Busca justicia por su hija desaparecida, vive amenazado y con chaleco antibalas

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Después de siete años y una lucha incansable, Alberto Perassi vio esta semana a los sospechosos del asesinato de su hija y de hacer desaparecer su cuerpo sentados en el banquillo de los acusados. Fueron muchos años en los que la propia familia de la víctima se sintió “presa” en su propia casa. Tienen custodia permanente y Alberto usa un chaleco antibalas todos los días como si fuera parte de su uniforme diario en la localidad santafesina de San Lorenzo.

“Ellos apostaban a que me muriera o a que me cansara. Pero no lo lograron, Dios me dio vida para estar presente en el juicio”, dice conmovido Alberto a PERFIL. Los acusados son nueve: cinco civiles y cuatro policías. Los primeros llegaron a esta instancia en prisión efectiva, mientras que los otros, con domiciliaria.

La hipótesis del crimen apunta a que Paula Perassi (34) fue secuestrada para practicarle un aborto contra su voluntad producto de una relación extramatrimonial con el empresario Gabriel Strumia, quien era un íntimo amigo de la familia Perassi.

“Hace siete años y seis meses que estamos en esta lucha. Recién ahora hemos logrado sentarlos en el banquillo. Fue un caso muy emblemático y tuvo muchas aristas de mala Justicia, encubrimientos y malas investigaciones adrede, con complicidad policial. Pero finalmente llegamos a esta instancia porque se fueron cerrando los caminos. A fines del año pasado, Strumia cumplía tres años detenido, y eso adelantó la resolución. No podía pasar más de ese tiempo con prisión preventiva y uno de los jueces dijo que había que juzgarlos antes de marzo. Se puso fecha y por fin se hacía realidad este juicio”, resume Perassi los vaivenes que debieron atravesar desde el 18 de septiembre cuando denunciaron la desaparición de Paula.

Los acusados son, además del empresario, su esposa (Roxana Michi), su chofer (Antonio Díaz) y una partera (Mirtha Rusñisky), a quienes se les atribuyen los delitos de “privación ilegítima de la libertad” y “aborto seguido de muerte” cometido contra Paula. El fiscal del caso, Donato Trotta, pidió el jueves pasado, en el inicio del juicio, que se los condene a prisión perpetua. Para los policías acusados de “encubrimiento, incumplimiento de sus deberes como funcionarios públicos, sustracción y destrucción de pruebas y falsedad ideológica de instrumento público” reclamó penas de entre 6 y 16 años de prisión.

En el debate se escuchará la palabra de unos 180 testigos. Uno de los primeros en sentarse ante los jueces Griselda Strologo, Mariel Minetti y Alvaro Campos será el padre de Paula, que lo hará pasado mañana. “Strumia era amigo mío y de la familia. El día después de la desaparición de Paula lloraba conmigo, nos abrazamos. Y después me enteré de que era el amante de mi hija. Lo encaré, le pedí que me dijera dónde está Paula, qué había pasado y lo único que me dijo fue que no tenía nada que ver”, dice Perassi.

Calvario. “Me entraron a robar, me rompieron el taller, me amenazaron. Hicieron de todo para no llegar nunca a este juicio. Hoy ando con un chaleco antibalas, un custodio de la Policía Federal que me acompaña a donde voy y dos de Prefectura que cuidan el edificio en donde vivimos. Yo estoy preso en mi propia casa porque busco a una hija que estos hicieron desaparecer”, relata Alberto.

¿Cómo se vive así? “No sé, se vive para encontrar la verdad. Ya me sacaron lo más preciado de mi vida, no me pueden hacer algo peor que eso”, contesta convencido. “Hace cuatro años estoy con custodia. No sé cómo se puede vivir así, Dios me dio fuerza para llevarlo adelante”.

Perassi destaca que la causa tardó en llegar a juicio porque los “acusados hicieron lo posible para poner trabas en el camino” y porque hubo complicidades, ya que “el que debía cuidarnos era el que no estaba investigando”. “Cuando cambia de fiscal empiezan a aparecer las cosas y de repente estaban los nueve presos. En el medio recuperaron la libertad por una decisión de un juez y salieron sonrientes, después cambia de Cámara y los detienen de nuevo”.

Cuando Paula desapareció (su cuerpo nunca se encontró), tenía dos hijos de 2 y 6 años y estaba en pareja. Hoy los nenes están al cuidado de sus abuelos. “Yo no trabajaba para meterlos presos sino para conseguir los huesos de Paula. Todavía no sé dónde está ni qué es lo que pasó con ella. Aún no les puedo responder eso a mis nietos. Es mi deuda pendiente. Pero si los implicados en su asesinato mantienen este pacto de silencio voy a empezar a trabajar para que se pudran en la cárcel para siempre”, dice con razón.

Erica Soriano, el otro juicio sin cuerpo

Erica Soriano tenía 30 años y estaba embarazada de dos meses cuando desapareció misteriosamente en la ciudad de Lanús. Daniel Lagostena era su pareja, pero la relación estaba rota porque él se oponía a ese embarazo.

La joven habló por teléfono con una amiga el 20 de agosto de 2010 a la noche. Esa fue la última comunicación que mantuvo. La testigo declaró que escuchó la voz de Lagostena e interpretó que estaban discutiendo.

Erica había ido a una clínica de la Ciudad de Buenos Aires para un control ginecológico. El acusado reconoció que ese día discutieron fuerte pero siempre se declaró inocente.

Gracias a una prueba de Luminol hallaron una muestra de sangre en la casa del acusado. También restos de poliéster en la chimenea que se correspondía con una bombacha.

En julio del año pasado, Lagostena fue condenado a 22 años de prisión por “homicidio en concurso ideal con aborto en contexto de violencia de género”, pena que cumple en la cárcel de Olmos, una de las más antiguas del Servicio Penitenciario Bonaerense.