"Flotas" de motochorros, la nueva táctica de las bandas para garantizarse impunidad

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Todo empezó por una cadenita de oro que nunca apareció. Armando (30) salía de la casa de sus padres en Olazabal y Ciudad de la Paz, en el barrio porteño de

Belgrano, cuando sintió un tirón en el cuello. El hombre se sobresaltó, giró la cabeza y vio cómo un ladrón escapaba corriendo con su collar y se subía a una moto que lo esperaba más adelante. Pero Armando gritó y otras personas que estaban en el lugar salieron atrás de los delincuentes. Un vigilador privado los alcanzó y logró tirar al conductor de la moto al piso. Con la ayuda de otras personas lo retuvieron. El cómplice huyó corriendo, pero fue detenido a las cuatro cuadras. Todo parecía resuelto, pero el caso era un poco más complejo.

Cuando cayeron detenidos, el 19 de octubre pasado, los colombianos Brayan Yesid Canter Pulido, que manejaba la moto, y Brian Eduardo De la Cruz Escobar, el que le arrancó la cadena de oro a Armando, se movían en una moto Bajaj Dominar 400 “prestada”. El dueño de la moto era un hombre, también colombiano, propietario de otras tres motos y dos autos. Un mes después se iba a dar una situación similar cuando un motochorro de la misma nacionalidad fue detenido con una moto a nombre de una mujer, también colombiana, y dueña de otra flota de vehículos.

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Los casos son parte de una nueva modalidad utilizada por los motochorros para acceder a la "puerta giratoria" de la Justicia, sostienen los investigadores. Para no perder su "capital de trabajo", los ladrones usan vehículos a nombre de otro. Como el "dueño", que suele tener una flota de autos y motos, es completamente ajeno a los delitos, puede recuperar el rodado aún cuando el arrebatador queda detenido. Así el capital nunca se pierde. El círculo virtuoso del motochorro se cierra cuando es excarcelado a las pocas horas y puede volver a salir a robar, con la misma moto.

La investigación que llevó adelante la Fiscalía N° 14, a cargo de Andrés Madrea, desnudó la compleja trama detrás de un simple tirón para arrebatar una cadenita de oro. La Dominar 400 que manejaba Canter Pulido era de un extranjero que también es dueño de otras tres motos Bajaj Rouser NS 200, un Gol Trend y un Nissan ZZ coupé. Algunas semanas antes de aquel hecho en Belgrano, Canter Pulido había sido detenido por otro arrebato y salió en libertad a las pocas horas. En ese episodio utilizó una de las Rouser NS 200, del mismo hombre. El dueño se presentó luego en el juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 53 y recuperó su moto.

El fiscal también descubrió que uno de los teléfonos que los motochorros tenían en su poder, un Samsung S8, le pertenecía a un hombre que había sido asaltado ese mismo día por motochorros en Carlos Calvo y Maza.

Un motochorro colombiano fue detenido en Caballito por robar un celular y quedó libre tras pagar 700 pesos. En el momento del asalto usaba una moto a nombre de otro ciudadano colombiano.

Un motochorro colombiano fue detenido en Caballito por robar un celular y quedó libre tras pagar 700 pesos. En el momento del asalto usaba una moto a nombre de otro ciudadano colombiano.

Los investigadores pidieron los antecedentes de De la Cruz Escobar y descubrieron que tenía una condena de diez meses y 15 días por “hurto calificado” en Colombia. De hecho, en noviembre de 2017 intentó ingresar dos veces al país pero fue rebotado por Migraciones. Igualmente, lo logró, ya que registra una salida del país el 26 de marzo de 2018. No tardó en regresar: el 17 de mayo del año pasado fue detenido en Capital por “robo en grado de tentativa”. Logró salir de la cárcel bajo caución y la obligación de presentarse mensualmente en Tribunales. Diez días más tarde, De la Cruz Escobar sumó una nueva causa por “encubrimiento” en un juzgado de Morón. Y en agosto, otra más, por “averiguación de ilícito” en el juzgado en lo Criminal N° 29 de Capital. La última fue la del robo de la cadenita, que a diferencia de las motos de los ladrones, su dueño nunca recuperó.

Canter Pulido y De la Cruz Escobar fueron procesados con prisión preventiva por el juzgado en lo Criminal N° 40. Pero el primero apeló y la Cámara le concedió la excarcelación bajo caución. El fiscal pidió también la detención del dueño de la flota de autos y motos y un allanamiento en su propiedad, pero el juez no hizo lugar.

Un mes después hubo un hecho muy parecido. El 24 de noviembre al mediodía, Carlos acababa de guardar el auto en una cochera de Ayacucho al 600, en Balvanera, y salió a la vereda con una bolsa en la mano. Adentro había 900 pesos. De repente, dos motochorros lo sorprendieron por atrás y el que iba de acompañante intentó robársela. Pero Carlos se resistió y la bolsa se cayó al piso. La moto arrancó pero la víctima los empezó a correr. “¡Ayuda! ¡Son ladrones! ¡Párenlos!”, gritó el hombre a un policía que estaba en Tucumán y Junín. El oficial se puso adelante de la moto y logró tacklear al conductor, Henry Barrera Rubiano (47), de nacionalidad colombiana. Su cómplice consiguió escapar.

Barrera Rubiano manejaba una Bajaj Rouser NS 200 que no era de él. La causa también quedó a cargo del fiscal Madrea, que comprobó que la dueña de la moto es una mujer que había ingresado al país hacía solo dos meses y también había registrado a su nombre una Honda Tornado, un VW Polo, un Peugeot 206, un Renault Clio y un VW Suran.

A diferencia del 90 % de los motochorros detenidos el año pasado en la Ciudad, que tal como contó Clarín fueron liberados en menos de 48 horas, Barrera Rubiano quedó procesado con prisión preventiva por “robo en grado de tentativa”.

Ya tenía antecedentes por un asalto en una estación de servicio de Chivilcoy en abril del año pasado. Esa vez usó un auto, pero tuvo un desperfecto mecánico y la Policía lo atrapó junto a un cómplice cuando estaban parados en la banquina. El fiscal pidió la detención de la dueña de la flota de vehículos y sostuvo que “habría incurrido en el delito de lavado de activos de origen ilícito, pues gozó de la posibilidad concreta de incorporar a su patrimonio personal, sin justificación legítima alguna, bienes procedentes de otros delitos, cometidos con antelación”.

También solicitó el secuestro de las motos y los autos, ya que “mantenía a su disposición diferentes bienes como la motocicleta que facilitó dolosamente a Barrera Rubiano y a su consorte para la comisión del robo (...) Es así que resulta de toda evidencia que el soporte financiero de aquella proviene del producido de la actividad ilícita que perpetran otros, siendo en definitiva su sustento económico”. La mujer fue citada a declarar, pero la causa por lavado fue derivada al fuero federal.

Un tercer caso que sigue la lógica de esta nueva modalidad es el del motochorro colombiano Jair Jurado Mora, detenido en Caballito en enero y liberado a las 48 horas tras pagar un "resarcimiento" de 700 pesos. El ladrón usaba una Bajaj Dominar 400, que estaba a nombre de otra persona, también de nacionalidad colombiana.

Para los investigadores, los ladrones junto a los titulares de las motos hacen “vaquitas” para comprar la flota y luego se reparten entre todos las ganancias de lo robado e incluso las reinvierten en nuevos vehículos. “Si se decomisaran las motos que son prestadas para robar, se evitan 15 hechos en una semana. Y más allá que el ladrón sea excarcelado, se rompe con un esquema de negocio. Así deja de ser rentable ser motochorro”, dijo un investigador.