El juego aéreo es el gran déficit en el River de Marcelo Gallardo

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Es el mejor técnico de la historia de River. Lo dicen los hinchas y los socios "millonarios" y hasta muchos periodistas (parciales e imparciales). Lo bautizaron Napoleón como el emperador y

militar francés. Por su parecido y, también, por el don de la estrategia. Supera a maestros como Renato Cesarini, José María Minella, Angel Labruna o el mismísimo Ramón Díaz. Pero -como todos los técnicos- tiene caprichos y -como a todos los humanos- le gusta que lo endiosen. Y tiene bien merecido el cartel gigante con las iniciales de su nombre y apellido que apareció en la Belgrano Alta, en el partido de ida de las semifinales de la Copa Libertadores.

Marcelo Gallardo es híper inteligente. Por eso, no se entiende que desperdicie su enorme capacidad de trabajo y no corrija los errores que le traen aparejadas las jugadas de pelota parada, a favor y en contra. Lo sufrió todo este año. Y le volvió a suceder en la noche de este martes, en la dolorosa derrota -la primera del 2018 en el Monumental- sufrida con Gremio. Punto número uno: estos partidos se ganan por detalles y Renato Portaluppi le ganó el duelo táctico golpeando a River donde más le duele. El juego aéreo. Punto número dos: "Vamos a ser avasallantes", dijo Gallardo en la previa. No se cumplió. Un par de tiros de Palacios desde afuera y un cabezazo de Maidana, apenas alto, lo certifican.

River perdió con Gremio por ese enorme dolor que le provoca su talón de Aquiles: los envíos aéreos al primer palo. Ya le pasó con Nicolás Blandi, cuando San Lorenzo le rompió el invicto a Armani en el Nuevo Gasómetro. También en Santa Fe contra Colón, aunque los protagonistas fuesen diferentes (Lollo y Lux, como máximos responsables). En la Copa Argentina (Martinich, de Villa Dálmine), en la Superliga (Erpen, de San Martín de San Juan) o en un amistoso (Komar, de Talleres de Córdoba). Y le sucedió con el brasileño Michel, quien cabeceó en el área chica a espalda de Borre, ganándole a Palacios y con Armani a mitad de camino (dudó y perdió). Un gol casi idéntico al de Miranda a Chiquito Romero en el Argentina-Brasil jugado en Arabia Saudita hace pocos días.

Un detalle que no puede pasar desapercibido. River no coloca delante de los ejecutores de los tiros de esquina con pierna cambiada a un futbolista, como hizo Gremio poniendo un defensor (generalmente, de acuerdo al sector, los laterales Leo Gomes o Bruno Cortez) a una distancia de 9,15 metros. Parado ahí estorba y no permite ver con claridad al receptor que está ubicado en el área.

El salto y el cabezazo de Michel que sentenciaron a River. (Foto: AFP/Juan Mabromata).

El salto y el cabezazo de Michel que sentenciaron a River. (Foto: AFP/Juan Mabromata).

Segundo detalle: los 10 hombres de campo de River se ubican en su área cuando hay un córner en contra. Pero lo hacen mal. Se equivocan en la marcación. En el córner ejecutado por Alisson desde la izquierda, con zurda, estuvieron escalonados Ponzio, Borré, Montiel (con Kannemann), Palacios (pierde la marca de Michel), Casco (con Jael), Pratto (se agachó), Pinola (con Cícero) y más atrás Maidana (con Geromel). Armani se movió hacia adelante y hacia atrás y se quedó clavado en la línea. Pity Martínez y Juanfer Quintero se ubicaron -como siempre- en la puerta del área a la espera del rechazo para evitar la capitalización del rebote por parte de los brasileños.

Tercer detalle: River no saca provecho de la pelota parada en ofensiva. Salvo cuando Quintero le pega directamente al arco. Pero no tiene jugadas ensayadas, como -por ejemplo- la básica de uno que peina en el primer palo y otro que convierte entrando por detrás. Y eso que Rusia 2018 fue el Mundial con más goles de pelota parada de la historia, el torneo con más tantos por esa vía (66) y el de mayor porcentaje (43,1 por ciento).

"Imposible es una palabra que se encuentra solo en el diccionario de los tontos", les dijo Napoleón a sus soldados antes de una batalla. Es lo que tiene que repetirles de aquí hasta el martes Gallardo a sus jugadores.

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