Una estampita de Jesús en la puerta, un póster con la imagen de María Auxiliadora y un cuadro del padre Pío de Pietrelcina decoran el pasillo del pabellón donde vive el cura Julio César Grassi (62), condenado a 15 años de cárcel por los delitos de “abuso sexual agravado”. El sector que habita lleva su clara impronta religiosa: parece más una capilla que una prisión de máxima seguridad. 
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