La economía trabaja para la huelga

Jorge Raventos
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Luis Caputo timoneó con estilo personal la pulseada de la cotización del dólar y se anotó una victoria esta semana: consiguió bajar el billete norteamericano y atravesar el límite de 39 pesos.Por Jorge Raventos- Especial Total News-

 

 

 Parece muy módico, pero el logro alcanzó para que el gobierno sonriera. Paralelamente se registraban otras buenas noticias: caía el riesgo país y en Washington le anticipaban a Nicolás Dujovne la aprobación de una nueva ayuda del FMI. 

 

 

Momento de optimismo financiero, pero cuidado con la euforia: la cifra de desempleo se elevó (la tasa de septiembre rozó el 10 por ciento: 9,6), el PBI del segundo trimestre, comparado con el mismo tramo del año anterior cayó 4,2 puntos; julio de 2018 contra julio de 2017, el producto industrial adelgazó un 5,7 por ciento.

 

 

 

Es muy probable que el próximo martes el gobierno padezca  el paro laboral más fuerte de las últimas décadas. Pese a las líneas de falla  que fragmentan el paisaje sindical, la medida de fuerza se presiente muy extendida. 

 

 

Las organizaciones son importantes, pero el verdadero motor de la huelga es el mar de fondo que crea la convergencia  de recesión, inflación, suspensiones, amenazante desempleo y salarios encogidos. Involuntariamente, claro, el mismo gobierno que se alegra de las buenas noticias financieras aporta el insumo principal al éxito del paro.

 

 

El descontento va más allá de los trabajadores de overol y hasta de los asalariados en general: incluye a amplios sectores de la clase media independiente y de la pequeña y mediana empresa, apresados por alquileres altos, financiamiento ruinoso, tarifas que no dejan de incrementarse y un mercado que se comprime.

 

 

 

Sólo algunos fragmentos de la actividad económica (el turístico es un caso)   se dan el lujo de las buenas expectativas. El sector turístico: confía en beneficiarse de la clausura que la crisis impone de facto a los destinos exteriores. Como reza el refrán: nunca falta un gato para lamer el plato.

 

 

El aporte de Dujovne

 

 

Mientras los gremios peronistas buscaban la última semana fortalecer sus perspectivas presentando en sociedad una versión actualizada de las 62 Organizaciones (“el brazo político del movimiento obrero”, según los protocolos del PJ), el ministro Nicolás Dujovne sumaba incitaciones al paro con sus proyecciones ante el Congreso sobre la economía del año próximo. El ministro trata de conseguir respaldos del Congreso para su proyecto de Presupuesto. El sostiene que el año próximo la economía caerá (su número es 0,5 por ciento), que el déficit fiscal será de 0 punto, el dólar tendrá una cotización de $40,10 y que la inflación será del 23 por ciento.

 

El cuadro no es bello pero tampoco es verosímil. Por ejemplo, merced a pasar con reiteración el cepillo ante el FMI (y de contar con el óbolo misericordioso de la señora Lagarde) se está manteniendo ahora con esfuerzo un dólar a pasos de ls 40 pesos: cuesta mucho pensar que ese númerito resistirá en cartel un año entero. 

 

Anteriores vaticinios fallidos  no contribuyen a la credibilidad de los pronósticos oficiales. El presupuesto en vigencia, sin ir más lejos, fue aprobado con una estimación inflacionaria del 10  por ciento, una meta que el Gobierno (en una célebre conferencia de prensa del último día de los inocentes)  corrigió al 15 por ciento. Hoy se calcula que el índice final de 2018 será tres veces más alto que el que suponía aquella corrección. También se preveía para 2018 un crecimiento de más de dos puntos que se ha transformado ahora en una caída de 2 puntos y medio.

 

Pese a los chapuceros antecedentes  y a las fantasías obvias del relato actual, el empeño del gobierno en que su narrativa presupuestaria sea acompañada es respaldado por los gobernadores del peronismo no kirchnerista, que no quieren ser culpados de falta de sensibilidad. No es que se comprometan a compartir los criterios o los cálculos, sólo aseguran que no dejarán al gobierno sin presupuesto y aseguran coincidir en la idea de que hay que reducir drásticamente el déficit fiscal (no necesariamente con los caminos que propone el Poder Ejecutivo). 

 

Traducido: el presupuesto seguramente será aprobado en general pero merecerá una discusión minuciosa en la votación artículo por artículo. Y no hay que atribuir esa ardua pulseada a ninguna duplicidad de los gobernadores, sino a la mera lógica política. Primero: los gobernadores no son capataces omnipotentes de los legisladores de sus provincias, sino (y no en la totalidad de los casos) referentes principales, conductores; no mandan: orientan, influyen. Los diputados y senadores deben cuidar su propia relación con sus votantes y con la opinión pública.

 

 

¿Tres dividido dos?

 

 

En este último sentido, el acompañamiento al gobierno de un resistente “núcleo duro” que vacila poco frente a las dificultades de la economía, con un tercio aproximadamente del electorado, aunque sin duda es una base muy interesante para la estrategia oficialista con vistas a las presidenciales del año próximo,  es quizás insuficiente como apoyatura de gestión. En el corte que se produce, lo que queda del otro lado son dos tercios entre opositores confesos, críticos y desencantados,  que resisten o se quejan de la administración económica del gobierno.

 

Esa es la base que servirá de caja de resonancia a la huelga del martes próximo. Y, sin duda, la extensión del paro alimentará la atmósfera crítica y seguramente repercutirá a su vez  sobre el debate legislativo.

 

El gobierno no tiene una caja de herramientas provista  para resolver estos problemas (o simplemente  ha decidido no usar las que tiene). Y, para afrontar la realidad,  parece haber optado por reincidir en la fórmula de la polarización con el pasado, cabalgando sobre los ecos de las investigaciones judiciales que se centran en los procedimientos de acumulación   articulados durante las gestiones de la familia Kirchner. 

 

Así como las encuestas muestran que hay dos tercios que cuestionan la gestión económica del gobierno, también registran que hay dos tercios que  condenan la corrupción  que campeó durante la década K.  Dos de esos tres tercios, tienen una figura que los representa: la señora de Kirchner es la que mejor encarna a quienes cuestionan la situación económica y se desentienden (o niegan) las imputaciones judiciales al gobierno anterior. Mauricio Macri es el ícono de quienes sostienen el camino económico actual como “único camino” y aspiran a “superar” (un verbo que para algunos tiene el sinónimo de derrotar inequívocamente  y para otros el de aniquilar) al kirchnerismo y, en general, al peronismo.

 

El oficialismo pretende una polarización en ,la que el eje anticorrupción prevalezca sobre el eje económico. Él necesita como contrafigura a la señora de Kirchner (y ella lo necesita a él). Los dos necesitan monopolizar la escena.

 

El tercer tercio (el que simultáneamente cuestiona la gestión económico-social actual y el estilo K de  “capitalismo de amigos” y aislamiento del mundo) no muestra hasta el momento una figura icónica, un candidato. Si no consigue encarnarse políticamente para la encrucijada electoral del año próximo, ese tercer  tercio será el tercero excluido, el tercero tupacamaruzado.