El presupuesto, la Corte y el arte de lo posible

Jorge Raventos
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El dólar cerró la semana superando la barrera de los 40 pesos. Mauricio Macri había hecho bien, una semana antes, en señalar desde Mendoza que “no porque hayamos tenido tres días de tranquilidad en los mercados las cosas estructurales se han resuelto”. Por Jorge Raventos 

 

 

Parece evidente que en los vaivenes del dólar, por ejemplo, no habría que esperar resultados de la noche a la mañana. Que haya trascendido que para el FMI el “valor de equilibrio” es 40 pesos y que el gobierno calcula que llegará a 42 en dos meses  es una ráfaga que apunta hacia arriba.

 

La inflación también empuja en la misma dirección. El INDEC midió 3,9 por ciento en agosto. Pero el incremento superó los 4 puntos en el conurbano bonaerense. 

 

Las tensiones a las que está sometido el gobierno y la hondura de los problemas que es preciso afrontar no le dan demasiadas oportunidades para exhibir logros en la principal materia en la que el macrismo prefiere ser juzgado: la gestión. Los errores no forzados tampoco contribuyeron a fortalecerlo en esa asignatura.

 

Su apuesta se ha hecho más modesta aún que aquella con la que empezó hace unos cuantos meses a virar hacia el realismo  (“cada día un poco mejor”).  Ahora despierta satisfacción la pura idea de evitar incendios y atravesar el ajuste en paz. 

 

 

 

 

Ajuste y promesas

 

 

La perspectiva de una caída fuerte de la producción y el consumo (más marcada que la que ya está a la vista) vuelve brumoso el tiempo que queda hasta atravesar el verano. Las organizaciones sociales que dialogan habitualmente con Carolina Stanley transmiten la inquietud de los barrios más vulnerables. Las movilizaciones por ahora son multitudinarias pero tranquilas. "Estamos haciendo todo para que no haya problemas en diciembre", declaró la gobernadora María Eugenia Vidal, durante un timbreo de campaña. Sin embargo,la temperatura se eleva y muchos creen que el termómetro estará al rojo bastante antes del fin de año. 

 

La propia base electoral de Cambiemos se ve afectada por las políticas de achique. El Presidente prometió esta semana al campo que el reciente aumento de las retenciones será el último esfuerzo que le impondrá al sector. Los exportadores habrán pensado en aquella frase de Perón: “Mejor que prometer es realizar”.  

 

En cualquier caso, el sector empresario mostró esta semana firme respaldo al gobierno, a contracorriente de las malas noticias que viene ofreciendo la realidad.  

 

De esos apoyos y de una esperada foto  con los gobernadores se nutrió entonces el optimismo del Presidente. De la política antes que de la economía. El ministro Rogelio Frigerio trabajó meticulosamente para que  esa convergencia se concretara.

 

El encuentro con los gobernadores no es aún sinónimo de que el presupuesto vaya a salir del Congreso como lo imagina el gobierno, pero implica al menos una señal a “los mercados” y al FMI. 

 

Habrá un presupuesto acordado (aunque no sea el que deseaba la Casa Rosada). Habrá una aniquilación del déficit (aunque no prevalezca el recorte de erogaciones, como pretendían el Palacio de Hacienda y los actores más ortodoxos, sino el incremento de ingresos; aunque se postergue el desvanecimiento de ciertos gravámenes y se impongan otros, como el que aumenta la alicuota al  patrimonio cuando éste se encuentre el exterior, por caso).  

 

La política es el arte de lo posible. Y -especialmente con el actual balance de fuerzas- no resiste los monólogos.

 

 

El reinado de lo efímero

 

 

Las fotos y las noticias son, de todos modos, manifestaciones de lo efímero. Deliberadamente –tal vez por diferenciarse del relato ideológico del kirchnerismo, tal vez por coherencia con alguna lógica de mercado- el Pro (es decir, la conducción de Cambiemos) renunció a enunciar un proyecto en términos político-doctrinarios, una enunciación de sentido de su marcha. Prefirió en cambio la suma ecléctica y pragmática de logros  y manifestaciones de deseo ancladas en lo práctico (con alusiones generales a la libertad y el entusiasmo) a afrontar el  riesgo de una formulación que eventualmente desembocara en dogma. El marketing estimuló esa opción: las doctrinas ponen límites; evitarlas permite sumar diferencias. 

 

Pero cuando los logros prácticos tardan en concretarse o requieren un proceso prolongado, y cuando hay que enfrentar períodos de dificultad,  el sentido de la búsqueda es lo que permite fortalecer la esperanza y mantener vivo el entusiasmo. Allí la  ausencia del “proyecto” se hace notar.

 

A falta de una narración plausible sobre el porvenir y su vínculo con las demandas presentes, el gobierno se abriga, si no bajo un dogma articulado, con un sucedáneo, una especie de patchwork hecho de tics, frases publicitarias y reacciones; o se ve  obligado a aceptar la postura de quienes le reclaman que explique el presente por el pasado. Es decir, que ponga permanentemente sobre el tapete “la herencia recibida” y aproveche el reto que el kirchnerismo puro y duro le propone habitualmente con su hostigamiento, para tender un puente narrativo ante las dificultades. 

 

Pero está comprobado que los cuadernos de Centeno no sirven como vacuna contra los efectos de la inflación y la recesión. A lo sumo operan como vitamina ética para que los que ya denostaban al kirchnerismo persistan con nuevos argumentos.

 

 

Que el gobierno use al kirchnerismo como el kirchnerismo usó en su momento  la evocación del gobierno militar y la represión desbocada de los años 70 para estimular una, digamos, “polarización positiva”, sigue apareciendo como la principal  estrategia electoral del oficialismo.

 

 

Pero las dificultades de la realidad reclaman una búsqueda más creativa: “los mercados” y -aunque todavía vagamente- la opinión pública esperan de la política argentina capacidad para pensar, diseñar y explicar -además de poner en práctica- un cambio con sentido y proyección. Que reflexione un sentido de comunidad.

 

 

Una comunidad puede atravesar momentos de crisis si siente que existe esa unidad de sentido. De lo contrario, las esperanzas decaen, sobreviene la decepción, la centrifugación de la sociedad; en suma, el círculo vicioso de la decadencia. 

 

 

Las cifras desnudas ayudan poco: este año no se crecerá un dos por ciento, como auguraba el presupuesto votado el año pasado. Por el contrario, se calcula una caída del PBI de más de dos puntos. Los técnicos del FMI estiman que en 2019 no habrá crecimiento (buena noticia: tampoco vaticinan caída). El gobierno puede terminar la gestión con un resultado neto negativo, que se leería peor aún si  se consideran las cifras per capita. 

 

 

Con esos resultados económicos, es razonable que el gobierno busque buenas noticias en la política. 

 

 

 

La Corte y sus giros

 

 

Un territorio político en el que esta semana Mauricio Macri cosechó buenas nuevas fue el Poder Judicial. Ricardo Lorenzetti dejó sorpresivamente de ser Presidente de  la Corte Suprema (en rigor eso ocurrirá el mes próximo, pero la decisión ya ha sido adoptada) y ese espacio será ocupado por Carlos Rosenkrantz, un jurista de raigambre radical  que llegó al alto tribunal a propuesta del actual Presidente.

 

Que un cortesano de reciente incorporación ligado al radicalismo y a las empresas sustituya a Lorenzetti (vinculado al peronismo y con  más de una década de ejercicio fuerte de la jefatura) es sin duda, aunque él naturalmente lo disimule,  un alivio para Macri.  Entre otras cosas porque él se encontraba en una incómoda situación institucional en la guerra desatada contra Lorenzetti por una aliada suya de gran volatilidad como Elisa Carrió. La diputada ha acusado al magistrado de diversas faltas, entre las cuales la de conspirar para desplazar al gobierno y encaramarse en el poder político. Carrió vie las novedades en la Corte como un triunfo propio.

 

Que Lorenzetti haya sufrido una devaluación impensada en un territorio que él dominaba a gusto no quiere decir, sin embargo,  que haya perdido todo su poder de fuego. ¿Cuánto tardará Rosenkrantz en dominar el aparato administrativo de la Corte que Lorenzetti tejió pacientemente durante su extensa presidencia? Habrá que ver, además,  si la mayoría que votó al nuevo primus inter pares  (Rosenkrantz, Highton de Nolasco, Rosatti,  a quienes el propio Lorenzetti, resignado y con elegancia, sumó su voto) sigue funcionando como bloque cuando la Corte deba tratar temas que son de enorme interés para el gobierno. 

 

En uno de esos temas la Corte ya tiene un pronunciamiento previo que la Casa Rosada espera ver modificado, pues tiene que ver con  el cálculo de las reparaciones jubilatorias. El gobierno teme una ratificación que supondría una enorme erogación para el ANSES, es decir, para la billetera oficialista.

 

En cualquier caso, la nueva jefatura de la Corte puede leerse como un cambio en el sentido de un mejoramiento del servicio de Justicia, otra de las asignaturas que los mercados y los inversores examinan con rigor a la hora de definir sus actitudes en relación con el país.