G20: las probabilidades de llegar al consenso en un escenario complejo

Economia
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Por: Roberto García Moritán, ex vicecanciller.

La Cumbre del G20 en Buenos Aires, como ámbito regente de la gobernanza global y principal foro de coordinación económica y financiera, es el evento

de política internacional más importante del año. La sesión, bajo la presidencia de Mauricio Macri, el primer líder latinoamericano en hacerlo, tiene lugar en momentos de complejidad para el comercio y la seguridad internacional, que incluye escenarios de graves y delicadas diferencias entre algunas de las principales potencias participantes.

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En la periferia del G20 participan los organismos internacionales y los llamados “Grupos de Afinidad”. Naciones Unidas celebró los tres temas que la Argentina eligió como prioridad de su presidencia: el futuro del trabajo, infraestructura para el desarrollo y un futuro alimenticio sostenible.

Las cuestiones centrales de rispidez del G20 que dominaron la Cumbre de Hamburgo en 2017, comerciales y ambientales, son básicamente las mismas. En Buenos Aires la diplomacia tendrá que calibrar la dosis justa de realismo y ambición y hacer gala de un juego de eufemismos para la adopción de un Documento Final que garantice la liturgia del libre comercio y la inversión frente al auge del proteccionismo que pone en jaque el comercio mundial.

Las cuestiones ríspidas del G20 2017, comerciales y ambientales, son básicamente las mismas.

También en lo que hace a seguir manteniendo la vigencia del sistema multilateral, en particular de la Organización Mundial de Comercio (OMC) tras los problemas de consenso que enfrentó en la reunión ministerial en Buenos Aires, en diciembre de 2017.

La reunión de Mar del Plata de comercio e inversión del G20 permite una cierta mirada optimista con respecto al resultado final de la cumbre. En esa oportunidad se plasmó un consenso para que la OMC sea capaz de responder con mayor creatividad a los desafíos presentes y futuros y se defendió la importancia de mantener los mercados abiertos.

Un resultado muy importante si se tiene en cuenta que de las últimas cinco reuniones solo en dos se alcanzó consenso. En gran medida el paso logrado es mérito de la diplomacia argentina. Desde que asumió la presidencia del G20, el Presidente de la Nación y el Canciller han hecho un llamado incesante al diálogo y a la negociación para alcanzar una economía global inclusiva incrementando la producción, el comercio, las inversiones y la generación de empleo.

El ministro de Producción, Dante Sica, y el de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie, durante el encuentro de los ministros de comercio e inversión del G20 en Mar del Plata. Foto: Fabián Gastiarena.

El ministro de Producción, Dante Sica, y el de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie, durante el encuentro de los ministros de comercio e inversión del G20 en Mar del Plata. Foto: Fabián Gastiarena.

Una tenue mirada positiva se da también en el tema ambiental. El grupo de Sustentabilidad Climática, creado a instancias argentinas y que permite abordar estrategias para la reducción de gases efecto invernadero, ha sido una forma interesante de darle cabida en la agenda del G20.

Las expectativas sobre la Cumbre de Buenos Aires incluyen las conversaciones de los líderes, al margen de las sesiones formales. Los ojos diplomáticos están enfocados principalmente en las reuniones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y en particular las que mantendrá, entre otros, con los de Rusia (Vladimir Putin) y China (Xi Jinping). La estabilidad global pasa, en gran medida, por esos actores y muchos de los parámetros de la Cumbre dependen de la mayor armonía entre esas potencias y, principalmente, de la disminución de los contrapuntos entre Washington y Beijing.

El encuentro de los presidentes Trump y Putin es una de las citas más esperadas. Esa reunión, tras la cumbre de Helsinki y la posterior denuncia de los EE.UU. del acuerdo bilateral de misiles de medio y corto alcance (INF), debería intentar transmitir claves para encarrilar una agenda áspera en materia de competencia en armamento estratégico, la seguridad en Europa Central y el Báltico, y la guerra en Siria, incluyendo el grado de involucramiento militar de Irán.

Con China la agenda no es menos delicada ante la perspectiva de una guerra comercial con nuevos aranceles que dificulten o sobrecarguen de impuestos el comercio. También existen derivaciones geopolíticas. La tensión en el Mar de China Meridional es un ejemplo. La decisión de Washington sobre las ventas militares a Taiwán es otra espina que puede afectar muchas de las negociaciones en curso en materia comercial entre las dos principales potencias comerciales del mundo.

La posible presencia del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, junto con el presidente en funciones, Michel Temer, es otro ejemplo de la importancia de las reuniones bilaterales y de los simbolismos diplomáticos involucrados en esos encuentros. Si acepta, será la primera presentación en la sociedad internacional de Bolsonaro, con el lógico interés que despierta no solo entre los socios del Mercosur o los BRICS sino también por los posibles primeros vínculos que mantenga con líderes relevantes.

Es de esperar que la Cumbre del G20 en Buenos Aires, a diez años del estallido de la crisis financiera internacional, sea un éxito y logre superar diferencias entre los participantes para aumentar la previsibilidad y la confianza internacional, y tienda a fortalecer perspectivas de recuperación económica global.

La efectividad del G20 pasa básicamente por la capacidad de responder ante episodios de inestabilidad financiera internacional, construir consensos en áreas donde la cooperación internacional puede hacer una diferencia, y proveer un ámbito de dialogo e interacción entre los principales líderes. La diplomacia argentina viene trabajando ponderablemente en ese sentido y ofrece, junto con el aporte de todos los socios del G20, el marco adecuado para que eso sea posible y el mundo avance hacia un consenso para un desarrollo equitativo y sostenible. Frente a los graves problemas globales, es hora de que todos los participantes actúen con responsabilidad.

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