A 40 años de la apuesta de Deng Xiaoping para China

Economia
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La política de reformas y vuelco al capitalismo lanzada por Deng Xiaoping en 1978 (Tercer Plenario del 11° Comité Central del Partido Comunista chino) ha consistido invariablemente en integrar a la

República Popular en las cadenas globales de valor.

Significa incorporarla al sistema integrado transnacional de producción (88.000 empresas transnacionales + 600.000 asociadas o afiliadas), donde tramita más de 80% del comercio internacional y tiene lugar 90%, o más, del alza de la productividad.

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Por eso, en los últimos 40 años, y con especial énfasis a partir de 2001 (ingreso de China a la OMC), la inversión extranjera ha sido un vector fundamental del desarrollo de la República Popular.

El capital extranjero provee más de 60% de sus exportaciones, y a medida que se escala en la cadena del valor agregado y de la complejidad tecnológica, el protagonismo de las compañías transnacionales es cada vez mayor: 70% / 80% / 90% del total. El “milagro chino” (+9,9% anual entre 1978 y 2018) es la combinación entre la política de apertura del Partido Comunista y la inversión de las transnacionales.

Llegó el momento de integrar en la “fase Xi Jinping” el segmento de avanzada en las cadenas de valor, que son las industrias basadas en el conocimiento; y esto es sinónimo de las compañías transnacionales norteamericanas (44% del total).

China se ha convertido en una economía esencialmente digital (34% del PBI/US$4.9 billones), y desafía a EE.UU. en la tecnología decisiva, que es la inteligencia artificial. La respuesta estadounidense ha sido la “Estrategia de Seguridad Nacional / 2017”, que considera su principal “competidora estratégica” a la República Popular, y una “amenaza existencial” para EE.UU.

Este es el momento de la verdad para la República Popular. Por eso todo vuelve al comienzo, a 1978. Para Deng Xiaoping era una evidencia que en el capitalismo no hay determinismo tecnológico. De ahí que descartara a la industria pesada como impulso central de desarrollo, y afirmara que la fuerza de China - su principal “factor de producción” - era el vigor y la capacidad de emprendimiento del pueblo chino.

Esta era la creencia básica de Mao y Deng Xiaoping: la grandeza de China es la de su pueblo. Por eso lo esencial no es la productividad sino la innovación. El alza de la productividad es una forma de medir la tasa de incremento de la innovación.

El “desarrollo de las fuerzas productivas” equivale a desatar todo el potencial de creatividad del pueblo chino. Había que despertar su pasión por crear riqueza, vivir mejor, y hacerlo con dignidad.

Deng Xiaoping percibe que el capitalismo no avanza por los descubrimientos científicos, sino por la energía de los emprendedores y su vocación de innovar. El progreso capitalista es una hazaña, un salto a lo desconocido.

En la “fase Xi Jinping” lo esencial no es la comercialización de los smartphones 5G el próximo año, o la disputa con EE.UU. por la inteligencia artificial, sino la incesante creación de empresas (más de 24 millones han surgido en los últimos 5 años).

Se ha desatado un segundo “milagro chino”, un extraordinario fenómeno de innovación de masas que la ha convertido en un gigantesco laboratorio de innovaciones y descubrimientos. Los grandes saltos tecnológicos – China es la prueba – ocurren solo dentro de olas masivas de innovación, impulsadas por la búsqueda de mayores ganancias en formas superiores de producción.

Deng Xiaoping no era un economista. Su experiencia surgía de su condición de comisario de la Larga Marcha (1934-1935) y mano derecha de Mao Tse Tung en el Partido y en el Estado. Era un político y un visionario. Lo único que sabía era lo esencial: había que despertar las inmensas potencialidades del pueblo chino, medida por el alza de la productividad.

Las high tech chinas, con Huawei a la cabeza, lanzan las smartphones de quinta generación (5G) en el primer semestre de 2019. La potencia de la 5G es 10/15 veces superior a la 4G; y esperan vender más de 40% de los 108.2 millones de unidades previstas para 2021 (+255% anual).

Eso no es lo fundamental. Lo decisivo es lo que revela el Índice de Innovación de China (CII) publicado por la Oficina de Estadísticas (NBS). Sostiene que alcanzó a 193.3 puntos en 2017, récord histórico (+6,8% anual), con 5 de sus principales indicadores trepando doble dígito: inversión per cápita en I&D, empresas volcadas a la I&D fundamental, patentes por cada 100 empresas de este tipo y 1.000 investigadores, entre otros.

Hay en China 4, 074 millones de investigadores high tech (+4% anual); y las patentes domésticas con estándares internacionales alcanzaron a 1.724 millones en 2017 (+5,6% por año). La ley de los grandes números indica que de aquí van a surgir un número proporcional de premios Nobel, de modo de competir con Estados Unidos también en este plano.

Esta semana se cumplieron 40 años del proceso de apertura y reformas de la República Popular, cuando Deng Xiaoping volcó el sistema al capitalismo.

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