Después de la baja del dólar, qué tres datos hay que mirar

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El dólar mayorista bajó el jueves de $37,35, tocó el “piso” de la banda cambiaria y el Banco Central compró US$ 20 millones, dejando inaugurada una nueva etapa en materia cambiaria

y financiera.

El Gobierno atribuyó la baja del precio de la divisa a un cambio en el escenario financiero internacional generado a partir de la presunción de que la Reserva Federal de los Estados Unidos no será tan agresiva este año subiendo la tasa de interés.

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Esa variante llegó cuando en la Argentina la recesión sacaba a la luz datos con caídas fuertes en la actividad de rubros importantes (construcción, autos, electrodomésticos, etc.) y en materia financiera ya reinaba el poder de las tasas de interés altas.

El Banco Central y el Gobierno en general festejan en estos días la estabilidad cambiaria que les abre la puerta a una consolidación de un camino descendente para la inflación y, por tanto, mejores perspectivas para proyectar una mejora en el poder de compra de los salarios y en las chances electorales.

El dólar tranquilo suele serenar los ánimos de los consumidores, los ahorristas y los políticos, y una de las preguntas clave del incipiente 2019 es hasta cuándo puede durar.

Hay, por lo menos, tres puntos sensibles a seguir de cerca: cuán rápido baje el Central las tasas, cómo evolucionen las expectativas financieras sobre 2020 y la recaudación previsional.

Guido Sandleris, presidente del Banco Central, se está encargando de difundir que la baja de la tasa de interés, reclamada a cuatro vientos por los sector productivos, va a ser pausada y dispuesta en forma moderada.

Las Letras de Liquidez (Leliq) que el Central coloca en los bancos y que actúan como tasa de referencia del mercado están en torno a 58,40% anual, un nivel que determina, por otra parte, que los bancos ofrezcan tasas cercanas a 50% anual en los depósitos a plazo fijo de clientes grandes.

Esas tasas resultan elevadas frente a las proyecciones de inflación de 30% que tiene el mercado para este año y despiertan fuertes críticas de todo el arco productivo.

El volumen de crédito cayó un 20% en términos reales en el último año y habiendo partido ya de un nivel bajísimo.

El total de crédito ronda el 13% del PBI, es muy bajo y actúa como fuerte limitante para la salida de la recesión.

Pero para el Gobierno el objetivo prioritario es la estabilidad financiera y en eso está cumpliendo al pie de la letra con lo acordado con el FMI.

Así, también habrá que estar atento a cuántos dólares compra el Central y cuántos pesos emite cada vez que lo haga.

Si hay más pesos dando vueltas, la tentación de bajar las tasas será mayor, pero también lo será una posible presión sobre una inflación que ahora aparece más contenida por la estabilidad cambiaria y la fuerte caída de las ventas.

En el corto plazo se espera la entrada de más dólares por las exportaciones del campo y, a partir de abril, según lo adelantó el secretario de Finanzas, Santiago Bausili, también habrá más oferta porque el Tesoro saldrá a vender unos US$10.000 millones (plata del FMI) para conseguir pesos.

Bausili puso la lupa sobre otro punto clave: el del vencimiento de deuda para después de las elecciones. Sostuvo que en 2020 sólo vence el Bonar y son US$2.500 millones, una cifra pequeña (si el resto de refinancia, desde ya) para pensar que la Argentina vaya a entrar en default.

El tercer dato a tener en cuenta de ahora en más es el de la recaudación previsional: en diciembre creció sólo 23%, muy por debajo de cualquier indicador de inflación.

La recaudación que depende del nivel de empleo y de salarios que reciban los trabajadores representa, a su vez, un tercio del total de lo recaudado por la AFIP.

En otros términos, cuando el Central mantiene a raya al mercado con las tasas altas, también le dispara a la recaudación impositiva en general y a la previsional en particular.

El Gobierno logró dejar atrás la corrida cambiaria y puso en práctica un corsé monetario que ayudó a bajar en forma sensible el ritmo de dolarización de los argentinos.

Pero ahora llegó el tiempo de empezar a desarmar una madeja alimentada a base de recesión y con el agregado del tiempo electoral que potencia todas las expectativas.

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