Hans, el narco de la Villa 31 que disparaba por diversión

Narcotrafico & Terrorismo
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 Hans Huamani Zambrano llora. Está preso y una canción que entona –mientras se graba con su celular– le recuerda a su familia. Señala fotos pegadas en su cama del penal hasta que el video se termina.
Esa imagen lastimosa y nostálgica –que publicó en redes sociales– se diluyó en marzo pasado cuando regresó a sus dominios de la Villa 31 Bis: un sector conocido como “La Containera”, comprendida por las manzanas 11, 12, 13, 14 y 104, y que debe su nombre a las cajas de metal que una empresa de contenedores guarda en la zona.

“El que a plomo mata, a plomo muere”, repitió con obsesión en prisión. De vuelta en su territorio, Hans multiplicó el terror que sienten los vecinos por la familia peruana Huamani Zambrano, un clan narco que opera hace una década en la zona.

Con una ametralladora bajo el brazo y una 9 milímetros en la cintura, recorrió los pasillos de la villa lanzando amenazas y tiros. Un pasamontañas que ocultaba su rostro aumentaba el efecto que buscaba: impartir miedo. Lo hizo hasta que fue detenido por una brigada antinarcóticos de la Policía de la Ciudad, el 12 de septiembre pasado, junto a su hermano José.

Si bien los miembros del grupo son objeto de una investigación por narcotráfico por parte del juez federal Julián Ercolini y del fiscal Jorge Di Lello y, en ese marco, han sido allanados una veintena de veces, la nueva captura del jefe estuvo movilizada por dos denuncias concretas.

Por primera vez, existen filmaciones de Hans y otras personas disparando, por diversión, en dirección a la Facultad de Derecho de la UBA y al shopping Patio Bullrich desde un balcón de una casa de la manzana 11. Un anónimo aportó las pruebas que complican a los narcos que, en un pasado reciente, fueron los principales aliados del ex capo Alionzo Rutillo Ramos Mariños, alias “Ruti”. Cinthia, hermana de Hans y José, fue su mano derecha.

Por otro lado, el ministro de Justicia y Seguridad de la Ciudad, Martín Ocampo, denunció las amenazas e intimidaciones que el peruano ejecutó contra los empleados estatales que trabajan en el lugar. Hans se había decidido a conseguir, al menos, una de las viviendas que construye el gobierno local en el sector Cristo Obrero y quiso lograrlo mediante el uso de la fuerza. Es común que los habitantes de La Containera presten su hogar para esconder droga y armas de la banda. Temen las represalias por un rechazo. Tampoco se defienden ante los robos.

El acceso a las flamantes edificaciones resulta clave para el dominio del clan, que pelea un territorio que se reorganiza a causa de los sucesivos allanamientos que derivaron en la detención o fuga de los principales jefes de la droga.

Fuentes del caso indicaron a PERFIL que la violencia que ejerció el narco y el intento de extorsión preocuparon a las autoridades.

Sangre. Un asesinato y un intento de homicidio, ocurridos entre agosto y septiembre, pusieron en alerta al barrio. El presunto autor del primer crimen resultó víctima en el segundo caso. Se trata de un joven dealer que se habría quedado con parte del dinero de la banda. Le dispararon en el rostro. En la villa susurran que en la ejecución estuvieron presentes los hermanos Huamani Zambrano e Isabel Zambrano, la madre de los tres, también ligada a los narcocrímenes de la 31, al igual que su marido Víctor. El matrimonio logró escabullirse antes del procedimiento en el que terminaron detenidos sus hijos varones.

A la familia Zambrano también se le atribuye el caso de un joven al que le cortaron la oreja por su bajo desempeño y la mutilación de un dedo a otro dealer que consumió lo que debía vender para Hans. Dicen que lo encerraron en uno de los contenedores. La empresa de logística, para no tener problemas con los narcos, los habría contratado como personal de seguridad.

Un crimen en Constitución, por el que fue detenido el primo hermano y la pareja de Cinthia, da cuenta de que la influencia del clan traspasó los límites del barrio apostado debajo de la autopista. Se trata del homicidio de Arge “Tomatito” Luna, quien se negó a vender para los Zambrano y terminó muerto de un balazo.

La mujer cercana a Ruti

Cinthia Helen Huamani Zambrano fue señalada como la mano derecha de uno de los capos más temibles de la Villa 31: Alionzo Rutillo Ramos Mariños, más conocido como “Ruti”, el narco que peleó y perdió la guerra contra Marco Estrada Gonzáles, el jefe indiscutido de la 1-11-14, de Bajo Flores.

Si bien la hermana de Hans fue detenida en 2015 por narcotráfico, fue liberada y, desde San Martín, continuaría manejando los hilos del negocio en el barrio de Retiro, al que visita de forma esporádica. Lo hace ya sin las órdenes del ex capo, quien habría perdido el total control del territorio.

Cinthia, en cambio, habría acrecentado su poder.

En sus inicios, habría estado a cargo de un ejército de dealers. Según la investigación tenía tres sicarios que supuestamente respondían a sus órdenes y que habrían ejecutado a un hombre que presuntamente amenazaba el negocio: Willington Gallegos Guzmán. “En el marco de la causa que se tramita en el Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción N° 15 se atribuyó a Huamani Zambrano haber dado la orden de matar a Willington Gallegos Guzmán, y a Chicho o Lápiz, Coco y el Tucumano, y haber tomado parte de la ejecución del homicidio, mediante un reparto de tareas, conforme a un plan común previo”, se indica en el auto de procesamiento dictado por el juez federal Sergio Torres. Su novio, apodado “el Doctor”, es uno de los detenidos por el crimen de un dealer en Constitución que no quiso vender para su familia.

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