Raúl Martins, el todopoderoso ex espía y una amenaza en su plácido presente en Cancún

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Profesor de Historia, agente de la SIDE, dueño de una red de boliches de prostitución VIP, hombre oscuro al que siempre se ligó con videos sexuales extorsivos a jueces, funcionarios y

políticos. Ese es el perfil de Raúl Martins (75), un personaje todopoderoso allá por los '90, quien desde hace 16 años vive en Cancún, México, con igual poder pero menos exposición.

Denunciado ininterrumpidamente por décadas, tanto por fiscales como por la organización La Alameda, Martins se las ingenió siempre para que las acusaciones en su contra nunca prosperaran. Ni siquiera las pruebas aportadas por su hija Lorena sobre su condición de tratante de mujeres lograron aún ponerlo en serio riesgo.

Esto parece estar empezando a cambiar. El jueves pasado, el juez federal Sebastián Casanello elevó a juicio oral una causa contra Mariano Julio Augusto Martins (35) -hijo de Raúl-, acusado de lavar dinero de la prostitución y la trata entre 2009 y 2011. Todo eso como testaferro de su padre. La medida incluyó el congelamiento de los bienes investigados para su posterior decomiso.

En los '90, el espía Raúl Martins con el entonces juez federal Norberto Oyarbide.

En los '90, el espía Raúl Martins con el entonces juez federal Norberto Oyarbide.

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El caso se inició en 2010 por un Reporte de Operación Sospechosa (ROS) de la Unidad de Información Financiera (UIF). La causa, que quedó ahora en manos del Tribunal Oral Federal N° 5, se relaciona con la compra de campos en San Roque y Villa Carlos Paz (Córdoba) y Colonia San Jorge (Santa Fe).

En el expediente original también estaba acusada Cledi Presilla Coggiola -madre del ex agente de la SIDE-, pero la acción penal contra ella se extinguió ya que falleció el 17 de enero de 2018. Contra Cledi no habrá juicio, aunque su muerte no suspende el congelamiento de los bienes que la anciana habría comprado presuntamente con el dinero que su hijo Raúl obtuvo de manera ilegal.

En cuanto a Mariano Martins, que arriesga una pena de entre 3 y 10 años de prisión, el proceso a cargo de Casanello se hizo a distancia. Como el hombre está radicado en Valencia, España, en 2015, cuando hubo que tomarle declaración indagatoria, se le hizo vía teleconferencia.

En ese momento, como era de esperar, Mariano se declaró inocente. Aseguró que desconocía que su padre “se dedicaba a la trata de personas” y agregó: “Jamás tuve intención de dar apariencia de lícito a monto alguno que mi padre hubiera obtenido de manera ilícita. Las operaciones en las que participé se hicieron antes de que yo supiera a qué se dedicaba mi padre. Tengo la convicción que el dinero depositado no era de mi padre, sino de mi abuela, que siempre tuvo mucho dinero”.

Nada de esto convenció a la fiscal federal Paloma Ochoa, que en diciembre del año pasado le pidió a Casanello que lo enviara a juicio, cosa que ocurrió la semana última.

Una jugada astuta

Desde 2010 en el juzgado federal N° 1 de María Romilda Servini de Cubría tramita la causa que hoy más complica a Raúl Martins y a la que el fiscal Federico Delgado y la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex) quieren que se le sume la acusación de lavado de activos.

Se trata de una investigación que junta datos de cuatro expedientes interconectados, uno de los cuales tiene como denunciante a Lorena Martins, hija de Raúl y hermana de Mariano.

Lorena Martins denunció a su padre proxeneta Raú Martins, ex agente de la SIDE.

Lorena Martins denunció a su padre proxeneta Raú Martins, ex agente de la SIDE.

En este expediente -que estuvo apunto de morir varias veces-, Servini le pidió la indagatoria a Martins en 2016 acusándolo de proxeneta y líder de una asociación ilícita dedicada a la trata y la prostitución.

Para ese entonces, Martins ya vivía en Cancún (donde la Justicia le había iniciado una causa de mala gana) y por eso Servini hizo este pedido por exhorto.

Como nada pasó y los domicilios aportados por Martins no eran los correctos, Servini libró una orden de detención. Pero no lo hizo de manera internacional, sino sólo fronteras para adentro. En otras palabras, nadie iba a ir a buscar a Martins a México pero éste corría peligro de terminar preso si entraba al país.

El cabaret The One en Cancún, México, atribuido al ex agente de la SIDE Raúl Martins, en 2004.

El cabaret The One en Cancún, México, atribuido al ex agente de la SIDE Raúl Martins, en 2004.

Esto no preocupó mucho al ex espía hasta diciembre pasado, cuando los fiscales pidieron ampliar el pedido de captura a Interpol. Entonces el ex SIDE hizo una movida astuta: en febrero pasado se presentó espontáneamente ante las autoridades mexicanas y contestó las preguntas que Servini había formulado en 2016.

Con esto Martins logró varias cosas. Por un lado, dejó en la abstracción más absoluta un fallo que la Sala I de la Cámara Federal dictó la semana pasada. Los jueces dijeron que Servini tenía razón al pedir su detención porque Martins no se presentaba a declarar. Sin embargo, advirtieron que esto se había subsanado con la visita espontánea del ex agente ante la Justicia de México.

Por otro lado, al presentarse solito, Martins contestó preguntas sólo sobre acusaciones viejas que no incluyen los recientes pedidos de los fiscales para que sea investigado por lavado de activos. Nada dijo de esto.

Fue una jugada inteligente cuya notificación oficial llegó al despacho de Servini de Cubría desde México el pasado 1° de mayo. De licencia hasta el 1° de junio, será ahora la titular del Juzgado Federal N° 1 la que tendrá que decidir el destino de uno de los hombres más temidos de la Argentina.

EMJ