Acuerdo con el peronismo racional: ahora o entre 1° y 2° vuelta

Economia
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Los cerrajeros ya aceitaron los accesos al Salón de Los Acuerdos. La cuestión es ahora quién entra, qué trae y qué saca. Los profesionales de la ganzúa – Rogelio Frigerio,

Miguel Pichetto – se sacaron una foto el martes, un aporte al formato de la política de estas horas, que se copia de aquel hallazgo de la TV en blanco y negro que era Dígalo con Mímica. Difícil pedirles a los políticos algo más que gestos mudos.

“El período que va de ahora al cierre de listas es el más resbaladizo de todos, no hay que hablar de personas, sólo de proyectos”, dice la instrucción de Marcos Peña al gabinete. Ilustra lo que es esta caminata sobre hielo fino, en la que “sólo se habla de personas y no de proyectos”. Esa aparición del ministro en la oficina del CEO del peronismo federal, abrió un atrio de negociaciones que es lo más cerca de un pacto político al que han llegado el oficialismo y la oposición. Se trata de acercar posiciones entre el gobierno y el peronismo racional, para armar el consenso que puedo facilitarle las cosas a los en el arranque de mandato de Mauricio Macri. Aquel proyecto del Consenso del Bicentenario, que imaginaron Pichetto y Ernesto Sanz, naufragó en los umbrales de la casa Rosada.

Ahora renace como un pergeño electoral, que puede ser funcional a la estrategia de Cambiemos, para tener amigos del peronismo en el ballotage, y también a la del peronismo alternativo que se ha decidido, desde el triunfo del “republicano” Schiaretti, a estar lo más lejos posible del Instituto Patria. Pichetto le puso el rótulo a la carpeta: “Acuerdo Económico y Social” y es objeto de un proyecto de ley que presentará en el Senado un club de amigos, que está haciendo conscripción de socios. Si prospera, será el alma de un pacto político, programático y electoral aunque sin juntar listas de candidatos. Según lo que escuchó la lustrosa boiserie de la oficina de Pichetto, ese proyecto será una síntesis de los pliegos de propuestas que han hecho el gobierno, Roberto Lavagna, Sergio Massa y los que han acercado los socios de Cambiemos. O sea lo que se conoce como metas de crecimiento, de inflación, de crecimiento del empleo, respeto a los contratos, y blindaje de lo que se logró negociando entre Nación y gobernadores. En esto, lo más cercano es el Consenso Fiscal II y el producto del Presupuesto 2018, el más negociado de la historia y que contiene el acuerdo con el Fondo.

 

Un test para el bloque del acuerdo: financiamiento de campañas

Este acercamiento irá al Congreso con la idea de que lo sostengan las fuerzas de los dos lados, que aprobaron por ejemplo, la ley de financiamiento de campañas, que admite los aportes de empresas. Es decir un mix de Cambiemos, los federales del PJ, el massismo, la Coalición, el bloque de los santiagueños y una miríada de legisladores sueltos. Esto a modo de ejemplo, porque de la Coalición se dividió al votarse el artículo 4° de esa norma, pero aseguró que se aprobase. Elisa Carrió votó en general a favor pero en particular rechazó esa cláusula, que igual alcanzó a ser aprobada por 135 votos – necesitaba 129 – con el aporte de dos diputados de la más estricta observancia de Lilita, como “Toty” Flores y Javier Campos. Este es el hombre que puso la casa para el primer encuentro de Carrió con Macri, que dio origen a la alianza Cambiemos. Son votos que expresan la racionalidad de la jefa de la CC -aun en momentos cuando actúa en los bordes- que entendería que esa norma era necesaria para el conjunto, y no podía caerse porque ella estaba en desacuerdo.

Peña vs. Cornejo: el optimismo extremo contra el pesimismo total

La necesidad de un acuerdo con el peronismo racional es uno de los debates más agrios en el oficialismo y este sector de la oposición. Cambiemos está perforado por el enfrentamiento del más optimista y el más pesimista. Marcos Peña cree que la elección se gana en el ballotage, que hay que asegurar la polarización con Cristina que, entiende, se ha adelantado y amenaza con disminuir las posibilidades del peronismo alternativo. Para llegar a ese objetivo hay que ir superando etapas con paciencia zen, que alimenta con sondeos, focus groups y otras manías habituales en esos cuarteles. El más pesimista es Alfredo Cornejo, que cree que la elección se está perdiendo, que hay que echar mano de recursos novedosos, porque hay una ola peronista que puede hacerlos perder, no sólo a Macri, sino a los gobernadores de ese sector. La elasticidad de su posición llega al Club San Juan, adonde Eduardo Duhalde fatiga en reuniones con visitantes de todo color, como Ricardo Alfonsín. La idea de un acuerdo con un sector del peronismo la alimentan el optimista y el pesimista, pero con diversos grados de elasticidad. Cornejo cree que hay que ofrecerles lugares electorales a los peronistas alternativos, y dice nombres como los de Schiaretti o Massa. Le responden, como en la cena de los “principals” de su partido en Plaza Mayor el miércoles por la noche, que es invitarlos a un cumpleaños cuando ya te dijeron que no van a ir.

Una oportunidad para el peronismo “republicano”

Los optimistas creen que hay mucho para ofrecerle a estos alternativos que tienen a Pichetto a la cabeza, en un acuerdo que les facilite el ballotage para Cambiemos, a cambio de facilidades y gobernabilidad entre 2019 y 2023. Primero, los gobernadores de segunda generación del peronismo – Peppo, Bordet, Uñac, etc. – pueden preferir tenerlo de presidente a Macri sin reelección, y no a Cristina, de quien conocen el estilo. Macri ha sido dadivoso con las provincias, ha negociado con ellos una salud financiera que no tuvieron antes de 2015, y se han beneficiado de lo que algunos llaman un “federalismo ingenuo”, es decir dar sin recibir mucho (por ejemplo, que le votasen a Macri el voto electrónico después de que se lo prometiesen en Olivos). Estar del lado del acuerdo, los ayuda a construir el peronismo “republicano” que pidió Schiaretti, y arrinconar al cristinismo en el rol de minoría en el peronismo. Para ese lote de peronistas, tiene sentido darle una mano a Cambiemos a cambio de facilidades que pueden incluirse en el proyecto de Presupuesto 2020, que se discutirá entre la primera vuelta y un eventual ballotage. En diciembre, por ejemplo, vence la emergencia social que se aprobó en 2016 y le prometió $ 30.000 millones (de cumplimiento incompleto) para las organizaciones sociales. No es imaginable que el gobierno o la oposición dejen caer esa emergencia y menos aún, que dejen pasar la oportunidad de convertir su renovación en una bandera de sus campañas electorales. Esa ley fue negociada con la oposición y el papa Francisco, y puede ser otro de los puntos de acuerdo con los peronistas amigos.

Zalemas con Macri en la puerta del ascensor

En el gobierno han escuchado las voces sobre este acuerdo del peronismo, como Pichetto con Frigerio, y de los propios, que discuten cuándo es mejor cerrar el acuerdo. Algunos creen que debe hacerse entre la primera vuelta y el ballotage. Otros entienden que debe hacerse ahora, antes del cierre de las listas. El tema ha estado en las charlas que han mantenido Macri y Peña, además de Frigerio, con aliados como Jesús Rodríguez y Ernesto Sanz, que estuvo en la cena de Plaza Mayor. El gobierno los escucha, porque se logró en esa cena asegurar que un 70%/80% de los convencionales aprobará la continuidad en Cambiemos, aunque con condiciones más de forma que de contenido, pero atadas al ala acuerdista de la Casa de Gobierno. Ese ánimo explica las zalemas del jueves por la mañana, cuando Macri esperó a Negri en el ascensor privado de la casa de gobierno. El jefe del interbloque tenía el almuerzo – un homenaje privado a la gesta cordobesa – con Peña, pero cuando el presidente se enteró de que llegaba “Marito” detuvo el ascensor para el abrazo. Blanquearon horas de chateo durante las elecciones de Córdoba, que mantuvieron en secreto para no pelearse más con otros aliados. Lo invitó a que regrese a las reuniones de gabinete y que nadie se sorprenda si Negri no es candidato a diputado para recomponer los mandos del interbloque, herido por la migración anunciada de Emilio Monzó y Nicolás Massot. Los jefes de los partidos de Cambiemos habían firmado un “motu proprio” (como llaman en el Vaticano a las órdenes pretorianas del Papa) diciendo que quien fuera candidato en una provincia no podría serlo después a un cargo nacional. Ahora nadie se acuerda para quién iba dirigido ese dardo. Claro que Negri fue afectado por ese dictamen que puede durar menos que la liviana melodía (Borges, “El tango”, poema) y volver a la banca podía tener un premio, la presidencia de la Cámara. Alguien se adelantó a atornillar en ese cargo a Cristian Ritondo. Tampoco nadie sabe para qué. “Es una macana”, me dice uno de los inquilinos del área presidencial que ve con cariño el destino de Negri en el Congreso.