La Triple A y narcos uruguayos, secretos de una millonaria obra de arte recuperada tras 35 años

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El dato clave para recuperar la millonaria obra de arte, robada en 1983 en Rosario y pintada por el andaluz Bartolomé Esteban Murillo dos siglos antes, llegó a través de un

llamado telefónico desde Uruguay. No era la primera pista que recibían una información similar en el Museo Estévez. Las anteriores, sin embargo, no permitieron dar con ella.

A partir de la revelación, que indicaba una inminente venta en el país vecino, se iniciaron trámites judiciales que derivaron en una comunicación con el Departamento de Protección del Patrimonio Cultural de la Policía Federal Argentina (PFA).

La obra de arte "La asunción de Santa Catalina", del pintor andaluz Bartolomé Esteban Murillo, robada en Rosario en 1983 y recuperada en Uruguay.

La obra de arte "La asunción de Santa Catalina", del pintor andaluz Bartolomé Esteban Murillo, robada en Rosario en 1983 y recuperada en Uruguay.

El caso fue compartido con la Oficina Central Nacional de Interpol en Montevideo. La investigación permitió la captura de cinco personas, que tenía en su poder no sólo la pieza robada 35 años antes: se les incautó una pistola calibre 22 y un revólver del mismo calibre.

Especialistas viajaron a Uruguay y constataron que se trataba de la pintura “La asunción de Santa Catalina”, del pintor español Bartolomé Esteban Murillo.

Retrato del pintor andaluz Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) .

Retrato del pintor andaluz Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) .

Es una obra de arte valuada en al menos 1,5 millón de dólares y que se encontraba en poder de una banda narco uruguaya. Fue recuperada tras una tarea conjunta entre Interpol y la Policía Federal Argentina.

La pieza había sido robada por una banda armada el 2 de noviembre de 1983 del Museo de Arte Decorativo “Firma y Odilo Estévez”, ubicado a pocos metros de la sede del municipio local. Es un óleo del artista sevillano, de 89 centímetros por 1,15 metro que data del siglo XVII.

Los cinco delincuentes fueron detenidos la semana pasada en el kilómetro 35,5 de la ruta Interbalnearia, en la localidad de Canelones. Viajaban hacia Punta del Este. En el interior de un auto estaba la pieza.

Uno de los sospechosos dijo que estuvo en poder de su padre durante 20 años y que le intención era buscar un comprador. Ninguno tenía relación laboral con casas de arte, pero sí antecedentes delictivos vinculados con el narcotráfico.

“La asunción de Santa Catalina” fue robada del museo rosarino junto a otras cuatro pinturas. La más valiosa era “Retrato de doña María Teresa Ruiz de Apodaca y Sesma”, de Francisco Goya, que fue recuperada en 1995.

La obra de arte "La asunción de Santa Catalina", del pintor andaluz Bartolomé Esteban Murillo, robada en Rosario en 1983 y recuperada en Uruguay.

La obra de arte "La asunción de Santa Catalina", del pintor andaluz Bartolomé Esteban Murillo, robada en Rosario en 1983 y recuperada en Uruguay.

La banda de ladrones había formado parte del grupo de tareas parapolicial Alianza Anticomunista Argentina -conocido como Triple A)-, comandado por Aníbal Gordon.

Una prueba de esa estrecha vinculación fue el operativo, en el barrio porteño de Belgrano, donde se recuperó El Greco: estaba en poder del chofer de Gordon, un oscuro personaje llamado Ernesto Lorenzo y conocido como “Mayor Guzmán”.

En la causa hay elementos que permiten suponer que una red de ex militares, funcionarios del Ejército, además de miembros de consulados y embajadas, pudieron estar detrás de ese y de otros robos resonantes ocurridos en la década del '80.

En Rosario, además del Estévez, el Museo de Bellas Artes Juan B. Castagnino sufrió en 1987 un golpe millonario de su patrimonio: robaron obras de Tiziano, de Goya y de El Greco, entre otros, valuadas en ese momento en 12 millones de dólares. El asalto fue sencillo: un matrimonio de ancianos, sin alarmas ni armas, eran la única barrera para proteger el lugar.

El grupo que concretó el robo en el Museo Estévez realizó un trabajo de inteligencia durante meses: trabajó sobre el inventario y en un golpe comando, tras maniatar al personal del museo, se apoderaron de cinco obras valuadas en unos 13 millones de dólares.

Además de los cuadros de Goya y Murillo, se apoderaron de “Retrato de un joven”, de El Greco; “Retrato de Felipe II”, de Alonso Sánchez Coello, y “El profeta Jonás Saliendo de la ballena”, de José de Ribera. Se trataba de una banda que conocía sobre arte, ya que se tomó el tiempo para desmontar las telas sin cortarlas.

La pintura de Murillo fue depositada ahora en el Museo de Artes Visuales uruguayo, a la espera de una delegación rosarina que debía constatar la autenticidad de la obra. El martes finalmente se realizó el trámite y se comprobó que se trataba del auténtico.

Llegaron los maestros

El grupo que viajó llevó el marco original para comparar los restos de tela que conservaba y cotejarlos con la pieza recuperada.

Se espera que el trámite para que regrese al Museo Estévez demande un mes. El municipio de Rosario se involucró en la investigación para determinar el recorrido que tuvo la obra. Las autoridades esperan que de la pesquisa surjan líneas para recuperar las dos piezas que se llevaron en 1983 y de las que nunca se conocieron datos ciertos.

Un pintor barroco que dejó su huella

Murillo (1617-1682) era hijo de Gaspar Esteban (barbero-cirujano) y María Pérez Murillo (provenía de una familia de plateros y pintores). Siguiendo la tradición andaluza, el pintor adoptó el apellido materno, Murillo, en vez del paterno.

Quedó huérfano a los nueve años cuando, en un plazo de seis meses, perdió a ambos padres. En 1645, Murillo contrajo matrimonio con Beatriz Cabrera y Villalobos, con quien estuvo casado 20 años y tuvo 11 hijos.

En 2008 fue restaurada la obra "Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos", de Bartolomé Esteban Murillo. EFE/Eduardo Abad

En 2008 fue restaurada la obra "Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos", de Bartolomé Esteban Murillo. EFE/Eduardo Abad

Según el Museo del Prado (España), con un estilo barroco, produjo una cantidad considerable de obras de carácter religioso, entre ellas numerosas imágenes de la Inmaculada Concepción. Fue también uno de los más grandes retratistas de su época.

Cuando trabajaba en un altar para la iglesia de Santa Catalina, en Cádiz, Murillo sufrió una caída de un andamio. Murió pocos meses más tarde.

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