Graham y los suyos, ahora persigue la codiciada Premier. La que perdieron el año pasado por apenas un punto.