El silencioso final de un miembro del Clan Puccio

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Guillermo FernándezLaborde siempre fue noticia: la última vez que las secciones de Policiales de los diarios lo habían nombrado fue el 21 de diciembre de 2007. Esa vez, por usurparle la identidad

a otro hombre para pedir un crédito bancario. Estaba libre desde el 10 de mayo del mismo año. Venía de cumplir más de 21 años preso.  

Su primera detención había sido en 1985, por una de las causas más mediáticas de la historia del hampa argentino. Fernández Laborde sería uno de los condenados a perpetua por cuatro secuestros y tres homicidios cometidos por el Clan Puccio. Esos crímenes llegarían a la pantalla grande: en 2015 se estrenaron una serie y una película. Laborde fue interpretado por Pablo Cedrón y Luis Armesto

En junio de 2019 también se lo volvió a nombrar. Fue a partir de la difusión de una foto vieja, de 1988, en la que se lo tomó esposado. Detrás suyo estaba el actual presidente, Alberto Fernández, que en ese momento (cuando se difundió la foto) era precandidato por el Frente de Todos. Las fake news dijeron que Alberto había sido "el abogado de los Puccio". Pero no fue así. Apenas había sido el defensor oficial de Laborde. Y por sorteo. No había elegido defenderlo.  

Su muerte, en cambio, fue silenciosa. No tuvo repercusión mediática. Falleció el miércoles pasado en el hospital Eurnekian, de la localidad de Ezeiza. Un par de agentes penitenciarios lo custodiaron hasta los que fueron sus últimos suspiros. Tenía 77 años. 

Devoto. Fernández Laborde era coordinador de la carrera de Sociología. / Facebook

Devoto. Fernández Laborde era coordinador de la carrera de Sociología. / Facebook

Todo había comenzado en julio de 2019, cuando sufrió un ACV mientras trabajaba en una de las aulas del Centro Universitario de Devoto, que funciona dentro del Penal. De ahí lo trasladaron al Hospital Pirovano. Estuvo internado un par de meses hasta que los médicos y el juez de su causa decidieron que lo mejor era enviarlo al Hospital Penitenciario Central (HPC) del Complejo 1 de Ezeiza. Un par de días antes de su muerte había sido internado otra vez, aunque en un destino nuevo: el Eurnekian.

"Le hubiese correspondido un arresto domiciliario. Por su edad y su enfermedad", cuenta un abogado que compartió pabellón con Fernández Laborde. "Pero estaba solo. Su ex mujer y sus hijas se fueron a vivir a España. La única familiar que le quedaba es una hermana. 'El viejo' no quiso molestarla. Sentía que si le daban el arresto en la casa de ella se iban a enterar los periodistas y la puerta se llenaría de cámaras y ninguno podría vivir tranquilo".

Otro ex detenido que compartió el espacio universitario con Fernández Laborde dice algo parecido: "Se tendría que haber ido libre mucho antes. Lo que le hicieron fue una aberración jurídica. Su última detención fue una estafa bancaria. Se pasó 13 años por ese delito. Pero bueno; al menos ya no va a renegar con los penitenciarios, ni con los jueces ni con ninguna película o serie que tuvieran interferencia en las decisiones de la Justicia".

El Clan Puccio nació en pleno San Isidro, a comienzos de 1982. El líder era Arquímides Puccio, contador y ex empleado de la Cancillería. Lo completaban sus dos hijos rugbiers y sus amigos Laborde, Oscar Díaz y el militar retirado Rodolfo Franco. Se los condenó a perpetua por secuestros y homicidios. Todas las víctimas eran cercanas a la banda (por eso los asesinaban; si los liberaban podrían reconocerlos), que fue detenida en 1985. El aguantadero de la banda era el sótano de la casa de los Puccio, en San Isidro.  

Durante su primera condena Fernández Laborde pasó una buena cantidad de años en la Unidad 6 de Rawson. Allí estudió Ciencias Políticas y trabajó en la biblioteca carcelaria, donde se la pasó leyendo. A partir de su ingreso como reincidente se inscribió en el Centro Universitario de Devoto. Fue Secretario académico, se recibió de Sociólogo (en 2019) y fue Coordinador de su carrera hasta el momento en el que sufrió el ACV.

Un par de alumnos de la carrera de Sociología lo recuerdan muy bien. Le cuentan a Clarín que el día que Fernández Laborde se hizo cargo de la Coordinación, la carrera apenas tenía 8 alumnos. Y que la dejó con más de 30. "Se la pasaba intentando convencer a los muchachos que no sabían qué estudiar. Es que la mayoría creía que Derecho era lo mejor", recuerda un ex compañero. "Pero les explicaba que el conocimiento que podían adquirir mediante la Sociología les permitiría entender un montón de cosas más, como las coyunturas políticas que implican ante cada detención, y los verdaderos motivos por los cuáles ese encontraban en prisión. Sobre el Derecho, en cambio, les decía que solo les serviría para interpretar lo que estaba escritos en sus causas y cómo afrontar mejor las opciones para apelar".

Fernández hacía un seguimiento de cada uno de los alumnos de la carrera que coordinaba. A los que solo bajaban de los pabellones los días de cursada, los llamaba la noche previa para recordarles horario, materia y aula. A los ingresantes y cursantes del CBC los apoyaba. Se hizo especialista en clases particulares sobre Introducción al Pensamiento Científico, Sociedad y Estado y otras materias. Los ayudaba tanto en su oficina académica como en el pabellón. "Era muy emprendedor. Apoyaba a todos los talleristas y docentes que venían por primera vez a la cárcel", lo recuerdan.  

Sus últimos años en Devoto fueron en el pabellón 9, denominado "Viejo Matías", para internos mayores de 50 años. Había ingresado a ese sector a partir de una huelga de hambre. Él vivía en un pabellón de jóvenes. Y como su edad y sus enfermedades no se lo permitían, no pudo acompañar la protesta. "Yo me voy. No quiero cocinar delante de ustedes. Sería faltarles el respeto y no quiero", les explicó a sus compañeros. "Pero 'Viejo', los enfermos y 'gerontes' como vos no tienen obligación de hacerla. Quedate acá", le pidieron, sin lograr convencerlo.

"Para 2014 lo vinieron a ver un par de productores", cuenta otro ex compañero, que no recuerda si eran de la película o la serie. Querían pedirle autorización para utilizar su nombre. "Lo engañaron como a una criatura. Lo hicieron quedar como un degenerado y nada que ver. Nosotros se lo advertimos, pero creyó que también mostrarían su lado bueno. La pasó mal con ese asunto. A los pocos meses de la película y la serie recibió la notificación: le habían negado la libertad condicional, le confirmaron una nueva perpetua y se le desmoronó el mundo".

Rara vez recibía visitas y solía pedirle a un par de amigos y a su hermana que fueran a la puerta del penal a cobrar los cheques por su trabajo en la cárcel. Debían cambiarlo, comprar los medicamentos que necesitaba y depositárselos en la cárcel. A algunos los recibía por parte del SPF, luego de presentar distintos hábeas corpus. 

Al ser liberado en 2007, se fue a vivir de su hermana. Tenía 64 años. Rápidamente se contactó con un ex detenido especialista en falsificaciones. Le encargó un documento (en ese momento eran los verdes, de varias páginas) y comenzó a sacar préstamos bancarios a nombre de otra persona. A partir de cobrar los primeros, arregló una moto que le había quedado de antes de la cárcel y se mudó de lo de su hermana. Alquiló una casa-quinta en la zona de Escobar. A sus vecinos y empleados a de seguridad les decía que era "un escritor que venía por unos meses a terminar su próximo libro". Cualquiera le hubiera creído. Se la pasaba con libros en la mano. 

A fines de febrero de 2007 el azar le jugaría una mala pasada. Entró a un banco Ciudad de Florida al 300 y solicitó un préstamo. Se presentó de traje, corbata, maletín y carpetas, tal como lo venía haciendo. El problema nació cuando el representante de Atención personalizada leyó el nombre del documento. Eran los mismos datos de una persona que conocía. El nombre, la fecha de nacimiento, la dirección de su casa. Todo. Lo único real de ese documento era la foto. Coincidía con la del señor que tenía del otro lado de su escritorio. Llamó a la Policía, que hacía meses buscaba a un estafador a partir de una denuncia. No tenían la menor idea que se trataba de un ex integrante del clan Puccio. La noticia estalló. Y sería la última publicada en los grandes medios.  "¿Qué quería que hiciera con 64 años? Salí con las manos vacías y mi hermana apenas sobrevivía...", les explicó a sus compañeros de Devoto.  

Aun hoy en foto de perfil de la cuenta de Fernández Laborde en Facebook figura una insignia del "Escuadrón de Inteligencia Aérea Táctica Sur". En los 60, habría sido integrante del Movimiento de derecha "Nueva Argentina". También se dijo que fue guardaespaldas de sindicalistas. Se lo vinculó a la Triple A y la Fuerza Aérea le habría dado trabajo durante la última dictadura militar. Por todo eso, y su parecido al tío de Isidoro, en Devoto algunos lo apodaban "Coronel Cañones".

JS