Dólar quieto mata grieta pero la recuperación se demora

Economia
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Entre las idas y venidas, el dólar mayorista lleva 26 días de calma cotizando entre las puntas por debajo de los $ 45. El viernes estaba en $ 44.99.

Fue

el 29 de abril, cuando se anunció que el Banco Central había logrado la autorización del FMI para intervenir en el dólar, el día a partir del cual el mercado comenzó a cambiar el aire. De ese momento la divisa subió sólo 1,5% en una economía que galopa con una inflación superior al 3% mensual.

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La posibilidad de intervenir del Central sumada a la fuerte contracción monetaria, a la vigencia de la dura política de contracción monetaria con tasas de interés superiores a 70% y la venta por parte del Tesoro de US$ 60 millones por día de los fondos del FMI, determinan un cuadro que deja poco margenes para una suba abrupta de la moneda norteamericana.

Entre la entrada de divisas de las exportaciones del campo, las ventas del Tesoro, la falta de pesos para comprar los billetes y la posibilidad de Guido Sandleris, titular del BCRA, de intervenir en el dólar, el mercado mostró un tránsito más apacible en las últimas semanas posibilitando, entre otras cosas, una leve mejora de los bonos argentinos.

Una de las preguntas más difundidas de los últimos días fue en qué medida esa mayor tranquilidad estuvo explicada por la decisión de la ex presidenta Cristina Kirchner de nombrar a su ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para encabezar la fórmula que la llevaría a ella como candidata a vicepresidenta.

Los operadores financieros interpretaron que la designación de Alberto Fernández podría contribuir a reducir la grieta entre kirchneristas y antikirchneristas y a moderar las políticas anti-mercados del pasado en caso de llegar al gobierno. El flamante precandidato a presidente fue firme a la hora de decir que cumpliría contodos los compromisos de la deuda pública.

Así, y en términos de discurso, la política argentina se alineó en favor de cumplir con los acreedores y, con matices, de encarar una renegociación del préstamo del FMI. Ninguno, y como es de esperar a esta altura de la campaña electoral, podría decir cómo encarar una negociación.

El economista Guillermo Nielsen, que habla con Alberto Fernández, dijo que a la Argentina le "quedan ocho años de FMI", en lo que se interpretó como un baño de realidad frente a un marco de una economía estancada, con un nivel de deuda alto respecto de su PBI al tener cortado el financiamiento externo.

El cronograma de pagos al FMI contempla devolver US$3.800 millones en 2021, US$18.500 millones en 2022, US$23.000 millones en 2023 (el pago más exigente) y quedan para 2024 y 2025 US$10.100 millones y US$1.8 millones respectivamente.

Los técnicos coinciden en que el primer año de pago, sea cual sea el gobierno, no será difícil de cumplir y, siempre y cuando, la Argentina pueda volver a conseguir financiamiento del exterior. Pero los dos que le siguen serán muy exigentes.

Uno de los puntos clave será cuánta credibilidad despertarán en los mercados las promesas de los dirigentes. Y, aún cuando se trate de compromisos sinceros, cuáles son las posibilidades de cumplimiento.

La deuda pública total ronda los US$ 332.000 millones y representa el 86% del Producto Bruto Interno y la pregunta que se repite en si: ¿es mucha o poca?

El 32,8% de aquel 86% representa la deuda dentro del sector público, con su refinanciación está asegurada. A eso se suma un 15% que son los compromisos con los organismos multilaterales y bilaterales que, como suelen decir los economistas expertos en estos temas: "Están para ser pateados para adelante".

Por último, y la parte más sensible es el 38,4% de la deuda que está contraída con los privados y que se encuentra en el peso de la desconfianza se siente con más intensidad.

¿Es el nivel de la deuda de la Argentina? Probablemente no, si el país despertara confianza en los mercados. Pero la vertiginosidad de su crecimiento (en los últimos tres años (pasó de 53% a 86,2% del PBI) y la corte del financiamiento externo generó un marco importante de vulnerabilidad.

En los últimos días algunos operadores del mercado sostienen que si alguien compra un bono argentino que hoy rinde 15% anual en dólares asume un riesgo de reestructuración. Claro que nada dice de los ahorristas que comprenden y los mantienen desde hace tiempo atrás.

Las promesas de los políticos frente al altar del cumplimiento de la deuda están a la orden del día y la moderación demostró ser un capital político valioso en las elecciones provinciales en los que prevalecieron los oficialismos.

El dólar en calma, si bien todavía no tiene resultados en la reducción de la inflación ni en la recuperación de la actividad económica, ayuda a moderar opiniones. Algo es algo en tiempos de escasez.