Cómo se vive en el penal más poblado del país, a 80 años de su apertura

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Las paredes de la penitenciaría de Olmos guardan los secretos más siniestros. Las imágenes de los motines más trágicos, asesinatos y violaciones están presentes en la memoria de los carceleros más viejos. Recorrerla provoca escalofríos porque acá, la muerte juega de local.

Son seis pisos de calabozos, algunos de ellos con pabellones colectivos que albergan a cuarenta presos. En cada celda duermen ocho detenidos. Tienen un inodoro y una ducha en todo el sector.

Esta cárcel, inaugurada hace ochenta años (ver aparte), fue construida en 1939 para 1.300 detenidos, pero actualmente cuenta con 2.831 (el pico fue 3.600). Es la más poblada del país. Y una de las más temidas.

La clave para sobrevivir a los daños que provoca el encierro es mantener la mente en frío. Y estar activo. En Olmos, los internos pueden cursar los tres niveles educativos: primario, secundario y universitario. El 45% de la población de la Unidad 1 lo hace. También hay siete cursos de formación laboral y funcionan 15 talleres productivos, entre ellos uno de mecánica automotriz y otro de confección de colchones para abastecer a otros penales.

Daniel Lagostena (58), condenado a 22 años de prisión por el asesinato de Erica Soriano (30), es uno de los 2.831. En la unidad hay un listado de 34 presos considerados mediáticos por la repercusión de los hechos que cometieron. En esa nómina aparecen el ex suboficial de Prefectura Walter Vinader (43), que cumple prisión perpetua por el secuestro y crimen de Araceli Ramos (19), ocurrido en 2013 en la localidad de Caseros; Lucas Medina, el joven que participó en el secuestro del periodista Santo Biasatti; Diego Edroso (41), alias el Chacal, un violador serial acusado por 23 casos de abuso contra chicas de entre 10 y 18 años; Sergio Maydana (40), acusado por el doble crimen de Gorina, ocurrido en 2016.

La tumba. Un túnel subterráneo de cincuenta metros nos lleva hasta el sector de control, donde hace veinte años funcionaba un montacargas. Cinco hombres están encerrados en algo que parece más una jaula que un calabozo. Los carceleros aclaran enseguida que no se trata de una leonera o una celda de castigo: “Es el sitio más cercano a la salida, y así esperan antes de ser trasladados a declarar o ser liberados”, cuentan ellos. No están esposados, pero no tienen ni una silla para sentarse.

Lo que sigue es una escalera de hormigón y nueve puertas con candados. Llegamos hasta el pabellón 7 del piso 2, donde unos veinte detenidos preparan la cena sin saber qué hora es. Se respira un olor a humedad rancia.

Las normas son estrictas, cuenta el encargado de la limpieza del pabellón donde mandan los hinchas de Chacarita. “Nos levantamos a las cinco de la mañana y cada uno ordena su ropa y su cama”, explica a PERFIL.

Las rejas del sector están pintadas de rojo, negro y blanco, los colores del Funebrero. La heladera –la única para los 36 detenidos– también está a tono. Lo único que contrasta con la escenografía del equipo tricolor es una bolsa de boxeo azul y amarilla, curiosamente los colores que identifican a Atlanta, el histórico rival de Chaca.

Cada uno tiene su Dios. El Gauchito Gil aparece en forma de mural en una de las paredes de uno de los calabozos, donde también está representada la tapa del disco Para los pibes de Damas Gratis, con la imagen de una chica con el torso desnudo. En las cárceles, la religión es un refugio espiritual que sirve también para mejorar las condiciones de alojamiento. Los pisos 3 y 4 de la Unidad 1 están actualmente ocupados por internos evangelistas. No es casual: el primer pabellón de este tipo en el país se creó acá, en el año 1983.

La convivencia no es fácil. “Se manejan como en la esquina. Acá tenés que dormir con un ojo abierto”, grafica un carcelero.

Lo que más tienen son frazadas. Lógico. La unidad no cuenta con calefacción y para colmo algunas ventanas están rotas pero bastante lejos de los detenidos como para que uno se anime a escaparse como Jorge Villarino, el preso con más fugas de la historia.

Una cárcel modelo que costó tres veces más

Los internos que “estrenaron” la cárcel de Olmos vestían el típico traje de preso. El uniforme era bicolor (caqui y rojo) y cada detenido llevaba un número único hasta el final de su prisión.

La Unidad Nº 1 fue abierta el 18 de noviembre de 1939, un día antes del aniversario de la fundación de la ciudad de La Plata. “La cárcel de Encausados de Olmos, a inaugurarse mañana, es un acabado testimonio del absolutismo que caracteriza la gestión del Poder Ejecutivo”, tituló el diario El Día, el 17 de noviembre de 1938.

A esta penitenciaría se la promocionó como “la catedral” o la “cárcel de oro”, por el elevado precio de su construcción, que demandó tres años y costó 3.276.211 pesos, el triple de lo presupuestado originalmente.

Enrique Etchechoury, director del Archivo Histórico y Museo del Servicio Penitenciario Bonaerense, cuenta que Olmos fue considerada una cárcel modelo y de avanzada. “Tenía hasta un sistema de planchado de sábanas”, destaca a PERFIL.

A lo largo de su historia hubo muchas jornadas trágicas. La noche más negra fue el 6 de mayo de 1990, cuando un incendio convirtió el quinto piso de la unidad en un infierno con rejas, y 32 detenidos perdieron la vida en unos pocos minutos. Fue la peor. Pero no la única.