El trigo, un regalo de Navidad

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Ahora que la sequía quedó atrás y después de que las últimas inundaciones, las heladas y el granizo le arrebataran unas 200.000 toneladas de trigo a la que iba a ser

la mejor cosecha en mucho tiempo, los bonaerenses se preparan para recibir 9,2 millones de toneladas del cereal. No es poco. A US$ 200 por tonelada, el trigo engrosa la cuenta bancaria de productores y los ingresos provinciales. Influye en la ecuación un dólar más alto y precios de insumos que, si bien están dolarizados, no crecieron a la par de la devaluación. Leonardo Sarquís, ministro de Agroindustria de María Eugenia Vidal, suma los ingresos por la cebada que se comercializa en función de contratos previos de los agricultores con las malterías. Este año se obtendrán unas 4 millones de toneladas. “En cebada, tenemos la mejor genética del mundo”, dice. En el caso del trigo, el cetro pertenece a rusos, canadienses y franceses porque el cereal necesita mucho frío nocturno, que abunda en los inviernos de esos países.

El principal destino del trigo de la pampa húmeda es Brasil. En el país vecino y socio hubo esfuerzo para lograr el autoabastecimiento, pero no pueden por culpa del clima tropical. Brasil consume 11 millones de toneladas de trigo, básicamente en forma de galletitas y harina. Argentina le exporta casi la mitad. Y está conquistando nuevos mercados como México con el trigo pan e Italia con el trigo candeal para las pastas.

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Por cierto y de la mano de las retenciones a la soja y una conciencia creciente de la necesidad de rotar suelos, la provincia que antes sembraba 70% soja y el resto otros cultivos, equilibró la balanza con un 50 y 50. Si se suman soja, maíz y girasol, Buenos Aires genera US$ 9.800 millones de los US$ 28.000 que totalizarán esos granos. Sarquis añade la producción ganadera que arrimará US$ 800 millones que corresponden a la exportación. “Esto hace que los cimientos de la casa estén mejor, pero no alcanza”, desliza el funcionario que parece no estar conforme. Para él es posible exportar valor. Y estos son sus cálculos: una tonelada de trigo en grano cotiza US$ 200, si es de harina vale US$ 400 y si se embarca como fideo, US$ 1.800.

Así, se lanzaron a venderle a Arabia Saudita que importa alimentos por US$ 150.000 millones al año y que apenas compra US$ 1.000 millones en Argentina. Claro que exige que en vez de tomate se le envíen bandejitas con determinadas especificaciones o en vez de medias reses, cortes listos para colocar en el horno hogareño.

Lo mismo ocurre con la miel que la Provincia impulsó desde la creación de un fondo con dinero público para impulsar exportaciones. Del equivalente a US$ 35 millones que despachaban de miel en 2016 se saltó a los US$ 140 millones actuales y se busca dejar la exportación en los tambores de 200 litros por envases listos para la góndola del súper.

Cuando se le pregunta a Sarquis por sus prioridades, responde con la palabra desburocratización y enumera cómo redujeron trámites para facilitar las cosas. Para el ministro es solo el principio y admite que sin acceso al crédito, el campo encuentra muy rápido sus limitaciones.

Es curioso. En ese contexto, desde La Plata tejen iniciativas con la lejana Sichuan en el oeste de China que cuenta con 100 millones de habitantes . Buenos Aires firmó un pacto de hermandad para ayudarlos a desarrollar el trabajo en el campo. En las primeras aproximaciones diseñaron planes integrales donde también participa la robótica y los drones que sirven para el control on line de grandes superficies. Para seducir a los chinos, los bonaerenses llevaron aparatos de realidad virtual en los que en apenas dos minutos les contaron de aquella Argentina que fue granero del mundo. ¿Volverá a suceder?

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